TIENE LA PALABRA

Adopción: debemos repensar lo bueno y lo malo

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

En estos últimos días se puso en el tapete el tema de las adopciones por parte de parejas homosexuales.

Muchas personas no son partidarias de esta posibilidad por plantearla como antinatural, fuera de las buena costumbres y en gran medida, de una gran dosis de homofobia. Esta última razón es la que subyace en todos los «argumentos» contra el tema.

¿Antinatural?, ¿a qué se refieren con esa argumentación? Antinatural es que una pareja que no puede procrear adopte y en consecuencia cumplan el rol de padres si la naturaleza se los ha negado; pero legalmente existe esa posibilidad.

No debemos olvidar que tanto las sociedades occidentales, como las normas que las rigen, las «buenas costumbres», son creación de nuestra especie y no producto de la naturaleza. Nuestra cultura nos impuso a las nuevas generaciones ideales de hombre, de belleza, de familia, de normalidad, que nada tienen que ver con nuestra naturaleza animal en pos de una supuesta naturaleza superior. Está en nosotros evaluar esos ideales y forma de vida, no tomarlos como verdades absolutas y ser un poco más críticos; facultad que sí debemos desarrollar producto de una verdadera condición natural.

Ante la posibilidad de ir evolucionando, de transformar nuestro medio ambiente, hay que ir tomando en cuenta la variedad de opciones que se van generando como ser la diversidad sexual, no «tapar el sol con un dedo» y ser conscientes de que todos tenemos los mismos derechos y obligaciones (aunque en la práctica no se respeten) y luchar para que se haga efectiva esta última afirmación.

La homosexualidad, nos guste o no como opción, es una realidad y no condiciona en absoluto nuestra capacidad de sentir, de brindar amor y de obrar como verdaderos hombres y mujeres, por lo tanto no es nada racional querer impedir que dos personas, aunque sean del mismo sexo, críen y le den un buen porvenir a una personita desprovista de afectos.

Si el problema que se sugiere es la falta de una figura paterna o materna y la posibilidad de que el niño «copie» la forma de vida de los padres adoptivos, habría que puntualizar algunos aspectos. No por tener por padres a dos personas del mismo sexo, el individuo va a carecer de la imagen «complementaria» pues las relaciones sociales a las que nos vemos sometidos las personas forman un universo muy rico, y no podemos por ende pensar que solo la experiencias del hogar condicionan la vida de un niño.

Tanto la escuela, el club deportivo, y otros tantos ambientes como la casa de abuelos, de tíos, de amigos pueden proporcionar figuras tanto masculinas como femeninas que complementen las experiencias y el desarrollo psico-sexual del niño.

En consecuencia, podemos optar por esa gama de personajes para ir formando su personalidad si además a eso le sumamos que la posibilidad de ser en el futuro hetero u homosexual nada tiene que ver con imposiciones sino con formas de sentir.

Pero como el problema central es la homofobia, la posibilidad de ser, sentir y obrar libremente, deberíamos de ponernos a pensar, como hacíamos referencia al principio, en la posibilidad de deshacernos de nuestros tabúes, de repensar «lo bueno y lo malo» y en que no es condición suficiente pertenecer a un hogar donde los padres sean heterosexuales para garantizar la felicidad y la libertad. Ejemplo de ello todo lo que está saliendo a la luz con los asesinatos y abusos a menores, la violencia doméstica que lejos está de ser patrimonio de niveles socio-económicos carenciados.

Preocupémonos de cosas verdaderamente importantes como ser la erradicación de la pobreza, el cumplimiento de los derechos humanos, de hacer de este sistema uno más justo y equitativo, donde un niño, un adolescente tenga la verdadera oportunidad de crecer y transformarse en un verdadero hombre o mujer, feliz y realizado para que pueda de esa forma generar y brindar en sus pares amor, verdaderas «buenas costumbres» e ideales de vida.

CARLOS ALEJANDRO  VARALDI FERNANDEZ  [email protected]

 

Propuesta: el  Uruguay que  queremos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Un país productivo con «justicia social», pero incentivada por sus propios valores, principios y estrategia, emergente desde la propia clase trabajadora, nacional, latinoamericana y mundial. ASU participa del Encuentro Nacional por Soluciones con vocación unitaria, de aporte emergente desde la propia clase trabajadora (nacional, latinoamericana y mundial), ASU, participa en el Encuentro Nacional por Soluciones con vocación unitaria, de aporte cooperativo organizado, con motivo de nuestro 35 años del Centro Cooperativista Uruguayo en el «momento de mayor turbulencia».

Los procesos de globalización e integración que hoy vivimos a escala mundial, regional, de cada uno de nuestros países, nos interpelan muy crudamente sobre la problemática del desarrollo concebido no sólo como un mero crecimiento económico sino como el proceso de una mejora sostenida en la calidad de vida de todos y cada uno de los seres. Estamos dando pues un contenido integral a nuestra noción de desarrollo concebido que exige considerar el conjunto de factores involucrados (políticos, económicos, sociales de género ambientales y culturales) para una total y cabal respuesta a las necesidades humanas.

La denominada globalización comprende un proceso de cambios vertiginosos de un conjunto de fenómenos que son producto de una revolución tecnológica y de comunicaciones que conllevan desde la apertura de los mercados hasta los procesos de concentración económica y trasnacionalización que hace que los propios estados no tenga hoy un pleno dominio de sus economías. Los equilibrios macroeconómicos son condición necesaria para plantearse con seriedad un proceso de crecimiento que son condición suficiente para un proceso de desarrollo integral, como el que anhelamos.

Es preciso implementar políticas sociales y fundamentalmente, atender los problemas estructurales y de la distribución para alcanzar niveles aceptables de justicia social.

Y esto lleva sin duda también al campo macroempresarial.

HECTOR GUGLIA C.I. 833.348-1

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