SANA MENTE

Dos para un sueño

Caso:

Adela está desconcertada. Sus esfuerzos por hacer realidad su sueño de formar una familia están a punto de zozobrar. Todo lo que parecía andar bien en un instante pasó a ser caótico.

Hace unos años recién casada, planificó el tamaño de su familia. Sus hijos deseados y buscados nacieron para hacer realidad el sueño. Desde entonces cada uno de sus días ha sido una escalera para lograr su sueño. Cada peso ahorrado ha sido destinado a reformar la casa pensando en dar a los niños las mayores comodidades.

Todas las madrugadas rumbo al trabajo, repasa mentalmente cada detalle relativo a Javier y Andrés: la vianda preparada la noche anterior, la ropa, las túnicas, la merienda, los deberes, en fin todo lo necesario para sus adorados mellizos.

 

Sabe que Julián, su esposo, les dará el desayuno y los llevará a la escuela. De tarde, mientras hace el camino de regreso, piensa en la comida que deberá preparar para la cena, para la vianda del día siguiente, supervisar los deberes y mantener el orden y la limpieza de la casa. Toda los días la misma rutina hasta llegar desplomada al fin de semana.

Más allá del cansancio físico, la realidad de esa familia soñada la hace sentir feliz. No hay nada ni nadie que le quite el placer de ver crecer a sus retoños, ¡tan lindos! Muchas veces Julián insinuó que sería mejor que dejara el trabajo para dedicarse totalmente a la casa. Adela no quiere considerar esta posibilidad, adora su trabajo y siente que está en carrera para lograr un ascenso. ¡Ella puede con todo!

Ayer, después de la cena Julián dejó caer una «bomba». Está cansado de todo y no se quiere ocupar más de los niños a la hora del desayuno. Está cansado, irritable, no soporta más esta situación.

Adela está ahogada por el llanto, jamás pensó que el laborioso camino recorrido para construir esta familia junto a Julián, se podía derrumbar de un plumazo.

Dejar el trabajo no solo significa renunciar a su anhelo de realización profesional, también es un ingreso necesario que se pierde. Sin embargo, Julián ha decidido que a partir de mañana sus tareas serán solo las laborales. No es que no quiera a los niños, pero no soporta la tensión que le demanda su natural inquietud y los apuros por llegar en hora a la escuela. «Esto no es para mí», afirma mientras golpea la mesa frente a los ojos de incredulidad de su esposa.

 

Comentario:

El caso de hoy pone de manifiesto una realidad frecuente. Construir una familia requiere dos integrantes para soñar y también para hacer realidad el sueño. Y es en este punto en que las diferencias entre los géneros se muestran más descarnadas.

La mujer de hoy muchas veces acepta un doble rol sin cuestionarse. Debe ser un ama de casa y trabajadora eficiente. Si en algún momento se siente sobrecargada, es también ella quien debe renunciar a su realización personal, laboral y profesional.

Parece que aún en un mundo que proclama igualdad de derechos y oportunidades, la realidad inclina siempre la balanza hacia el rol tradicional: el hombre trabajando fuera de la casa y la mujer ocupándose del hogar.

En este estado de situación el trabajo femenino fuera del hogar es considerado «una ayuda» a la economía del hogar. Es decir que es un ingreso no significativo, prescindible y que no considera la realización personal en el ámbito laboral y profesional. En contrapartida la participación del hombre en las tareas del hogar también es considerada «una ayuda» que se da en forma ocasional y sin mayor compromiso ya que la prioridad es el trabajo fuera de la casa.

Esta visión atada a los roles tradicionales no acompasa la realidad. Hoy es necesario el ingreso económico de los dos componentes de la pareja. Junto a esa necesidad el trabajo es un medio para alcanzar la realización personal de ambos. Y finalmente, al decidir formar una familia debiera ser de ambos el compromiso para la realización de las tareas domésticas.

Tal vez sea hora de pensar que la mujer hoy asume su trabajo y el ingreso monetario consiguiente ya no como una mera «ayuda» sino como un compromiso económico y una fuente de realización personal. Es hora de pensar si el aporte masculino a las tareas del hogar alcanza solo el nivel de «ayuda» o es un verdadero compromiso que realmente comparte todos los desvelos y las demandas de la vida doméstica.

En este sentido es necesario transcurrir por caminos creativos que eviten situaciones como las del caso analizado. Formar una familia y educar a los hijos requiere del compromiso de ambos miembros de la pareja en lo atinente a la obtención de recursos económicos y las tareas domésticas.

Las habilidades y gustos personales se podrán contemplar en las diferentes especializaciones al interior del hogar, pero siempre bajo un encuadre de compromiso y no solo de «ayuda».

De lo contrario se corre el riesgo de priorizar el trabajo fuera del hogar y minimizar el esfuerzo y desgaste que suele generar la tarea doméstica, no importa el gusto con que sea realizada. Ambos ámbitos requieren esfuerzo y generan un desgaste. El secreto está en tener los objetivos claros y en la realización que permite el trabajo ya sea dentro o fuera de casa.

Es necesario entonces recorrer un camino de verdadero cambio ya que los sueños, si se construyen de a dos, también deben hacerse realidad a través del compromiso de ambos.

Esta columna y las anteriores están disponibles en www.prosalud.com.uy. Dra. Almendras. Informes y Seminarios 4099983

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