QUE PAGUEN ELLAS
Las mujeres vienen marchando. Y recuperando espacios de poder. Ese era el tema del mediodía en el boliche del Chiquito Otegui. Epifanio, que ya cargaba entre pecho y espalda alrededor de una docena de grapas con ruda, había tomado la palabra y estaba embalado.
-Está perfecto. Es hora de la equidad. Las mujeres son más sensibles, razonan con más claridad y el machismo retrógrado las había postergado por siglos. ¿Quién se puede oponer?
-¿Te parece que darles poder por cuotas está bien? preguntó, escéptico, el Flaco Petrulo, a quien se le había pasado la calentura después que en la esquina, cuando venía, unos gurises le gritaron una rima escandalosa con su apellido.
-¡Hay que largar! respondió Epifanio. No podés discutir años y quedarte siempre en el mismo lugar.
¡Yo ‘toy contentazo…! exclamó Ruedita.
Epifanio no le dio cuarto de bola: Como decía, esto va a producir una revolución en los partidos políticos, que están anquilosados… Será una savia nueva. Muchas cosas van a cambiar.
¿Qué estás tomando? preguntó el Chiquito Otegui.
¿Por…?
No sé. Me parece que te entreveró las cuatro neuronas golpeadas que te quedan. ¡Los partidos los hicieron los machos! Dar tanto poder a las mujeres va a entreverar la baraja… ¡Si ahora ya no paran en la casa, imaginate lo que va a ser! ¿Quién me va a cebar el mate?
-¡Qué cacho de patriarca de cuarta resultaste, Chiquito!
-Y bué… No quiero perder ciertas comodidades. ¡Me las gané laburando!
-Careta, vos no te avivaste que el mundo cambió. ¡La mujer labura a la par del hombre, gana su dinero, tiene capacidad y derecho a asumir responsabilidades!
-¡Por eso ‘toy contentazo! repitió Ruedita, luego de un eructito con olor a caña con higo verde.
Epifanio no aguantó más: -A ver, guanaco, ¿por qué estás contento?
-¡Si van a gana’ má guita, mejo’! ¡Cuando lleve a la Gladi’ al mueble podrá garpa’ ella, loco!
Es paradójica la forma como, a veces, se alcanza el consenso en temas tan serios.
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