"La adopción en Uruguay es vista como una solución para los adultos"
Durante 2007 se concretaron 57 adopciones a través del INAU, de las cuales 8 correspondieron a niños con capacidades diferentes. Por otra parte, se recibieron 135 solicitudes, lo que deja un saldo de 78 parejas que se agregan a la lista única de espera de la institución.
Sobre los tiempos de espera, Scarone afirmó: «Se suele utilizar el argumento de los tiempos que demora el INAU para que se den situaciones fuera de los marcos institucionales».
-Es común escuchar que es mucho el tiempo que se debe esperar para adoptar a través del INAU.
-Siempre se está pensando desde el lugar del adulto. Vivimos en una sociedad adultocéntrica, en la que los adultos son los primeros en tener derechos y el niño siempre es el último. Es difícil que las adopciones sean entendidas como la restitución del derecho a que el niño viva en una familia.
La adopción en nuestro país es vista como la solución de las parejas que no pueden tener hijos, por tanto lo importante es darles una respuesta rápida a esos adultos. Esa inmediatez nos habla de la imposibilidad de que las personas hagan un proceso de deseo y preparación para una adopción.
Tener un hijo no es una necesidad; las necesidades son instancias primarias en el ser humano: tengo necesidad de comer, de tomar agua. No existe la necesidad de tener un hijo; no me muero si no lo tengo, es un deseo.
-¿Cuál es el trato con la familia de origen?
-Se trabaja con la imposibilidad de hacerse cargo del niño y se trata de revertir la situación.
-¿Cuáles son la garantías del menor?
-Ese niño va a ir a una familia que va a respetar sus derechos, su propia historia, y lo va a integrar a la familia no como si fuese su hijo biológico, sino como el hijo adoptado que tiene un origen diferente. La adopción es uno de los últimos recursos porque significa un cambio de filiación y de identidad para el niño.
El tabú sobre la infertilidad entra en juego en estos casos…
-Hoy en día hay muchas parejas, mujeres y hombres, que dicen abiertamente que no pueden tener hijos. Eso no quiere decir que se realice el proceso necesario para poder elaborar ese duelo. El no poder engendrar es una situación muy difícil, en la que tienen que intervenir terceros para que las personas comprendan que es posible «maternar» o «paternar», y sin importar el origen.
Ante la infertilidad, la gran mayoría de las personas dice: «Pobres, no pueden tener hijos». Ese juicio los habilita para poder hacer un montón de acciones fuera de los marcos exigidos por el código.
-¿El Estado tiene más responsabilidad cuando se trata de adopciones?
-Sí. Es interesante que hay gente que se preocupa por la exigencias que tiene INAU, y en realidad no son diferentes a las que hay en otros países del mundo. Son más exigentes las adopciones internacionales.
-¿Cuáles son las exigencias?
-Hay que presentar la documentación cuando la pareja solicita día y hora en el departamento, donde son atendidos por un psicólogo o asistente social. Se les informa no sólo sobre los requisitos legales, sino sobre la forma de trabajar. Se abre un expediente y se asigna una dupla técnica para trabajar con ellos.
La primera etapa es la de estudio. Son valorados los aspectos sociales y psicológicos. Si esa valoración es idónea, se pasa a formar el registro único de aspirantes. Allí comienza la preparación para recibir a un nuevo integrante de la familia. Las demoras no son de los trámites; se dan porque es mayor la cantidad de solicitudes que se reciben que los niños.
Es importante señalar que la madre biológica tiene 30 días a partir del nacimiento del niño para reclamarlo. Dentro de ese período la provisionalidad es absoluta. Las parejas con las que trabajamos están informadas de que la mejor opción es que ese niño sea reintegrado a su familia original. Su primer derecho es vivir con su familia.
-¿También es mayor la solicitud de recién nacidos que de niños de más edad?
-Hace tiempo venimos trabajando con las parejas para revertir ese tema. Hoy en día tenemos un promedio de 100 personas, en 200, que desean integrar niños de un año hasta ocho. También incluyen grupos de hermanos. Es una de las preocupaciones que tiene nuestro equipo.
-¿Cuál es el período promedio que una pareja debe esperar?
-En el caso de los niños pequeños, recién nacidos a un año, es de cuatro años y medio. En el caso de los mayores hasta ocho añosno podemos establecer un tiempo, porque la situación es más compleja. En estos casos no se tiene en cuenta el orden cronológico de la lista.
Historias de vida
-¿Se realiza un seguimiento de los casos?
-Desde el momento de la integración trabajamos un año más. Luego de ese seguimiento, y como el nivel de confianza es muy grande, muchas veces se mantiene el contacto, y si se presenta un problema, las familias se acercan al departamento. Es importante la confianza, sobre todo en el caso de los adolescentes.
Hay funcionarios que han recibido invitaciones a cumpleaños de 15, fotos por mail, o saludos de fin de año. La valoración es muy positiva; el vínculo queda establecido.
-¿Cómo se maneja la historia del proceso de adopción?
-El INAU garantiza que hoy o mañana, cuando el niño sea grande y quiera conocer su historia, cuente con informes técnicos. La cuestión de la identidad es muy importante. Saber de dónde vengo me permite saber a dónde voy. Es fundamental saber la historia personal.
Un trabajo que llevamos adelante, que es bastante difícil por la respuesta de la sociedad, es la de la adopción de niños con capacidades diferentes. Ellos también forman parte del Código de la Niñez y de la Adolescencia. Debemos restituirles sus derechos a vivir con una familia.
En 2007 fueron 8 los niños adoptados. Hoy en día hay recién nacidos a quienes no se les ha podido dar una respuesta porque son portadores de VIH. Es cierto de que no es para cualquier familia ni para cualquier pareja, pero como sociedad debemos darles una respuesta a estos niños.
Desde lo judicial
El abogado Edgard Marzarini resaltó el perjuicio que las adopciones por fuera de lo institucional causan a todas las partes.
«Hace tiempo que desde la institución venimos trabajando, incluso con el Poder Judicial, en el tema de las guardas puestas. El INAU siempre ha querido terminar con esto», dijo. «Guardas puestas» es el término que se utiliza para denominar a la entrega directasde un bebé.
«Se ponen de acuerdo las partes y la mamá biológica le entrega un bebé a una pareja. Enseguida corren al juzgado y plantean una situación ya consumada. En ese caso no hubo un debido proceso para ver si esa era la única solución a la que se podía llegar», explicó el profesional.
«La ley dice que hay que respetar una forma. Primero hay que respetar el derecho a que el niño viva con su madre y buscar todas las alternativas para que permanezca con ella. Al presentarse una situación ya consumada no se puede hacer nada», añadió.
«Los tiempos de los niños no son los mismos que los de las instituciones, de los adultos, y mucho menos de los trámites judiciales. Un niño puede haber estado con la pareja un mes, tres, o cinco años», concluyó Marzarini.
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