Degenerativa e irreversible. Un mal por el que el ser querido se vuelve un desconocido y una cruz para la familia

La enfermedad de Alzheimer: una patología que no tiene retorno

El Alzheimer es quizás una de las enfermedades más tristes que pueden afectar a un ser humano. La persona se vuelve una desconocida para sus allegados; una difícil carga económica y sobre todo afectiva, que genera estrés y cansancio.

 

Caminos sin retorno

María, de 80 años, está sentada mirando la televisión. De repente se levanta y con un brillo juvenil en la mirada, dice que su madre la está esperando y que si no llega a tiempo la va regañar.

Amanece y Juan camina perdido por la ruta, mientras se aleja de la ciudad. Un auto frena, un hombre asoma la cabeza y le pregunta: “¿Adónde va, tío?”. El caminante lo mira con detenimiento. “A mi casa”, le contesta, aunque vive en dirección contraria. “Súbase que lo llevo más rápido”, le dice dando la vuelta, mientras piensa que va a llegar tarde a su reunión en Montevideo.

En un barrio de la capital, Ana teje un complicado punto cruz. “La ves así, muy tranquila, pero me tiene cansada”, le dice Gabriela a una amiga. “Se olvida de bañarse, ensucia todo, no sabés lo que es esto”, explica angustiada.

 

Enfermedad centenaria

Estas son escenas que suceden todos los días, parte de una enfermedad muy compleja que, a pesar de tener más de 100 años de identificada como tal, sigue sin tener una cura.

Audas funciona en Uruguay desde el año 1991. Su compromiso es apoyar a la familia y al cuidador principal. “Es una enfermedad muy cruel, porque no solamente afecta al paciente sino también al núcleo familiar”, indicó su presidenta, Nancy Secco.

El Alzheimer es una enfermedad que poco a poco va destruyendo las neuronas del cerebro, altera el paso de la información entre las células y por lo tanto distorsiona el contacto del paciente con su entorno.

Es la patología más común entre las enfermedades mentales. Ocupa el 60% de las demencias. Es degenerativa, progresiva e irreversible. Para la organización es muy importante que la población pueda identificar con antelación los síntomas, y por ende, al menos, atenuar sus efectos y mejorar la calidad de vida.

 

Conocimiento y educación

“En la medida que la familia conozca la enfermedad, va a comprender los distintos cambios que tiene el paciente. Va a darse cuenta que no es que se haga el loco”, explicó Secco. “A veces vienen y nos dicen que no saben si la persona les está tomando el pelo, porque por momentos tienen reacciones totalmente normales”, relató.

Los síntomas de este mal pasan, por ejemplo, por la pérdida de la memoria reciente. Sin embargo, lo que ocurrió antes de la enfermedad lo recuerdan bien. Tienen problemas para realizar tareas cotidianas, como barrer, arreglar el jardín u otras. Se desorientan en el tiempo y en el espacio, y tienen problemas en la continuidad de las tareas. Por ejemplo, empiezan a hacer algo, al rato la dejan y desean hacer otra cosa. También guardan objetos en lugares que no son comunes y olvidan algunas palabras.

Los cambios de humor son comunes. Una persona alegre, de repente se convierte en triste. “En la primeras etapas de la enfermedad se dan cuenta de que algo les está pasando. Sufren y notan que su cabeza ya no razona”, explicó Secco.

 

Suicidio desesperado

Audas cuenta con un decálogo para guiar a los familiares en el tratamiento de los pacientes. Tarea que no es nada fácil y se vuelve cuesta arriba cuando el resto de la familia se hace a un lado. Incluso se han dado casos donde el cuidador se muere antes que el enfermo. “Hace días en la filial de Minas, un señor se suicidó porque no podía más con la enfermedad de su esposa. No es común pero sucede”, relató con tristeza Secco.

Otra solución muy común es internar al enfermo en un geriátrico. Para Secco no es lo ideal, ya que las casas de salud son un “depósito de viejos”. “La gran mayoría no tienen personal especializado ni suficiente para atender a los pacientes”, afirmó.

La presidenta de Audas señaló que en un residencial con 15 ancianos, en caso de que uno padezca Alzheimer, “es imposible atender a todos con propiedad”. Secco opinó que el único lugar con un buen centro diurno es en el Piñeiro del Campo.

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