Tiene la palabra

Prima por antigüedad: es ilegal suprimirla

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Está contenida en forma unánime en la legislación laboral de los países desarrollados, es un derecho adquirido de activos y pasivos y no es resistido por gobiernos cuando el Estado es la máxima jerarquía.

Precisamente, en nuestro país fue eliminada por la dictadura pero fue restablecida nuevamente (en forma gradual) por el gobierno democrático.

Ahora bien, ¿puede concebirse que alguien quiera suprimirla nuevamente contrariando todos los principios de derecho que la consagran?

La Caja Bancaria así lo pretende en forma arbitraria en su proyectada reestructura. El Parlamento todavía está a tiempo de impedirlo.

Nuestra legislación es concluyente: bajo ningún punto de vista las pasividades y los salarios pueden rebajarse en absoluto por la acción de un simple acto administrativo.

NUCLEO DE PASIVOS BANCARIOS – CI: 577.624-2  – CI: 387.828-4 – CI: 671.815-2  – CI: 1.123.389-3

 

«La estupidez como estilo de vida»

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Hace unos pocos días atrás, para ser más preciso el día 27 de junio próximo pasado me tocó soportar, uno de los hechos más lamentables dentro de la esfera de la Secretaría de nuestra comuna departamental. Fue un hecho desagradable, si se quiere, con un funcionario el señor Luis Montes de Oca, secretario allí, o en mi opinión reservada, dueño de la cosa.

Solicité una entrevista con las máximas autoridades administrativas, ese día sobre las 14 horas, en forma correcta hablaba con una de las señoras secretarias; cuando se aproxima por detrás mío el Señor Montes de Oca y, con textuales palabras, me dice: «¿Qué anda haciendo por acá, Pedro?». Le contesté que en busca de entrevistas con el señor intendente y con el secretario general. Este señor, que no tiene nada de sociable me responde: «Por el momento es imposible, de personas como usted están cansados».

Como bien podrá usted imaginarse amigo lector y ciudadano, esto fue para mí como si me hubieran puesto un «cuete» debajo de la silla, me levanté como un resorte y lo encaré, diciéndole lo siguiente: «¿Que ha dicho usted, no se ha dado cuenta que está hablando con un señor ciudadano, mocoso atrevido?». Por cuanto me amparé en el Art. 7, 30 y 72 de nuestra Constitución de la República. Al margen de la respuesta, cosa que nunca esta persona imaginó mi enérgica actitud, dado que está acostumbrado ha hacerlo, que él mismo ni se imagina del gran ego que se le atribuye.

Es inadmisible la provocación insultante del cual fui objeto; esta actitud demuestra a las claras el talante autoritario y una actitud antidemocrática incompatible con la representación que enviste el agresor.

Será que es usted, quien no tiene la suficiente personalidad y más aún me tomo la libertad de decirle que usted no tiene ni la menor idea del cargo que se le ha asignado, no tiene vocación al respecto. Se necesita tener lealtad y profunda honestidad y una honradez de hierro para dar una contestación a tan grave humillación en mi persona a todo el pueblo necesitado de soluciones y que según usted «molesta», en decir que esta Administración, están cansados de gente como yo; ¿cansados del ciudadano común? Pero, ciudadano legítimo y representativo de nuestra soberanía; o acaso usted señor funcionario no tiene sentido común, cuando nuestro prócer José Artigas dijo: «El pueblo es soberano y él sabrá investigar las operaciones de sus representantes».

«Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana».

Esto me hace recordar (revivir), cuando se vivían aquellos atropellos de los años 70 en plena dictadura «eventuales acciones individuales incorrectas». Será la sabia expresión popular, «no tiene la culpa el chancho, sino quien le rasca el lomo, o le permite osar en el huerto». No me quiero hacer el distraído, pero tampoco, campeón de los buenos modales. Lo que está empantanado aquí y nos obliga a darle vuelta a la noria es la tenaz negativa de reconocer por este señor, que a la Secretaría de nuestra municipalidad y de los 18 departamentos van a ir siempre «personas» de toda índole.

Pero debe saber este joven funcionario (a lo mejor no se lo han dicho nunca), que el sueldo se lo paga el pueblo, por lo tanto, todo ciudadano pasa a ser su patrón y que por obligación se deben de solucionar los problemas y no crearlos. Yo jamás me dirijo a ninguna oficina o repartición con desaire, al contrario lo hago con la mejor buena voluntad solicitando ser atendido con educación; y este señor funcionario lo debería de saber como todos los funcionarios de esa sede comunal y de cualquier repartición pública están regidos por un estatuto el que deberían cumplir.

A la estupidez, como fenómeno cultural, sólo se la derrota con más educación y más educación, pero también con fuertes sanciones que contemplen la recuperación del ser humano, pero que sean sanciones; más allá de las sanciones un «sumario» en tiempo y forma; pues esto debe quedar estampado en el legajo de este y de todo funcionario en tales circunstancias; para eso existe en el segundo piso del edificio Libertad la Oficina Civil, y más allá el Supremo Tribunal del Contencioso Administrativo. Sin ninguna duda que le será de escarmiento.

PROF. PEDRO  WAVELL RODRIGUEZ – C.I. 1.139.909-2

«El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad». Victor Hugo.

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