Testimonio. Una antigua serena del edificio cuenta que escuchó ruidos y tuvo visiones inexplicables

La casa de Penza, ¿está encantada?

Cristina Martínez es funcionaria de la comuna duraznense hace doce años. Estuvo más de uno cumpliendo tareas como serena en la casa de Penza. Previamente, desarrolló igual función en el Taller de Artes Plásticas, en el Conservatorio de Música, en la Biblioteca Municipal y en la Casa de Deportes.

«Estoy bastante curtida en esta tarea, pero lo que viví en la casa de Penza, sobrepasó todo lo lógico y normal que le puede ocurrir a una persona. Es de creer o reventar», le dijo a LA REPUBLICA, cuando conversamos sobre los sucedidos en la antigua casona del médico filántropo italiano.

 

Grandes sustos

En este marco, Martínez vivió «desagradables momentos, inexplicables», propios de una novela de Agatha Cristie, aunque sin personajes físicos, ni víctimas. ¿Espíritus tal vez?

Martínez cuenta que mientras estuvo como serena en la casa, escuchó llantos de bebés, ruidos de puertas y ventanas que se abrían, cortinas que se corrían, golpes en las paredes, luces que se apagaban y prendían misteriosamente, una gran araña que se movía y, una noche, el rostro de un hombre moreno, entrado en años. Todo ello sin explicación lógica alguna. Por más de una vez, la empujó a dejar su tarea.

«Estaba sola, y claro que sí, me asustaba. Los duraznense creo que algo ya sabían, porque me preguntaban si era cierto que en esa casa pasaban cosas raras», contó.

«En la casa hay una habitación, que el intendente Vidalín cedió a los periodistas de Durazno para que la utilizaran como sede de su asociación. La puerta está siempre cerrada, pero la cortina que hay allí se corría sola. Es como ese jueguito: cuando una levanta una cortina para mirar hacia fuera, se movía, pero no había nadie. Un compañero que vio eso, me dijo: ‘Cristina, tenés razón, se mueven las cortinas’. Entonces recuerdo que le dije: ‘Bueno, por lo menos ya somos más de uno los que vemos estas cosas'».

«Recuerdo un domingo, como a las diez de la noche. Vi que se empezaba a mover la araña del comedor. Llamé a una amiga, María, para contarle lo que estaba pasando. ‘Salí de ahí, mujer’, me dijo. Yo le contesté que no me animaba».

«De repente se apagó la luz de la cocina, donde yo estaba. La verdad que me había asustado. Me dijo que iba para allá, y cuando llegó, yo ya estaba afuera. Volvimos a entrar, y la araña se seguía hamacando como si hubiera un viento fuerte, o como si alguien la empujara. Le dije que me iba. Junté mis cosas y me volví caminando de espaldas hacia la entrada», prosiguió la funcionaria.

 

Entre los carruajes

«Otra de las cosas que me pasó, ocurrió un sábado. Apronté el mate y salí para donde estaban las cabellerizas, donde se guardaban los carruajes. De pronto vi la figura de un moreno, un hombre viejo, entrado en canas, que se asomó de repente», relató Martínez.

«Ahí sí, el corazón parecía que se me juntaba con la espalda. Empecé a retroceder despacito, hasta que llegué a la puerta. Ahí me quedé firme, mirando bien atenta, y el hombre seguía ahí. En ese momento se me ocurrieron un montón de cosas. ‘¿Estaré chiflada?’, me pregunté», recordó.

La anécdota finalizó felizmente. «Cuando el hombre se asomó me agaché. Me movía para ver si era yo la que estaba viendo cosas. Me encerré en la habitación y pasé tranca. Estuve horas encerrada en la cocina, y no pasó más nada», dijo Martínez.

Cristina Martínez, comentó: «Entendidos que he consultado dicen que pueden ser espíritus que están en la casa y que no se quieren ir. Me dijeron que no me asustara, que no eran malos, que por alguna razón no querían dejar la casa. Uno se hace una montón de conjeturas, y más cuando ve cosas que escapa a lo normal. Más allá de que unos crean, o no, se burlen o no, algo hay en esa casa».

 

La vieja casa de don Emilio Penza

La casa de Emilio Penza Berlingieri, ubicada en pleno centro de Durazno, data del año 1878. A fines de este año dio comienzo su construcción, que finalizó a principios de 1905. Correspondía, según los historiadores, a la Belle Epoque, proceso que se centró en París y que se ubica entre 1870 y 1914, cuando se inicia la Primera Guerra Mundial.

«La casa contempla en su interior un estilo arquitectónico de la Belle Epoque, tanto en sus ornamentaciones como en los solados de sus paredes que representan pinturas originales, de artistas traídos de Francia. Se ha mantenido casi inalterable en sus aspectos pictóricos», contó el restaurador Enrique Costa.

La casa posee tres grandes habitaciones, corredor, baños, biblioteca, consultorio y cocina. En el patio exterior, otras dos habitaciones, escaleras, una despensa, altillo, cochera, caballeriza y un aljibe completan la planta física de la señorial mansión.

Sin embargo, la casa ha saltado a la fama por su millonario y polémico inodoro.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje