TIENE LA PALABRA
Reconocimiento a MIDU, desaparecida en democracia
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Para incorporarla a nuestra memoria colectiva queremos rescatar del olvido la labor de MIDU en la defensa de los derechos humanos durante los oscuros años de la dictadura.
La institución de asistencia médica mutual Mutualista Israelita del Uruguay (MIDU) fue fundada en los años treinta del siglo pasado, por jóvenes trabajadores de Europa Central, de origen judío, quienes se vieron obligados a tomar el camino del exilio como consecuencia de la pobreza y de las duras represiones políticas y étnicas que sufrían en sus respectivos países. Llegaron al Uruguay trayendo consigo sus sueños, sus utopías y el indeleble recuerdo de las persecuciones sufridas. Una vez arribados, quisieron integrarse rápidamente a la vida social de su nuevo país, aprendiendo el idioma y afiliándose cada uno su respectivo sindicato. Asimismo crearon «cajas de auxilio» para superar entre todos, las distintas necesidades que los inmigrantes tenían. Una de esas «cajas» (la dedicada al área de la salud) fue el germen de la futura MIDU. En los estatutos de la nueva mutualista, los fundadores plasmaron su visión de una organización médica solidaria, abierta a toda la sociedad y sin fines de lucro. De hecho, estaban imponiendo una línea de conducta que nunca sería abandonada por las sucesivas Directivas.
Tras la caída de la democracia, fue decisión explícita de los conductores de la mutualista mantener e incrementar las acciones de apoyo a los sectores más desprotegidos de la población. Aquellos sabían, por propia experiencia, que los regímenes despóticos se ensañan particularmente con los trabajadores en todas las áreas de su actividad, también en el de la salud. De tal manera que decidieron que su forma de lucha contra la dictadura sería (y así lo hicieron) proteger la salud de los más perseguidos. Pero hicieron algo más que eso, también brindaron trabajo a quienes la dictadura había declarado ciudadanos de tercera clase (estábamos categorizados como ciudadanos A, B o C). Naturalmente que conocían al enemigo y eran conscientes del riesgo que asumían. Aportaron valor, inteligencia y sacrificio, junto a trabajadores médicos y no médicos. Y en aquellos terribles años de persecución y falta de libertades, MIDU brindó solidaridad a manos llenas sin esperar nada a cambio, más que la reconfortante alegría de aportar al esfuerzo y la esperanza de poder construir, entre todos, una sociedad libre y justa. Se brindó atención a trabajadores de diferentes gremios, a familiares de presos políticos, a detenidos-liberados, a desexiliados e incluso, por solicitud del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), a refugiados políticos de otros países que residían en Uruguay. Esta actividad fue llevada a cabo con la discreción y prudencia que las circunstancias aconsejaban. Probablemente esta razón explique el hecho de que buena parte de la población del país no hubiese conocido, ni conoce el trabajo de MIDU.
En el exterior sin embargo, numerosos organismos humanitarios y políticos conocían, monitoreaban y valoraban esa labor, sin que quienes dirigían la institución, tuviesen conocimiento de ello. Fue así, que para sorpresa de todos, comenzaron a llegar a MIDU, apoyos económicos y reconocimientos. El primero fue del Gobierno de Dinamarca, luego de las Naciones Unidas (por intermedio de su Comité de Apoyo a las Víctimas de la Tortura), de Amnistía Internacional, de la Central Alemana de Iglesias Evangélicas (EZE) y de tantas otras personas e instituciones. Dichos reconocimientos ponían especial énfasis en la tarea de la mutualista para «la defensa de los Derechos Humanos en el campo de la salud». Tal vez el apoyo de parte de organizaciones con tanto peso internacional, haya constituido el factor decisorio que evitó la clausura de MIDU en la época dictatorial.
Pero lo que no se atrevió a hacer la dictadura, se llevó a cabo en democracia. Para la mentalidad de jerarquías que mantenían ideas de la dictadura, MIDU debía pagar por la orientación de su labor, opuesta a considerar la salud como un bien de consumo (tanto tienes, tanto compras) y por haberse opuesto al autoritarismo con las armas que tenía: brindar asistencia y trabajo a los perseguidos.
En el año 2001 MIDU terminó de construir su piso de asistencia materno-infantil con el apoyo de EZE. Por la venta de servicios que el mismo ofrecía, la institución lograría un importante desahogo económico. Justamente antes de la inauguración, el Ministerio de Salud Pública, a cargo del Dr. Luis Fraschini, quitó a MIDU su personería jurídica con las firmas de los doctores Jorge Batlle y Antonio Mercader, presidente de la República y ministro de Cultura, respectivamente. Se adujo «riesgo asistencial» sin aportar ninguna prueba. Previamente el MSP había enviado, en tres oportunidades, comisiones médicas de evaluación. Las actas resultantes de dichas evaluaciones confirmaban la excelencia de la atención que se brindaba. No tenemos conocimiento que se hubiesen enviado tales comisiones de evaluación a otras instituciones médicas. No importó, la decisión ya estaba tomada.
Unos años después, durante el actual período de gobierno y sin que valiera tipo de razón alguno, sean históricas, sociales, políticas o económicas, el BPS remató a un precio lamentable el importante y emblemático edificio de MIDU, construido con el esfuerzo abnegado de varias generaciones. De esta manera, MIDU pasó a ser una desaparecida en democracia.
Por los motivos que surgen de este breve relato de una parte de su historia, un grupo de ciudadanos que conocimos y recordamos con emoción y respeto su labor en los dramáticos y difíciles años de la dictadura, nos proponemos reincorporarla a la memoria colectiva, reconociéndola como un bastión inclaudicable entre aquellas organizaciones imprescindibles en la lucha por la vigencia de los derechos humanos.
SIGUEN 61 FIRMAS
Para refrescar la memoria
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
A través de esta carta quiero recordar, para que tengan en cuenta porque también son parte de la historia, los asesinatos y desapariciones de los compañeros comunistas.
No se me olvida de un programa que había en la radio que decía: «Hola Heber porque la culpa es de los comunistas», todo eso supuestamente era una humorada.
Pero el tiempo y la historia que quiero que sepan a través de esta nota no fueron los comunistas quienes mataron, pero si fueron muertos, no fueron ellos quienes torturaron, pero si fueron torturados y desaparecidos, no fueron ellos quienes se comieron a los niños crudos, pero si hubo niños arrebatados de sus padres.
Por eso quiero que los uruguayos sepan que seguimos habiendo idealistas. Porque si hay algo que nunca podrán matar son las ideas.
Un idealista «comunista» siempre va a seguir pensando en el ser humano que sufre y en el respeto de aquellos compañeros que fueron muertos torturados y desaparecidos.
Porque en la vida hay que respetar para ser respetados, y es por eso que pido respeten a todos aquellos que hemos pasado por una dictadura y porqué no desde antes, con estudiantes muertos, obreros y niños, por el solo hecho de pensar distinto.
HECTOR MANFRINI
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