TIENE LA PALABRA
¿Para qué presente educamos?
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Me tomo el permiso de parafrasear a nuestra respetada docente R. Reyes, ante la constatación de episodios que se reiteran y acrecientan por 10 en los últimos 5 años y que siempre recrudecen al inicio y final de los cursos, ante el posible riesgo de repetición de grado o pérdida de pruebas liceales.
Tenemos el derecho y el deber como ciudadanos, como padres, como docentes, a preocuparnos e interrogarnos sobre: ¿qué está pasando con nuestros niños y jóvenes? Preocuparnos por el hecho de si no estaremos asistiendo a que nuestros niños estén siendo utilizados como usuarios de la industria farmacéutica, para la venta e implantación del uso corriente de determinados medicamentos no ya a alimentos supuestamente vitaminizados y energizantes necesarios para su desarrollo como habitualmente nos tienen acostumbrados en las propagandas diarias. Todo docente, maestro, profesor, educador comunitario, puede constatar que en los últimos años y, principalmente al inicio y final de cursos, se intensifica el número de alumnos, niños y jóvenes que engrosan el núcleo de usuarios de la tan mentada «píldora mágica». Esta, muchas veces es requerida por los propios padres e insinuada incluso, por los docentes al sugerirle a los padres: «llevarlo al médico para que le dé algo que lo calme y atienda, si no, no pasa»… Aunque sabemos los docentes que, el simple hecho de no repetir, no asegura una buena integración al proceso enseñanza-aprendizaje. ¿Se requiere y requerirá siempre de los efectos de la pastilla milagrosa para calmar a los niños, o bajar la angustia de los padres frente a las quejas de los docentes, y evitar que el niño repita si no atiende, o para que logre los resultados requeridos, y sean «exitosos»?
¿No estaremos asistiendo a una sobrediagnosticación, justificadores de la toma de medicamentos?
Como docente y reeducadora (Técnica Médica) me permito estar alerta frente a esta tendencia masificadora de recetación, preguntándome si se conocen las verdaderas causas de estos trastornos de atención y actitudes de nuestros niños y jóvenes en la aulas. Porque frente al hecho de «no atención» o «no lograr el nivel requerido» en niños que tienen las condiciones intelectuales necesarias para lograrlo, resulta curioso que cada vez son más pequeños los niños que dicen «no gustarles» asistir a la Escuela, o no querer estudiar o hacer sus tareas, o les angustie enfrentar al docente, aunque les agrada ir a la Escuela o al Liceo.
Frente a esto, ¿no deberíamos revistar las motivaciones de estas respuestas y no sólo buscar el origen en lo patológico o en la disarmonía orgánica?
En nuestros largos años de trabajo pedagógico, pretendimos siempre trabajar y rescatar los aspectos sanos del niño, del joven y de los adultos del entorno familiar y curricular, valorando además, que en el área del aprendizaje y sus alteraciones, las causas son múltiples y complejas, pero entre ellas actualmente predomina la desintegración del núcleo familiar y social, con fallas en el vínculo niño-adulto (léase padres o docentes). De ahí que nos alarma el que no se busquen en general, salvo excepciones, otras alternativas en el enfoque de las «Disfunciones en el aprender» que no sea sólo el de la vía del medicamento. Cabe preguntarnos por qué hoy, a un alto porcentaje de niños y jóvenes se les considera «portadores» de DATH e incluso se les diagnostica más tempranamente. Hay ríos de información científica sobre el Déficit Atencional con Trastorno de Hiperactividad, que no pretendemos discutir su existencia en este momento, ni es el fin de esta nota. Al respecto, no ignoramos el avance científico ni relativizamos la importancia del diagnóstico, el cual es una guía para el encare y Plan de Trabajo, pero nunca un fin en sí mismo, que sólo rotule al niño y tienda a discriminarlo como el «irrecuperable» si no está medicamentado. Valoramos los avances científicos en relación a la función de los neurotrasmisores, pero también tenemos en cuenta las características sociales y vivenciales de nuestros niños y jóvenes, hiperestimulados por el bombardeo de contravalores que «aseguran un rápido éxito social», vaciados de humanidad y solidaridad. Contravalores que luego se les requiere a los docentes que equilibren en sus horas de tarea pedagógica, sobrecargándolos de responsabilidades. Reitero, no desconocemos ni negamos el saber científico, ámbito en el cual nos formamos y nutrimos desde los años 76 en relación al niño y el proceso de aprendizaje, pero defendemos nuestro humilde saber y quehacer pedagógicos en estos tantos años en que apostamos siempre, a la salud y a lo positivo del niño y su entorno y nos costa que, con un cambio de abordaje familiar, social y curricular, muchos de los casos señalados como irrecuperables, se revirtieron. También años atrás aprendimos que las dificultades atencionales de causa emocional, tienen un examen neurológico y que debemos tener un mejor conocimiento del desarrollo normal del niño y delimitar, concienzudamente, la inquietud normal de la patológica y que el DATH, es un trastorno neurosiquiátrico con base orgánica que requiere un tratamiento multimodal, que si no se trata adecuadamente se agravan las sintomatologías conductuales y de carácter y pueden incluso, poner en riesgo la vida física.
Entonces: ¿qué es lo que está «enfermando» a nuestros niños y jóvenes para que hoy, en gran porcentaje, se les rotule de «portadores» del DATH y requieran el uso de fármacos?
¿No deberíamos cambiar nuestra valoración, frente a la existencia de un desinterés en el aula y a la falta de estímulos para asistir a la misma, considerando que las causas no son sólo de base orgánica, lesional, sino que tiene un gran peso lo social, lo afectivo y lo vivencial? Creo que por ética, hay que precisar los diagnósticos evitando así la sobrediagnosticación y la sobremedicación. Ya se expresó no hace muchas décadas atrás: «Yo no soy yo, soy yo y mis circunstancias».
PROFESORA LUISA FREDIANI YOLI ORIENTADORA PEDAGOGICA C.I. 1.475.335-4
ANDA brinda un excelente servicio a sus asociados
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Me es grato dirigirme a Ud. por intermedio de la presente para expresarle una alarmante y sorpresiva inquietud que ha corrido por los corrillos de los señores asociados de ANDA, en los amables diálogos que sostenemos en sus oficinas. Dichas charlas que nos ha provocado inquietud a la gran «familia» que hemos integrado en largos años debido a reportajes y anuncios que vemos en la TV uruguaya y prensa nacional, que pretenden anexarnos a los cuadros y estatutos de la fundida y mal administrada Caja Bancaria, que incluso ha precisado que el Estado acuda en su auxilio, gestión que realmente no estamos enterados si se realizó.
Felizmente, en estos momentos gozamos de una total democracia y libertad bajo la batuta de nuestro presidente Dr. Tabaré Vázquez. Señor Director no quisiera terminar estas líneas sin destacar la labor social que presta ANDA a sus señores asociados, con un completo servicio médico y odontológico, con prótesis dentales, con fondos propios según nos consta por boletines que periódicamente brinda a sus asociados. Señor Director del prestigioso diario que Ud. tan dignamente dirige con una total imparcialidad y justicia que, sin lugar a dudas, marca en la prensa nacional un derrotero que muchas fuentes de información al «pueblo» deberían imitar, el suscrito, que es uno de sus asiduos lectores, no teme decir que me deleito con sus jugosos editoriales.
Sin otro particular, lo saluda con la más alta estima,
WALTER MASNER C.I. 585.837-1
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