CLINICAS: URUGUAYOS YA LA PROBARON EN EXTERIOR
conocen la sustancia y ya han detectado casos de pacientes con antecedentes de consumo de metanfetamina en el exterior del país. «Son casos puntuales de personas con historia de consumo de esta droga», indicó a LA REPUBLICA el doctor Antonio Pascale. «La metanfetamina es una droga sintética, un estimulante que se elabora en laboratorios clandestinos», explicó Pascale. «La consumen sobre todo a través de la inhalación y ésta es la causa de la generación de una dependencia muy rápida», agregó. Esta droga presenta una elevada toxicicidad y afecta el organismo, con consecuencias neurovasculares. A esto se suman manifestaciones neuropsiquiátricas, con cuadros psicóticos, en un plazo no muy largo.
El experto señaló que por el momento no ha detectado, entre sus pacientes, consumo de metanfetamina. Para Pascale, esta droga no es un sinónimo de determinado perfil económico, como sí lo es el éxtasis, que se consume en los eventos de música electrónica.
Por el momento no se han realizado estudios específicos sobre esta droga en áreas vinculadas al control de la demanda, como en Toxicología, ni tampoco en organizaciones como el Portal Amarillo, dependiente de la Junta Nacional de Drogas, manifestó a LA REPUBLICA la doctora Susana Grumbaum, directora de esta última organización.
TESTIMONIO DE UNA MADRE
Ayer Fabricio cumplió 18 años. Hace cinco que está profundamente internado en los caminos de la pasta base. Ha caído y recaído un centenar de veces. Su madre lo internó otras tantas en centros estatales, privados y hasta religiosos. El fin de la historia siempre es el mismo: se escapa.
Fabricio se crió con su madre y su abuelo en una casa del barrio Ideal. Hoy él sigue allí, pero solo y sin nada más que su droga. Su madre debió abandonar su casa, que heredó de sus padres, por miedo a que «todo terminara mal». Además, ahí no queda nada más que el «edificio limpio», según ella misma describe.
«El baño lo instalé tres veces y las tres veces lo arrancó y vendió todo. Me vendió todo: las camas, las sábanas, los roperos, todos los muebles, arrancó hasta la instalación de la luz. Llegué a poner rejas dentro de mi casa para que no me atacara de noche. Si yo me dormía, él me podía sacar lo que yo tenía puesto. He vivido las situaciones más extremas que puede vivir el ser humano. Considero que estos chicos tienen que estar de cinco a seis meses bajo un régimen totalmente cerrado. Yo lo tendría atado en un lugar del que no pueda salir por unos cuantos meses».
Ahora María, con sus 50 años, vive con su tía y continúa trabajando ocho horas por día. Su preocupación es sólo una, y es que suceda un milagro, «algo que lo saque de ese infierno», dice a LA REPUBLICA mientras apaga un cigarro. «Quiero vivir una vida normal», dice a gritos.
Cuenta que fue a los 13 años de Fabricio cuando todo comenzó a cambiar. Además de los procesos normales de un varón adolescente, el cambio de escuela también lo afectó.
¿Cuándo te diste cuenta que tu hijo estaba consumiendo droga?
En principio yo no conocía la droga. A los 12, 13 años él comienza a cambiar. Yo no me daba cuenta. El primer cambio fue cuando lo trasladé de escuela. Un día me llaman y me dicen que Fabricio no estaba viniendo a clase. Me sorprendí porque lo acompañaba todos los días. Pero nunca entraba. Se iba con otro amigo. Cuando me entero, casi enloquezco: era un chiquilín.
Después me puse en contacto con la mamá de su amigo y le dije: ´a mí me están faltando cosas´. Si sería tal la ignorancia, que una amiga me dijo: ‘¿por qué no lo dejas fumar en tu casa?’. No sabíamos que estaba fumando otras cosas. Cuando supe que fumaba pasta base, decido internarlo. Hablé con gente que conocía del tema y lo interno en el centro religioso Beraka. Ahí estuvo cinco días. Un día me pidió para volver, y ése ha sido mi error en toda la trayectoria en la droga de Fabricio. Porque no podés entender que tu hijo te haga eso. Pensas que ya pasó y no va a volver a pasar. Es como vivir una guerra constante. Durante cuatro años fue un calvario. Cuando estaba tranquila era cuando lo lograba internar.
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