La fe congregó a miles de jóvenes en Tacuarembó
A pesar del frío y la lluvia, ayer miles de jóvenes, mayores de 15 años que integran parroquias, colegios o grupos católicos en general, se dieron cita en la 30ª Jornada Nacional de la Juventud, la cual estuvo organizada por la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU).
Si bien estaba previsto que la Jornada se llevara a cabo en Iporá, balneario del departamento de Tacuarembó, a causa de la lluvia se realizó en el predio de la Asociación Rural de Tacuarembó. Asimismo, el ejército instaló carpas enormes para que los jóvenes pernoctaran.
30 años no es nada
En nuestro país, las Jornadas Nacionales de la Juventud se celebran cada primer domingo de setiembre, aunque se realizan actividades en los distintos centros y lugares de congregación. Y es aproximadamente cada tres años, que celebran la ocasión con una concentración única, que nuclea a miles de jóvenes de todo el país. La primera se realizó en 1978, en pleno período de dictadura, mientras que la última se hizo en el año 2005 en la ciudad de Melo.
Ayer esperaban la llegada de aproximadamente 4.000 jóvenes a la Jornada, aunque por las fuertes lluvias, la cifra podía llegar a ser menor. Karen da Silva, quien desde mayo participa en la organización del evento, comentó que «llegaron jóvenes de todas las edades», puesto que por ser una celebración tan importante, «hay jóvenes de 15 años, pero también vinieron los mayores de treinta que son parte de la historia de los treinta años de Jornadas».
La actividad comenzó en horas de la tarde donde se dieron unas palabras de bienvenida, luego se hubo un momento de vigilia y finalmente encendieron un fogón.
Hoy la actividad sigue con actividades en grupo mezclados, donde habrá representantes de distintos centros y departamentos, en los que compartirán distintas realidades juveniles.
Intercambio
«La Jornada tiene varios sentidos», comentó Eric Koleszar, coordinador general de Subcomisión. «Por una parte, es un empuje increíble el hecho de ver tantos jóvenes en la misma sintonía, es una forma de encontrar fuerzas para seguir adelante y por otra parte es seguir encontrándonos y construyendo algo para lo que tanta gente luchó durante 30 años», señaló.
El objetivo de la actividad es fomentar el intercambio y el aprendizaje, durante y después del encuentro. «Los jóvenes intercambian su visión sobre la realidad y la experiencia que cada uno vive, luego la comparte con otros chicos en las misiones y en la vida cotidiana».
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