Historias
Tercera época Por Antonio Pippo
Hablemos de historias, pero clínicas. A ellas se refirió el Director Nacional de Salud, doctor Jorge Basso, con un juicio radical: «Si las instituciones de salud no manejan bien sus historias clínicas no ofrecen buena atención».
No las manejan bien, claro.
La mayoría de la población lo ha podido comprobar en centros sanitarios públicos y privados, a lo largo de su tiempo de vida o el de muchos de sus familiares. Aunque hay excepciones, la regla prueba que esas historias suelen estar desordenadas, incompletas y llenas de errores, se pierden misteriosamente o le desaparecen páginas de un modo que induce a pensar en la magia.
Según el nuevo Sistema Nacional Integrado de Salud, el manejo correcto, profesional de la historia clínica de un paciente es uno de los principales indicadores asistenciales. Pero entonces, si las cosas siguen como hasta hoy, casi todos los hospitales y mutualistas no aprobarán esta materia.
Es increíble que suceda algo semejante en una época signada por los avances científicos y tecnológicos, entre los cuales va a la cabeza la informática. Empero, cualquiera sabe que hasta la mutualista más presuntuosa sigue con la antiquísima acumulación de hojas, cosidas con hilo, que portan de un lado a otro, a puro pulso o en coquetos carritos, unos muchachos cuya función es la de una especie de carteros sin constancia de certificación de entrega.
La otra verdad o sea, además de la carencia de prolijidad y las irresponsabilidades administrativas es que hay culpa de los médicos. Basta observarlos atentamente cuando incorporan diagnósticos, resultados de estudios o análisis y otras informaciones clínicas, del mismo modo que es instructivo ver al colega que lo sigue, cuando toma la misma historia y se vuelve loco buscando un dato que debería estar en cierto lugar pero, cual si tuviese vida propia y picardía, le juega a las escondidas.
Hablemos de historias, dije. No. Antes, que las hagan como se debe.
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