Voluntarios de Un Techo para mi país en plena etapa de incentivo laboral
En un encuentro Latinoamericano de Microcréditos que culminó ayer con una visita al asentamiento 1° de Mayo, voluntarios de Perú, Chile y Uruguay intercambiaron experiencias y compartieron los logros y aciertos de la gestión de trabajo que se está llevando a cabo en cada uno de los lugares.
Cabe recordar que la labor se divide en tres etapas; la primera es la construcción de las viviendas de emergencia, la segunda es el desarrollo de diversos planes de formación integral de los vecinos beneficiados en primera instancia con las construcciones. Estos consisten en planes educativos, de salud, capacitación en oficios y desarrollo de mano de obra, entre otras cosas. Y por último, una vez generada la conciencia colectiva se llega a la instancia de viviendas definitivas y a la conformación de un barrio.
En un asentamiento de nuestro país, los voluntarios ya comenzaron a trabajar en la segunda etapa. Lo que implica, entre otras cosas, que las familias accedan a un microcrédito el cual permite a las familias desarrollar un negocio redituable y por tanto mejorar la calidad de vida.
Experiencia chilena
En Chile, país donde comenzó Un techo para mi país, hay asentamientos que ya han superado todas las etapas. Es por este motivo que sirve de referente para los voluntarios de las organizaciones de otros países.
Cristián Briones, coordinador nacional del Programa de Microcrédito de Chile, comentó sobre Un techo… de Uruguay: «Me sorprendió gratamente, están en proceso de crecimiento pero hay como una mística impresionante y muchas ganas de hacer cosas». Luego puntualizó: «Creo que lo más difícil es atraer a los jóvenes y eso acá está alcanzado de sobra, ahora sólo falta más compromiso de las empresas para conseguir más fondos».
Microcrédito en Uruguay
Mientras que en Chile ya se han entregado 2.500 créditos, en Uruguay la experiencia comenzó en julio del año pasado en el asentamiento 1° de Mayo, ubicado en San Martín y Capitán Tula. Sofía Abate, voluntaria de Un techo… y coordinadora del Programa de Microcrédito, explicó que «se trata de préstamos económicos que conllevan responsabilidad solidaria», es decir que si bien se desarrollan negocios individuales, el cumplimiento del pago de las cuotas implica a todos los vecinos del asentamiento.
Los préstamos efectuados iban de 50 a 100 dólares y el cobro del dinero por parte de los voluntarios fue semanal. Con el monto adquirido hubo vecinos que hicieron negocios de compra y venta de ropa o productos de limpieza, mientras que otros elaboraron comida casera para vender. «Evaluamos la experiencia como positiva, el 75% de los beneficiarios pagó su cuota en fecha y casi la mitad de los vecinos respondió por algúno que no podía pagar», comentó la coordinadora del programa de Microcréditos.
Siendo la solidaridad entre vecinos fundamental pues además de desarrollar un negocio redituable, Un techo… apunta a crear unidad en la comunidad.
Previo a la entrega de los préstamos los voluntarios concurrieron en forma semanal a los asentamientos, generando instancias de intercambio con los vecinos. Allí se incentivó la importancia que tiene el trabajo para mejorar la calidad de vida y se promovió el desarrollo de negocios redituables.
Por otra parte, las propuestas no nacieron de los voluntarios, sino que de los vecinos. La tarea de los integrantes de Un techo… fue estudiar la viabilidad del negocio para luego aprobar el préstamo. En las próximas semanas, vecinos de 1° de Mayo volverán a recibir préstamos económicos. Asimismo la experiencia se ampliará a otras zonas donde ya fueron construidas las viviendas de emergencia.
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