Terapia Sexual

Qué tal estimada Soledad, en LA REPUBLICA del día de hoy, he visto publicada la siguiente consulta y su respuesta:

«Hola, soy una persona de bastante edad, casado. He tenido durante toda mi vida una relación sexual más que buena con mi esposa…magnífica. Pienso que nunca he sido infiel porque nunca he tenido una amante.»…

«Tiene usted un concepto de la fidelidad muy particular… que si coincide con el de su esposa, es válido, si no no.La doble moral sexual, o ley del embudo, que permite todo al esposo y nada o muy poco a la mujer, es propia del machismo que no genera «parejas» que implican igualdad de responsabilidades y derechos, sino un sometimiento de uno hacia la otra, ya que ésta debe aguantar lo que sea, cerrar los ojos y tolerar ser tratada no como una igual, sino como alguien inferior. El clásico DE que se debía usar en el apellido, ya dice mucho de la falta de reciprocidad del vínculo».

Si bien estoy de acuerdo en lo que usted escribe sobre moral sexual , y ley del embudo, no coincido en que la causa del problema sea machismo o desigualdad social entre el hombre y la mujer, mi opinión es que esa diferencia o desigualdad es biológica, natural. Es por eso que en otras sociedades existan varias esposas para un sólo hombre, y no sucede lo contrario en ninguna sociedad (corrígame si estoy errado). Por el hecho de que las relaciones sexuales biológicamente son para procrear, es lógico que un hómbre que es fértil los 365 días del año (corrígame si estoy errado), sienta un impulso mayor al de la mujer a tener relaciones con más frecuencia, y de ahí lleve a tener más de una mujer. Es más, hasta psicológicamente hay diferencias, pues los hombres si nos enteramos que nuestras mujeres se acuestan con otro, no continuamos jamás la relación (salvo raras excepciones), en cambio sé de muchos casos (casi todas las parejas que conozco) en que la mujer si bien sufre un tiempo, continúa con la relación, lo acepta y sigue adelante. Creo que más allá de las reglas sociales que se creen siempre se imponen las reglas biológicas. Y me parece que la regla social más antinatural es la monogamia masculina. Espero su respuesta, saludos.

 

Estoy de acuerdo con usted en que no somos iguales el varón y la mujer biológicamente, y que más bien podemos hablar de complementariedad en lo que tiene que ver con la procreación. Pero lo veo muy identificado con la ideología machista que no acepta la equivalencia, es decir, que los dos sexos tienen igual valor y por ende, pueden asumir roles, obligaciones y tener derechos y necesidades similares.

No pienso como usted en que las relaciones sexuales SON para procrear, más bien entiendo que, entre seres humanos, el objetivo fundamental es la búsqueda del placer y la comunicación afectiva, sin negar que también sirva para reproducirse.

De ser como usted dice, ¿qué sentido tendría para una mujer embarazada tener relaciones sexuales? y el varón, ¿por qué lo haría? y las mujeres que ya han tenido la menopausia? ¿no tendrían más interés? … ¿Su teoría también consideraría que los varones que no son fértiles no tienen que tener tanto deseo sexual?

Y más aún: ¿cómo ubica usted el deseo sexual con el control de la natalidad o los que se hacen la vasectomía porque no desean tener (más) hijos?

¿Sabía que los varones que han sido castrados, es decir, no tienen más los testículos, no pierden el deseo sexual, sin embargo, no tienen posibilidades de engendrar ni son fértiles?

En los libros antiguos se cuenta que en los harenes había varones castrados para satisfacer a las mujeres, ya que el dueño del mismo no podía, sin el riesgo de dejarlas encinta.

Con respecto al otro tema que me plantea, de que la mujer sigue la relación después de saber que su pareja se acostó con otra y que los varones no, conozco muchos varones echados de su casa y muchas mujeres buscadas y aceptadas incluso con un embarazo de otra pareja.

Nuevamente su conclusión hace referencia a la ideología machista que impedía que la mujer se mantuviera económicamente y que siguiera ligada por esa razón o los hijos, a un marido que no la merecía y no niego que hayan existido y que aún existan muchos de esos casos.

En cambio el varón no perdonaba, por su machismo y amor propio heridos, por no poder aceptar ser un «cornudo consciente», según la terminología corriente.

Dentro de las leyes machistas de nuestro país estaba que la mujer que engañaba a su marido perdía todos los derechos sobre los bienes gananciales…

No por suerte, sino por esfuerzo de los grupos de mujeres que luchan por esa equidad, es que hoy las cosas están cambiando y hay muchas «parejas» en todo el sentido de la palabra.

El ser humano, a diferencia de los animales, por el hecho de tener la capacidad de comunicarse verbalmente, ha podido transmitir, generación tras generación sus experiencias, logrando así el avance en todo terreno, tanto científico, como cultural, social, etc.

En este tema de la monogamia, pienso que también se han transmitido las dificultades y contrariedades que supone el harén, ya que se ha ido dejando en desuso en casi todo el mundo.

Para vivir en sociedad, ha sido necesario establecer algunas reglas. No serán lo «más natural» o espontáneo que sale a los individuos pero es lo que permite la convivencia. Y quien no quiera cumplirlas, será castigado, apartado o aislado, de acuerdo a las mismas.

Por lo mismo, la persona inteligente, debe saber poner en la balanza qué es lo que desea hacer con su propia vida.

La psicóloga y sexóloga Soledad Márquez contestará, a través de esta columna, las preguntas que se le dirijan al teléfono 9084510, al e-mail [email protected] o a la redacción de La República (NO RESPONDE PREGUNTAS HECHAS A SU CELULAR POR SMS) (Avda. Garibaldi 2579, Montevideo).

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