Cultivando la tierra y el espíritu, una huerta familiar es un gran ejemplo
Remolacha, macetas con frutillas todavía maduras, zapallitos y zapallos, lechugas bien verdes, abundantes acelgas que con rebeldía crecen por todos lados, hojitas de orégano, cebolla de verdeo, morrones, brócolis con tallos y hojas largas, plantas de maíz y hasta un pequeño naranjo son parte de lo que se encuentra dentro del invernáculo que cosechan y mantienen Lourdes y su familia.
En entrevista con LA REPUBLICA, contó que nunca se tuvo mucha fe con las plantas. Sin embargo, su marido tiene «mano verde», por lo que siempre dedicó un poco de tiempo a plantar distintas especies en el fondo de su casa, y ella lentamente fue aprendiendo. Pero las hormigas eran una constante entre las plantaciones y destruían los cultivos que durante semanas habían cuidado.
Cuando las hormigas parecían haberse adueñado del terreno, la familia se unió a la comisión de trabajo de la zona que coordina Un Techo para mi País. Gracias al apoyo y el entusiasmo de los jóvenes, tomaron impulso y construyeron un invernáculo que admiran todos los vecinos y es, para muchos, un ejemplo a seguir.
Huerta familiar
Desde hace cuatro meses, en el asentamiento 24 de Enero, más precisamente en la casa 42, ubicada en una esquina, se divisa un invernáculo que llama poderosamente la atención. A través del nailon que protege a las plantas se distinguen diversas plantaciones. El «invernáculo uno», como los vecinos lo llaman, y los voluntarios del «Techo» motivaron al resto de los vecinos para la creación de sus propias huertas.
«La semana pasada estábamos reunidos en una de las construcciones y un vecino, sin saber que yo era la dueña del invernáculo, me dijo: ‘Yo quiero hacer un invernáculo grandote como el que está a la vuelta. Tiene mucha verdura y hay que aprovecharlo, con lo caras que están las cosas’. Ahí yo le expliqué que no precisa metros y metros de tierra, sino que con unas macetitas basta», contó la entrevistada.
Para ella es solamente cuestión de comenzar; después todo se va dando solo porque el entorno está. «La tierra que tenemos es espectacular, no necesita mucho abono. Con un poquito de agua y cuidados se vienen todas las plantas para arriba. Lo único es que hay que ponerle mucho amor; si no te gusta y no le pones amor, la cosa no funciona», aseguró Lourdes, quien reconoció que el cuidado de la huerta le resulta muy desestresante.
Aprovechamiento de recursos
Además de poner mucho amor, Lourdes explicó que cada vez que llueve juntan agua para regar los cultivos. «Con agua de lluvia las plantas crecen con más fuerza porque es limpia y bien pura», afirmó. Además elaboran la tierra con los residuos orgánicos, lo que ayuda a las plantas a crecer con más fuerza aún.
Aprovechan todos los recursos naturales. Unicamente al inicio tuvieron que poner remedio para las hormigas, y desde entonces no han vuelto a aparecer.
Lourdes destacó que las hortalizas de su huerta son para consumo familiar. Ha convidado a algunos vecinos, pero por el momento no cultiva para vender.
Más allá del orgullo que ella siente por la huerta que construyó junto a su esposo y sus cuatro hijos, reconoció que los jóvenes del «Techo» también fueron responsables de la iniciativa. Su presencia «nos recarga la energía», afirmó, haciendo referencia a los voluntarios que desde hace tiempo ya trabajan en la zona promoviendo distintos proyectos productivos.
«Yo siempre pienso que son chiquilines que no tienen ningún tipo de necesidades. No tendrían por qué estar peleando, ni trabajando, ni luchando por nosotros, y sin embargo vienen todos los sábados y domingos y si tienen que venir entre semana lo hacen.
Dejan cosas para venir y siempre te están contagiando energía», reflexionó luego de algunos meses de trabajo conjunto.
Es de destacar que en el asentamiento 24 de Enero hay aproximadamente 70 viviendas de emergencia construidas por Un Techo para mi País. Lourdes y su esposo apostaron a tener una casa de material que está en pleno proceso de construcción, puesto que hace relativamente poco tiempo se mudaron a esa zona.
«No tenemos ningún lujo ni nada del otro mundo pero nos estamos haciendo nuestra propia casa», concluyó.
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