Prejuicios. "Niños portadores de VIH siguen siendo discriminados"

Elaborarán políticas para atender a huérfanos por sida

El Ministerio de Salud Pública y Unicef comenzarán una investigación sobre los niños que han quedado huérfanos a causa del sida. El objetivo es elaborar políticas para atender a una población vulnerable y desconocida.

«No hay datos sobre los huérfanos que ha dejado esta epidemia en nuestro país. Es necesario que estudiemos su situación para saber qué les falta y tomar medidas al respecto», dijo el doctor Jorge Quian, director del Centro Nacional de Referencia Obstétrico Pediátrico de VIH, ubicado en el Hospital Pereira Rossell. Allí se atiende el 90% de las madres que padecen este mal.

 

En carne propia

No todos los niños que han perdido sus padres a causa del sida se encuentran en la misma situación. Están aquellos que, además, contrajeron la enfermedad por vía vertical (de madre a hijo). Estos se atienden en la policlínica del Pereira Rossell, que abrió sus puertas en 1990. Desde entonces, allí se han asistido 200 chicos portadores de la enfermedad.

«Todo ha cambiado desde la llegada de los medicamentos antirretrovirales, alrededor del año 98 -explicó Quian-. Antes de eso no había tratamiento, y perdíamos muchos niños. Esto cambió la historia. Hoy su calidad de vida es muy distinta».

Sin embargo, lo que no ha cambiado es la discriminación que enfrentan. «En los centros de estudio es una realidad cotidiana. También es frecuente entre los propios equipos de salud, que tienen prejuicios para atenderlos, aunque lo nieguen. Cada año hay episodios de discriminación abierta, sobre todo en las escuelas. No se dan cuenta de que estos no los van a contagiar», dijo Quian.

 

Una pesada carga

Sin embargo, también hay un amplio número de huérfanos que no padecen VIH. De hecho, la transmisión vertical es cada vez menos frecuente (de 2 a 3%), aunque las autoridades apuntan a que se reduzca aún más (menos del 1%). No existe ningún centro específico para atender a estos niños, ni tampoco políticas concretas.

«Muchos de ellos terminan con algún familiar, casi siempre un abuelo, que generalmente no está apto para afrontar la situación, a la que se suma la muerte de su hija o hijo», dijo Quian. El médico recordó que el sida es una enfermedad «cada vez más femenina, joven y pobre», por lo que las familias en las que se cobra una vida no están preparadas para asumirlo, ni económica ni emocionalmente.

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