Población uruguaya podría decrecer si no se implementan políticas adecuadas
¿La población uruguaya va a extinguirse? Está es una de las interrogantes que surgen al escuchar datos referidos a la baja tasa de reproducción que presenta nuestro país, entre otros aspectos.
Pero la respuesta es «rotundamente no». «De lo contrario se estaría brindado información con falta de conocimiento sobre la dinámica demográfica», expresa en su informe el demógrafo Juan José Calvo, que ha publicado el estudio «La población del Uruguay en las próximas décadas. Una visión, dos escenarios y diez preguntas para debatir».
Dicho documento fue presentado ayer en la sede de Aladi como insumo para la discusión para el proceso de creación de la «Estrategia Nacional para la Infancia y la Adolescencia 2010-2030″ (ENIA), que acaba de iniciarse.
Fuera de la agenda
Las interrogantes que plantea Calvo se vinculan directamente a problemas que, sin estar en la agenda política, necesitan de una respuesta. Algunos de ellos son si debe o no fomentarse la natalidad para el académico la respuesta es no, si el Estado debe hacer algo frente a la concentración de la población en la franja costera, o si es necesario procurar el retorno al medio rural, como algunos líderes políticos impulsan, así como el retorno de los orientales que han emigrado. Todos las preguntas parten de una misma premisa: ¿cuál es la población óptima del Uruguay?
Cifras preocupantes
Según Calvo, en nuestro país las políticas en esta área «estuvieron tradicionalmente ausentes en las gestiones de los gobiernos de turno», y hoy deben ser, por lo menos, discutidas.
De acuerdo a lo que expresa en su documento, Uruguay atraviesa la fase avanzada de la transición demográfica tradicional. En 1950, Uruguay era el único país de la región cuyos niveles de natalidad y mortalidad se habían estabilizado en valores bajos. Por tanto, la población avanzó hacia el envejecimiento, proceso que continúa acentuándose cada vez más». En segundo lugar, la emigración internacional ha generado «una sangría permanente de personas, mayoritariamente jóvenes con preciadísimo recurso».
Por otra parte, se habla de una segunda transición demográfica, que tiene que ver con lo que los expertos llaman «arreglos familiares».
Se ha registrado un aumento en el número de divorcios, caída de la nupcialidad y de los nacimientos dentro de las uniones legales, cambios en la formación y disolución de las parejas, y un descenso de la fecundidad por debajo del nivel de reemplazo, entre otras variantes.
Ante esta situación, los académicos presentan una visión posible de país desde el punto de vista demográfico y poblacional, y una serie de preguntas con respuestas tentativas.
Lo esperable, y lo que los demógrafos proyectan es «un escenario de muy bajo crecimiento demográfico, incluso negativo, la profundización del envejecimiento poblacional, y el recostamiento de la población en las áreas costeras, con posibles deterioros importantes desde el punto de vista ambiental, y además con altos costos financieros.
Eso generará una desarmonización de la vida familiar y productiva. Ese es el escenario más factible si continuamos sin implementar políticas de población», aseguró Calvo.
De comenzar a aplicar políticas en este sentido, según las proyecciones del demógrafo, se podrá visualizar un país «más diverso, cosmopolita, donde se fomente incluso la inmigración, el retorno de los uruguayos radicados en el exterior o la vinculación más activa de estos a proyectos de desarrollo nacional».
«Eso nos cambiaría el desarrollo demográfico posible. Podríamos pensar en un crecimiento moderado de la población», sostuvo.
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