TIENE LA PALABRA
¡Basta señores del Sunca!
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Otra vez otra muerte en la construcción y ¡otra vez paro de protesta del Sunca!
Que hay obreros contratados en «negro», que no se toman medidas de prevención de accidentes, todos sabemos que eso ocurre todos los días y no hay como controlarlo.
Los dirigentes del gremio dramatizan la situación expresando que queda una señora viuda que, para colmo de males, no goza de buena salud.
Pues bien señores, si lo primero es incontrolable, lo segundo puede subsanarse en parte con ayuda económica de ustedes, que en lugar de hacer paros, deben trabajar y donar el producido de los jornales del día a dicha viuda que queda totalmente desamparada.
Una y mil veces se ha alzado ese pedido pero el Sunca hace oídos sordos. ¡Basta señores del Sunca! La única manera de ayudar a esa pobre mujer, ahora sola, enferma y sin un jefe de familiar que aporte un sueldo, es trabajar por lo menos un día para ella y juntar unos pesos que por lo menos, le ayudarán a paliar su situación mientras se inicia un juicio que durará años para cobrarle al contratista, si se puede, una indemnización por el accidente.
Saluda cordialmente:
FERNANDO LEMA VILLAVERDE C.I. 1.657.888-5
La desagradecida Europa
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Moría el siglo XIX cuando mi abuela, hasta entonces acostumbrada a una vida económicamente holgada, pierde a su esposo, un próspero terrateniente de Vallo della Lucania, Provincia de Salerno, pequeña ciudad próxima a Nápoles.
Queda con cinco hijos pequeños, indefensa dada su absoluta ignorancia de cómo administrar aquel mundo para ella desconocido.
Después de luchar contra quienes abusaban de su indefensión, que incluían incluso familiares, sabiendo que muchos compatriotas cruzaban el Atlántico para vivir en una América que los recibirían con los brazos abiertos, reunió las liras que pudo y se lanzó a una aventura, al igual que muchos europeos lo hacían en aquellos tiempos previos a la Primera Guerra Mundial.
Fuimos generosos y muchos tenemos sangre europea, a mucha honra, porque esos humildes laburantes forjaron el Uruguay que nos enorgullece.
Uruguay los recibió como a tantos otros miles de europeos.
No les midieron el dinero que traían ni investigaron su nivel intelectual.
Les abrimos las puertas, por ejemplo, a un personaje muy conocido hace unas décadas, Alfonso, que vendía números de lotería en los tranvías montevideanos.
Vivía en Colombes 1588 con su madre y su hermana Filomena, ninguno «clasificado» para vivir entre nosotros. De todos modos, estos inmigrantes también ayudaron al crecimiento del Uruguay.
Un siglo después, España recompensa aquella generosidad nuestra rechazando a los compatriotas que desean afincarse allí, maltratándolos y devolviéndolos a nuestro país, salvo que tengan ciertas «virtudes» que los hagan «dignos» de acompañar a los delicados españoles Modelo Siglo XXI.
¡Bien harían algunos europeos en repasar sus libros de historia y rectificar su conducta egoísta y desagradecida!
MARTIN COBRE C.I. 560.304-3
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