La magia de la vocación

Mario Roldós tiene 17 años y transmite una profunda madurez en cada una de sus palabras. Luego de un fugaz encuentro con la trompeta, en la escuela de música de Primaria -«era como un hobby»-, descubrió en la fundación, a los 10 años, el violín. «Por suerte encontré lo mío», afirma. Karen Martínez, en tanto, también tiene 17 años y se dedica al clarinete, un instrumento que comenzó a tocar «por curiosidad», cuando tenía 9 años. Ambos exhiben un profundo entusiasmo, un gran agradecimiento por lo que les da la fundación y el convencimiento de que quieren dedicarse profesionalmente a la música.

La sensación de que la fundación es «como una familia» -en palabras de Tatiana, de 13 años, que asiste a la orquesta infantil- se siente en el aire. Karen y Mario saben que la formación que han obtenido, tanto aquí, con la visita de destacados maestros, como en el exterior es, literalmente, impagable.

«En lo posible, no quiero irme del Uruguay, pero sí pienso ir y volver, y no quedarme estático», dice Mario, sabedor de que la carrera para un músico en nuestro país está, «por desgracia» -como él mismo define-, acotada. A pesar del esfuerzo y la intensa dedicación («en el liceo estudiamos lo mínimo necesario, aunque tenemos buenas notas», dice Karen, porque «un músico tiene que hacer mucho más que venir a clase», como explica Mario), están seguros de que su futuro está en el arte que eligieron en la infancia.

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