Apuesta. Científico que investigó modo de multiplicar por 100 defensa contra virus, retorna para trabajar en biotecnología

"La ciencia no es sólo inteligencia,sino también suerte y perseverancia"

El científico de 36 años es biólogo y tiene una maestría realizada en nuestro país. Hace 4 años que se fue a trabajar a Canadá, junto a su esposa y su pequeña hija. Le fue muy bien y su trabajo salió publicado en la prestigiosa revista científica Nature.

­Volviste a Uruguay, luego de 4 años en Canadá y estás ejerciendo la ciencia en nuestro país. ¿Qué dificultades y mejoras encontraste en tu retorno?

­Las principales dificultades en Uruguay son las salariales, porque si bien la Universidad de la República ha tenido una mejora, el IRPF nos está matando. Lo que nos han dado por un lado, nos lo sacan por otro.

En estos momentos estoy escribiendo el proyecto de investigación para comenzar a trabajar. Lo bueno que encontré es que ahora se habla más de ciencia que antes. Otro punto positivo es que hay muchos estudiantes que quieren progresar, salir adelante. Es bueno volver y tener estudiantes para formar.

Creo que en este gobierno se está discutiendo más sobre ciencia, porque antes no te dejaban ni siquiera participar. Hoy en día hay varios compromisos al respecto.

 

­¿Cómo te fue en Canadá?

­Estuvimos en Montreal, en la provincia de Quebec, una ciudad preciosa y muy fría, porque tienen inviernos largos. Fue muy bueno, aprendimos un montón de cosas, como idiomas, más el enriquecimiento que te aporta vivir en otro país. Como experiencia de vida es muy buena.

Estuvimos muy cerca de quedarnos en Canadá, pero el país te cincha, así como la familia y los amigos. Cuando llegamos de vuelta a quedarnos en Uruguay, al principio todo fue euforia, pero luego empezamos a ver nuestros problemas como país. Tenemos que readaptarnos, pero estamos contentos de haber vuelto.

 

­¿Fue difícil volver?

­Fue difícil tomar la decisión de venir, porque si nos quedábamos en Canadá seguro que iba a tener trabajo, en una universidad o en una compañía. Los salarios son mucho mejores. La educación es muy buena; había muchas cosas positivas por las cuales quedarse.

Pero también estaba lo otro: la familia, el país, las raíces. Al final estabas entre quedarte allá y realizarte económicamente o volverte a pelearla y remar. Pero con otras ventajas, con la familia cerca para que los hijos se críen con ellos. Para nosotros la vuelta fue una apuesta, porque queremos trabajar y hacer cosas.

Para la mayoría de la gente que emigra, es una decisión difícil. Uno, cuando esta acá, no se da cuenta de lo que tiene. Cuando estás allá y te das cuenta de que vas a estar toda tu vida en ese país es bravo. Porque no podés venir todos los años; podrás hacerlo cada 3 o 4 años, aunque si estás solo es distinto.

En lo personal me afectaba estar allá en Navidad y Año Nuevo, lejos de la familia. A mi compañera le afectaba en el cumpleaños de mi hija porque no había nadie. Teníamos amigos uruguayos, pero tenían la suerte de poder venir todos los años. Teníamos también amigos cubanos, italianos, que también eran familias solas, y esa era la realidad. En Canadá es normal porque tienen una cultura distinta, son más fríos.

 

-¿Tuvieron algún tipo de problema por ser extranjeros?

– No, teníamos muchos amigos canadienses, nunca sentimos discriminación. Pero estábamos en una zona que tiene mucha inmigración y sé que en Europa es totalmente distinto.

-En la prestigiosa revista Nature publicaron un trabajo científico tuyo que tuvo gran renombre en nuestro país y fuera de fronteras. ¿Cómo se originó?

-Fue el producto de un trabajo de tres años, que hicimos junto a mi amigo y colega Mauro de Viale, si bien dirigimos el grupo trabajamos con un montón de gente más.. Un descubrimiento importante, que ayudaría a controlar la respuesta inmune innata del individuo. Fue un proceso muy lindo pero muy duro, porque pasás por etapas muy buenas y otras en que estás perdido y no sabés hacia dónde ir.

El descubrimiento es lo que da lugar a donde lo publicás. Uno no dice «Voy a trabajar en esto para publicarlo acá». Hay gente que arranca con esa premisa, pero después el descubrimiento no es lo que vos esperabas y termina en revistas más chicas.

En este caso comenzó al revés, como algo chico que no sabíamos lo que era, que derivó en algo más grande y se publicó en Nature.

 

-¿Fue un impacto para ustedes la publicación en esa revista?

-Sí, porque no es fácil publicar en Nature, muy poca gente puede hacerlo. Incluso en la comunidad científica dicen que es una cuestión de inteligencia y no es así, sino que también influye en parte la suerte que tengas y la perseverancia. Se trabaja mucho, todos los días.

La verdad que valió la pena, porque muchos compañeros míos que trabajaron duro, ni siquiera pudieron publicar el trabajo.

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