Sin pelos en la lengua. Julio Sánchez Padilla, el director de Estadio Uno

"Voy a hacer el programa hasta que me muera"

Rodeado de sus inquietos y «mimosos» labradores dorados, Tango y Junior, el director de Estadio Uno recibió a LA REPUBLICA en la barbacoa de su casa. Claras y frontales fueron sus respuestas. Recordó los inicios de su programa, y se refirió a Paco Casal. Aseguró que desconoce si tiene enemigos, pero que con muchos periodistas no se saluda y que nunca tomaría un café con ellos.

«Soy un empresario del transporte, y tengo una enorme responsabilidad. También soy integrante de la Comunidad de los Presidentes de las Asociaciones y Confederaciones Empresariales, estoy involucrado directamente con la Cámara de Transporte, de la cual soy presidente. Soy fundador de Anetra, y además, desde hace 43 años soy presidente de la Comisión de Fomento de Costa Azul (Canelones), y presidente de la Asociación de Ex Alumnos del Liceo Militar y me siento muy feliz de serlo. Por otro lado, fui juez de básquetbol: el mejor. Arbitraba sólo ante las grandes estrellas», dijo como carta de presentación Don Julio Sánchez Padilla.

 

­¿Y a Estadio Uno no lo menciona?

­No porque vendría a ser como un hijo. Es como un componente de mí mismo, ya soy parte del mobiliario. Desde el año 2000 figuramos en el libro Récord de los Guinness, ya que desde el 5 de julio de 1970 el programa se emite en forma ininterrumpida.

 

­¿Cómo surgió el programa?

­Simple y sencillamente porque dejó de emitirse en Canal 5 Prisma de los Deportes, que dirigía «Lalo» Fernández, y que yo integraba. Al principio Estadio Uno se llamaba Gol 5, lo hacíamos los domingos al mediodía, hasta que hicimos un trueque con otro programa y nos pasamos a los lunes. En esos años yo tenía cinco programas en el canal. Además de Estadio Uno, estaba Polémica, Cabalgata Deportiva, el informativo deportivo, y la transmisión en directo del fútbol. Allí surgieron Juan Carlos Paullier, Juan Carlos Scelza, Enrique Yanuzzi, entre otros. La integración de ese momento de Estadio Uno era fantástica. Estaba Adolfo Oldoine «Old», en turf teníamos a don Julio Folle Larreta, «Doncaster», en automovilismo a Jorge Stewart, y a Camilo Cauch en atletismo. El programa era de dos horas y media, muy prolongado. La parte futbolística la centrábamos con el «Toto» y los jóvenes que empezaban. Recuerdo que a un periodista le asigné una tarea que no era de fútbol y me dijo: «Julio yo no sigo si no me dedico al fútbol, porque yo voy a ser el mejor relator de fútbol de este país». El pibe se llama Alberto Kesman.

 

­¿Cuántos periodistas, en estos 38 años, han participado en Estadio Uno?

­Por lo menos 80, pero además han pasado más de 50 técnicos que son los que hacen el trabajo menos visible.

Es bueno señalar que no siempre se hizo el programa aquí, en mi casa, al principio se hacía en los set de Canal 5. Hace 20 años, aproximadamente, que lo hacemos acá.

 

­¿Cómo surge el pintoresco «Club de los 8″?

­Como respuesta a una empresa que hacía las mediciones de audiencia, que decía que nosotros teníamos 0,00001.

O sea 8, 10 o 12 televidentes, lo cual me hacía poner muy mal.

 

Hasta la muerte

­¿Hasta cuando Estadio Uno? ¿cuando usted no esté más, seguirá el programa?

­No sé, yo no voy a obligar a nadie. Tenga en cuenta que en la silla donde usted está sentado, me dio un síncope y quede acostado al lado de «Lalo» Fernández cuando el programa se estaba grabando. Después de estar varios minutos muerto, aquí estoy. Por lo tanto voy a hacer el programa hasta que me muera definitivamente (Risas).

 

­Los programas de los últimos años son más tranquilos que los de antes. Recuerdo esas memorables discusiones con Ruben Casco.

­(Risas). Está buena esa consideración. La desaparición de Casco fue un golpe grande para mí, era un tipo absolutamente pintoresco y al mismo tiempo su chispa la ponía en práctica siempre, hasta que empezó a decaer y, desgraciadamente, falleció. Recuerdo cuando una vez, golpeando la mesa, dijo: «Hay que terminar con la FIFA, nos tienen que invitar al mundial porque fuimos los primeros campeones del mundo» (Risas). Fue algo magistral, porque además no se callaba ni equivocado, estaba totalmente excitado. Las discusiones a veces se dan por la vehemencia de cada uno de sus integrantes. Pero es probable que hoy el programa sea más acartonado, más serio. Después de la desaparición de Decalegrón, aparecimos nosotros, y después nos fuimos amainando.

 

­En 1985 se fue del Canal 5 y pasó a la pantalla del Canal 4. ¿Por qué razón le levantaron el programa?

­El Dr. Carlos Maggi, que era uno de los directores de Canal 5, me dijo que yo no podía seguir apareciendo en ninguno de mis programas porque representaba al gobierno de facto. Ante lo cual me fui. Llamé a los canales privados para seguir con el programa, y ellos acordaron que fuera al 4. Allí empecé con mis cinco programas, y se fueron eliminando de a uno.

En los canales privados pesa inexorablemente el rating. Después de hacer el mundial de Italia 90, a los quince días estábamos otra vez en el Canal 5.

