Tala ilegal pone en jaque al monte nativo del río Santa Lucía
Los monteadores que se dedican a la tala ilegal en la zona oeste del departamento de Canelones están poniendo en jaque al ya reducido monte indígena. Quienes desconocen el tema pueden llegar a pensar que con la llegada de la primavera, al descender la demanda de leña para las estufas, se le dará un respiro a la naturaleza. Nada más alejado de la realidad: la tala ilegal e indiscriminada continúa durante los meses de altas temperaturas.
Ocurre que quienes se dedican a este «negocio» prosiguen con la tala, haciendo acopio para el próximo invierno. Además, la gran mayoría de las parrilladas continúa exigiendo buena leña de monte.
LA REPUBLICA fue testigo de la forma de trabajo que uno de los tantos grupos de monteadores emplea para hacerse de la leña. «No saqués fotos. ¿Qué querés, mandarnos en cana?», expresó a viva voz uno de los involucrados. Otro monteador, que salía del «obrador» improvisado, dijo que ése era el único medio que tenían para vivir. «Yo tengo que darle de comer a mi familia: mientras haiga leña pa’ cortar, me dedicaré a esto».
«Somos pocos»
Difícilmente las autoridades no sepan quiénes son los que se dedican a la tala ilegal y quiénes comercializan la leña en las localidades cercanas, como Santa Lucía y Canelones. El secretario de la Junta Local de Aguas Corrientes, Norberto Chauvie, dijo a LA REPUBLICA que en reiteradas ocasiones han tenido que recurrir a la Policía y realizar denuncias, ante el accionar desmedido de los monteadores ilegales.
«Sabemos que para mucha gente es el único recurso de ingresos, pero se les ha dicho que no se puede talar indiscriminadamente, y vuelven otra vez», expresó Chauvie. A pocos metros del Camino de los Ingleses, una de las vías de acceso a la villa de Aguas Corrientes, por un camino en buen estado que conduce al camping natural Playa Hermosa, se llega también a la costa del río Canelón Grande, antes de la desembocadura con el Santa Lucía. Allí, la naturaleza ofrece un paisaje pintoresco y atractivo. A esas pequeñas playas llega, por el agua, la madera obtenida por los monteadores río arriba. Al desplazarse en botes y chalanas, se hace más difícil detectarlos, y además entran en contacto directo con el monte que bordea los ríos.
En la misma playa preparan la leña con motosierras y la cargan luego en carros tirados por caballos, o en las camionetas de los «consumidores» finales. En muchas ocasiones se vende como llega a las barracas de leña, que luego trozan la madera. Un vecino del lugar, que se dedica a la plantación de hortalizas, expresó con tristeza: «Los veo pasar a cada rato y pienso hasta cuándo tendremos árboles en el río». El chacarero, que vive sobre el camino de los Ingleses, cree que «sin una guardia forestal o algo parecido, no van a frenar este desastre».
Consecuencias ambientales
En el documento titulado «Estrategia del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial en Uruguay-PNUD/ FMAM», editado en mayo de 2006, se lee que «Los bosques nativos, incluidos los palmares, ocupan alrededor del 3,5% del territorio, destacándose los bosques de galería o ribereños distribuidos en todo el país. Las principales presiones refieren, en el caso de los bosques nativos, a la tala ilegal». También es notorio que en Uruguay existe un gran vacío de investigación.
«Mi reino… por 3 pesos»
En la Ley Forestal sancionada en 1987 (Nº 15.939) se establece la prohibición de cortar el monte nativo. El artículo 24 del numeral 2.1 expresa con claridad: «Prohíbese la corta y cualquier operación que atente contra la supervivencia del monte indígena, con excepción de los siguientes casos: A) cuando el producto de la explotación se destine al uso doméstico y alambrado del establecimiento rural al que pertenece. B) Cuando medie autorización de la Dirección Forestal basada en un informe técnico donde se detallen tanto las causas que justifiquen la corta como los planes de explotación a efectuarse en cada caso».
En la ciudad de Canelones es posible adquirir leña de monte a $ 3 el kilo. Los monteadores ilegales (generalmente también vendedores) capitalizan la mayor parte del negocio.
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