Más que aberración: "El abuso sexual se debe al lugar que damos a los niños"
Pamela Silva era violada desde hacía dos años por su padrastro. Una beba de Artigas murió luego de ser reiteradamente vejada por su propio padre. Parecería que existen más casos de abuso sexual que tiempo atrás, aunque el aumento de su difusión podría explicar que más víctimas como ocurrió con la adolescente del barrio Atahualpa días atrás se animen a relatar su calvario.
Desviación y más
La mayoría de los casos de abuso sexual infantil tienen como victimario a un adulto muy cercano al niño. La sola mención del delito aterra, pero son muchos más los casos que se ocultan entre cuatro terribles paredes que los que salen a la luz.
El abuso no conoce diferencias de clase, aunque en las más altas suele pasar más desapercibido. El Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav) atendió, entre abril de 2007 y abril de 2008, 267 casos de violencia contra menores. El 28% eran de índole sexual. Los dos tercios de los agredidos fueron de sexo femenino. En el 85% de los casos, la violencia es ejercida por un familiar.
El psicólogo y sexólogo Ruben Campero afirmó que el abuso sexual no puede explicarse teniendo en cuenta sólo el perfil del agresor. «Tienen baja autoestima y ponen como objetos sexuales a cosas o seres que no pueden consentir. Un niño no está en condiciones cognitivas, afectivas y sociales como para tolerar un contacto sexual. Es como si le pasara un camión por encima», indicó. Más allá del trastorno psicosexual del abusador que no tiene un perfil preciso y suele parecer un perfecto vecino, el fenómeno no puede explicarse sólo por factores individuales. «Algunos autores hablan de una crisis de la idea de infancia como una edad de la pureza y la inocencia.», señaló. La sociedad ha erotizado la figura infantil durante décadas. «Se ha acortado la distancia entre la imagen de un niño y un adulto. Usan la misma ropa y escuchan la misma música. Debido a la violencia simbólica, parecerían estar al mismo plano en una relación erótica», indicó.
Cuestión de poder
Para el sexólogo, en una sociedad occidental donde toda diferencia equivale a sometimiento, la relación adulto-niño no es ajena. Esto explica que gran parte de los abusadores sean padres, padrastros o abuelos. El sometimiento lleva a que las víctimas puedan optar por culparse de lo sucedido. «Es un mecanismo de defensa. Al niño le parece preferible sostener al adulto que perderlo», afirmó.
Consecuencia del infierno
Las víctimas de abuso sufren, inevitablemente, efectos, pero su grado dependerá de varios factores, como el tiempo en que estuvieron expuestas al abuso, la relación que mantenían con el victimario o el tipo de violencia que sufrieron. Las consecuencias son innegables, y pueden pasar, en la adultez, por la apatía sexual una barrera para no revivir los recuerdos o las conductas compulsivas para «intentar manejar la angustia que el infierno despertó».
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