LA PRIMERA ALUMNA

Villa García muestra a la tarde un infinito verde hacía el oeste de la ruta 8, en el kilómetro 21, y al este algunas casitas que se mezclan con el asfalto de la carretera. La Iglesia gris y de angosto perfil, justo en frente de la Escuela 157, es cuidada por un inmenso árbol de verde primaveral en el invierno montevideano y -por qué no decirlo- rural. Las risas de los jóvenes en el liceo vecino forman parte de esta historia, que también cuenta viejos relatos y que un día, tal vez en cien años, cuente que allí todo cambió.

«Pensar que acá hace 20 años no teníamos saneamiento y hoy vienen las computadoras», cuenta Luis Larroque, cuyo apellido es todo un símbolo para la zona. Su padre y su madre fueron a la Escuela 157 cuando ésta se encontraba justo al lado de su almacén «Luisito». La tía de Luis, Maruja Larroque, fue la alumna número uno.

Clotilde Gastaldi, madre de Luis, recordó a su hijo los «refuerzos de dulce de leche». «Mi viejo vendía los famosos refuerzos de dulce de leche en la puerta de la escuela, preguntale a cualquier alumno de la generación del 40 que se acuerda de eso», contó con una sonrisa.

La escuela para la zona es todo un símbolo del trabajo de la comunidad. Los abuelos de los actuales alumnos construyeron con sus propias manos el edificio cincuentenario que alberga a la institución que en 2008 cumplió un siglo, y que festeja esta historia, aunque, esperanzada, piensa más en el futuro

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