DIABETES Y DISCAPACIDAD VISUAL
En Uruguay un 8% de la población sufre de diabetes, aproximadamente 240.000 personas, cifra ésta que se verá incrementada en los próximos años de forma significativa como consecuencia directa del sedentarismo, la obesidad, hábitos alimentarios inadecuados y una mayor expectativa de vida. De éstos el 10% serían diabéticos tipo 1 (insulino dependientes) y el 90% tipo 2 (insulino independientes), siendo estos últimos los que aumentarían en número en los próximos años, como señaláramos.
Más allá del aumento de la prevalencia, la situación es compleja debido al desconocimiento general de la población sobre esta patología. Cifras internacionales muestran que uno de cada dos diabéticos desconoce que sufre dicha enfermedad.
Por ello, resulta trascendente realizar campañas de prevención y aumentar las revisiones periódicas de estos pacientes, lo que puede permitir mejores medidas terapéuticas y la prevención de las complicaciones a largo plazo, como la retinopatía diabética, principal causa de pérdida de visión entre los adultos en edad laboral en los países industrializados. En Uruguay, respecto a la discapacidad declarada como principal en la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad (CNHD-INE, 2004), el mayor porcentaje (31,3%) refiere a las dificultades para caminar y en orden de importancia le siguen la visión (ceguera o limitaciones para ver) que representa el 25%, siendo el glaucoma la primera causa de deficiencia visual y la retinopatía diabética la segunda.
En todo el mundo se estima que más de 2,5 millones de personas presentan ceguera como consecuencia directa de la retinopatía diabética.
Los resultados de varios estudios realizados en los países desarrollados muestran que casi el 60% de los diabéticos manifiestan no estar preocupados o no ser conscientes del riesgo de pérdida de visión o de algún otro tipo de complicación vascular relacionado con su enfermedad.
El 60% de las personas con diabetes incluidas en estas investigaciones no tiene la sensación de encontrarse en riesgo de pérdida de la visión o de amputación de sus extremidades. Más del 40% de estas personas consideran que los problemas derivados de la diabetes pueden presentarse de igual forma, independientemente de cuál sea su actitud y comportamiento ante la enfermedad.
Una de cada 4 personas con diagnóstico de complicación vascular (microangiopatía diabética) comunica que su calidad de vida ha empeorado, bien sea de forma moderada o severa.
Más del 50% reconoce presentar síntomas de algún tipo de neuropatía diabética y la retinopatía diabética llega a alcanzar una prevalencia del 67% en aquellos diabéticos con más de 20 años de evolución de su enfermedad.
Se ha insistido en que es necesario que los pacientes sean conscientes de que la diabetes es una de las principales causas de ceguera en las personas adultas.
Según la OMS más de 50 millones de personas pueden desarrollar algún grado de retinopatía diabética a nivel mundial. Asimismo se estima que esa cifra puede llegar a duplicarse en los próximos 25 años si no se desarrolla un adecuado control mediante prácticas efectivas. Por lo dicho, surge claramente la necesidad absoluta de mejorar las revisiones oculares, no sólo por la propia salud de las personas sino por el hecho de que se afecta la economía de los países, ya que los costos asociados con la disminución de la visión o la ceguera son enormemente elevados.
Por lo dicho, como en tantas otras patologías, la prevención debe estar basada en la correcta educación de la población y de las personas afectadas y en la asunción por parte del personal de la salud de un rol preventivo, aspecto esencial en el complejo entramado de la salud.
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