EL BRUJO DE LOS SOMBREROS
Al frente estaban laboriosos inmigrantes que trajeron esa idea de una Europa sacudida por la guerra y la crisis. Uno de esos trabajadores extranjeros fue el Sr. Mimer que creó la llamada «Sastrería del Obrero». Estaba en la Avda. Agraciada y Pilar Costa, en el Paso Molino. Se especializaba en «ropa fuerte» como estaba escrito en su vidriera y más abajo decía: «precios económicos». En una época en que los mamelucos eran imprescindibles como atuendo en los talleres y fábricas, el laborioso don Mimer los vendía a precios accesibles a todos. También fabricaba gorras de visera que fueron un distintivo orgulloso de la clase proletaria. Aún nos queda en la retina la imagen de esas gorras lanzadas por el aire cuando el pueblo festejaba un gol en el flamante Estadio. Cuando había necesidad de un traje y los pesos no alcanzaban, los vecinos iban a la Ciudad Vieja. Ahí, en la esquina de Liniers y Reconquista estaba la Sastrería Victoria. En el fondo tenían un tallercito con dos o tres sastres y aprendices que hacían desde sobretodos, lindos trajes y hasta «pilots» que aguantaban fieros aguaceros. Con precios módicos para todos y además convenios con los obreros de la Aduana y el Puerto. En la calle Bartolomé Mitre, antes de llegar a 25 de Mayo, estaba «El Médico de las Camisas». Cuando las camisas se nos habían roto o el cuello estaba gastado y se caían las «ballenitas», agarrábamos para ese local. Por pocos vintenes nos dejaban la camisa como nueva y podíamos ir tirando hasta poder comprar otra. Ese comercio fue tan popular que hasta abrió una sucursal sobre 18 de Julio pues las camisas eran caras y se volvió algo común el mandar a arreglarlas «al médico». Por esos años, todos usaban para salir, ya sea a un bailongo del barrio o una velada del Palacio Salvo, un tradicional y elegante sombrero. Siempre fueron caros y los laburantes apenas si tenían uno. Por eso, el sastre don Pedro Itri había creado su negocio exclusivo para reparar ese adorno del buen vestir masculino. Se llamó «El Brujo de los Sombreros» que desde su barrio La Comercial supo tener clientes de todo Montevideo. Estaba en Hocquart y Martín C. Martínez, siempre dedicado a composturas y teñidos de todos los sombreros pues era «un brujo» en el arte de repararlos. En el viejo Cordón, estuvieron los hermanos Monteiriho con su comercio «Broadway Calzados». Vendían botas de trabajo y también zuecos de madera. Su local ubicado en Uruguay y Tacuarembó también lucía en su vidriera unos «tamangos» de vestir que duraban largos años de uso. También en el Cordón de antaño estuvo la «Zapatillería de Don Medina» con un pequeño local en Uruguay y Tacuarembó. En la tradicional esquina de Sierra y Miguelete estuvo la popular «Casa Dante» que vendía desde zapatos, sombreros de gacho, camperas y sacos. Era de las pocas sastrerías de aquel viejo Montevideo que tenía talles especiales para los gorditos. A la tradicional «Casa Dante» llegaban tanto de las viviendas del Puente de Galicia, de los conventillos de Sierra como también vecinos de La Aguada porque vendían prendas de calidad a precios de regalo. En una línea similar surgió después, en El Reducto, la «Casa Bristol» también vendiendo de todo para la vestimenta y con «precios para obreros» como decían unos folletines que repartían por el barrio. Con más recuerdos y música, los esperamos en la 30, Radio Nacional.
COORDINACION: ANGEL LUIS GRENE
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