Mika Häkkinen. Fue distinguido en el Solís y demostró su habilidad en las Canteras

Ilustre visitante finés, al volante

En su segunda visita al país, Mika Häkkinen, a pesar de su frialdad y de su rostro de porcelana, fue puntual y amable en sus respuestas. Habló de «Join The Pact», cuyo lema (‘Nunca beba y maneje’) repitió en un sinfín de oportunidades, y recordó sus memorables duelos con Michael Schumacher.

 

Un caballero al volante

Vestido de negro, de pies a cabeza, arribó a la flamante sala de eventos del Teatro Solís pasadas las 12.00 horas. Luego de la distinción de Visitante Ilustre que le entregó Ricardo Ehrlich, quien señaló estar ante un grande del deporte y destacó su campaña de consumo responsable de bebidas alcohólicas, y de las palabras de la subsecretaria de Turismo, Liliam Kechichian, que le entregó un devedé de la Cumparista, llegó su turno.

Traductora mediante, Häkkinen comenzó diciendo que ha ganado muchos trofeos pero que es un honor recibir la medalla de Visitante Ilustre de Montevideo.

Luego se refirió a la campaña mundial del whisky escocés, de la cual es su embajador. «Con ‘El pacto’ recorrí varios países difundiendo mi mensaje», reveló el extranjero. «Anduve a altísimas velocidades. Recuerdo que en Monza (Italia) mi auto empezó a girar y por suerte siempre tuve el control en el volante. Si uno bebe alcohol no podría hacerlo», comentó.

El finlandés, ante las pregunta de varios colegas, recordó el accidente que experimentó en 1995, que lo tuvo al borde de la muerte, y del monumental adelantamiento que le realizó a Schumacher en Spa- Francorchamps (Bélgica) en 2000.

Reforzando su compromiso finalizó firmando el muro de ‘El Pacto’, al igual que los presentes.

 

Jerarcas como copilotos

Como declaró en un pasaje de la conferencia: «Lo mío es el manejo, no son las palabras». En la rambla de las canteras del Parque Rodó demostró, a bordo del majestuoso Mercedes Benz SLK AMG, todas sus condiciones, que lo llevaron a consagrarse bicampeón en 1998 y 1999.

A pesar de que los fierreros se quedaron con gusto a poco, los cientos de curiosos que se instalaron en las Canteras disfrutaron del test drive y del radiante sol de la víspera.

Su primer acompañante fue el intendente municipal. Luego de varias vueltas a la pista de más de un kilómetro de distancia, en la que llegó a andar por encima de los 150 km/h y esquivó conos, quemó varias veces las llantas y realizó curvas infartantes, Ehrlich bajó pálido e impresionado.

Kechichian, en tanto, confesó, luego de su vuelta, que se quería bajar, lo que provocó la risa de toda la platea. Además dijo a LA REPUBLICA que llegó a dialogar con el piloto pero que nunca llegó a ver el velocímetro. «Fue una experiencia inolvidable», declaró la subsecretaria.

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