-¿Se volvió a cruzar alguna vez con esta persona?

-Sí, soy admirador del Dr. Carlos Maggi. Es un hombre maravilloso desde el punto de vista intelectual y como historiador es una cosa fantástica y sensacional. Pero conmigo se equivocó, porque yo no representaba a nadie.

 

«Paco» y sus jugadores

­¿Muchos invitados desistieron en ir a Estadio Uno?

­Algunos. Estamos hablando de futbolistas que pertenecen al dueño del fútbol, que obviamente tienen una discrepancia profunda con nuestro programa, lo cual me tiene sin cuidado.

 

­O sea que los jugadores de Casal no van a su programa

­No, no es tan así. No quisiera ser tan tajante.

 

­¿Qué opinión tiene de él? ¿Es el único culpable de los males que tiene nuestro fútbol?

-Casal es el dueño del fútbol, y todo gira en relación a él. Pero no es el único responsable, los dirigentes son también culpables .

Yo no le puedo echar toda la culpa por los malos resultados que hemos tenido en los últimos años.

El jugador es el último que define en la cancha.

­¿Las deudas de Casal con la

DGI, y el procesamiento del Edward «Vela» Yern confirma lo que muchos opinan de Tenfield?

­Lo de la DGI es un problema de orden económico que él eludió creyendo que era omnipotente. La justicia tarda pero llega.

 

Gabito, Garrido y Corbo

­Durante estos 38 años ha tenido distanciamientos muy conocidos con periodistas de su equipo. Le nombro sólo dos casos: Ricardo Gabito Acevedo, y Atilio Garrido

­Lo de Gabito se dio por una situación con Corbo. Yo entendí que no debía ser considerado en la forma que él lo hacía. Pero es un gran investigador. La prueba está que todo lo que está ocurriendo en la DGI es buena parte de lo que él había podido reunir. Y, con respecto a Garrido, lo considero un excelente periodista, pero también como alguien muy terco. Se embanderó con determinadas cosas, y lógicamente su alejamiento del programa puso en claro quién estaba de un lado y quién estaba del otro.

 

­¿Algún día puede que alguno retorne a su programa?

­No, el que se va no vuelve más. Aunque Yanuzzi está por segunda vez en el programa porque yo entendía que tenía que estar.

 

­¿Es cierto que considera a José Luis Corbo como su amigo?

­Amigos son aquellos que se visitan con frecuencia. Yo no lo considero un amigo, lo considero un excelente dirigente, y una excelente perso
na.

 

­¿Tiene enemigos dentro del periodismo deportivo?

­No sé ni me preocupa.

 

­¿Hay algún periodista que si se lo cruza no lo saluda?

­Sí, muchos.

 

­¿Se sentaría a tomar un café con alguno de ellos para arreglar los problemas?

­No, no tengo interés alguno. Un café lo tomo con mis amigos. ¿Qué necesidad de tomar un café con quién uno tiene discrepancias radicales?. No me gusta la obsecuencia de las personas ni los que hacen sexo oral con determinada gente.

 

­¿Se puede saber a quiénes se refiere?

­No, no tengo porqué decirlo. Además les daría brillo.

 

Sánchez Padilla: el político

­Se retiró totalmente de la política, ¿por qué razón?

­Me retiré porque cumplí mi misión, logré contribuir con la presidencia del Dr. Jorge Batlle con 9.827 votos, que no me alcanzaron para ser intendente. Canelones se perdió la oportunidad de tener un gran intendente.

 

­¿Qué opinión le merece el gobierno actual?

­Tiene las luces y las sombras de un partido gobernante que debió ajustarse a muchas cosas, y que desde la oposición era muy fácil opinar.

 

­¿Y el Dr. Tabaré Vázquez?

­ Tabaré es un gran amigo personal. Es un buen tipo, y a pesar de que algunos le ponen reparos, él trata por todos los medios de mostrar que está por encima del bien y del mal.

 

SUS OTRAS  DOS PASIONES

­¿Cómo y cuándo  ingresó a CITA?

­Ingresé en 1980, compré el 60% de la empresa. Era una compañía con 380 empleados que no sabían lo que hacían. Tenga en cuenta que era parte de nuestro patrimonio lo que hoy es Solfy. Yo mandé a tres contadores para que hicieran la inspección correspondiente y me dijeron: «Un negocio brutal». Yo cometí el grave error de enviar a contadores que no eran especialistas en transporte. Antes de entrar yo era un pobre rico, y después me transformé en un rico muy pobre (Risas).

Logre transformar a CITA, somos una compañía ejemplar. Tenemos 238 empleados, que tienen la seguridad de que si hacen bien las cosas pueden jubilarse en la empresa. Luego de 28 años puedo decir que es una gran compañía, la mejor, porque yo trabajo en ella (Risas).

 

­¿Por qué razón se sigue  considerando el mejor  juez que tuvo el  básquetbol uruguayo?

­Porque fui el mejor, era infalible. Cada vez que entraba a la cancha el público me aplaudía. Tenga en cuenta que yo no arbitraba cualquier partido, lo hacía sólo por el campeonato o por el descenso, no era cosa fácil. Es un acto de petulancia superlativa lo que le digo, pero lo dicen también grandes basquetbolistas que yo arbitré. Además tengo el honor de haber inaugurado el Palacio Peñarol y de haber impuesto el doble arbitraje, cuando fui presidente de la Unión de Jueces Oficiales de Básquetbol.

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