Esto es un tango
Hay peripecias que son un tango. O un compendio de tangos. Esto se me ha ocurrido sobre el excepcionalmente largo conflicto entre la intendencia Municipal de Montevideo y sus trabajadores.
Se escucha al intendente Ehrlich:
«¡Qué desencanto más hondo,/ qué desconsuelo brutal,/ qué ganas de echarse en el suelo/ y ponerse a llorar…»!
Aparece la voz de Mabel Lolo:
«Estás desorientado y no sabés/ qué trole hay que tomar para seguir./ Y en este desencuentro con la fe/ querés cruzar el mar y no podés».
Entonces surge el suave pero firme registro de Jorge Rodríguez:
«Yo esperaba/ porque siempre soñaba/ la paz de una aldea/ sin hambre y sin balas./ Qué amargura/ la de estar de este lado/ sabiendo que enfrente/ nos llama el pasado…».
Interrumpe entonces Marcelo Abdala, con su estilo más de payador:
«No me escribas, yo prefiero/ no tener noticias tuyas./ Tengo miedo, mucho miedo que tus cartas me hagan mal…».
Después, por un rato y quizá debido a la acumulación, ya no se identifican bien las voces. Alguien de la Intendencia canta:
«La araña que salvaste te picó/ ¿qué vas a hacer?/ y el hombre que ayudaste/ te hizo mal/ ¡dale nomás…!».
Del otro lado resuena de inmediato la respuesta:
«Por ser bueno me pusiste/ a la miseria,/ me dejaste en la palmera,/ me afanaste hasta el color…».
No demora el rebote de la autoridad:
«Para el record de mi vida/ sos una fácil carrera,/ que yo me animo a ganarte/ sin emoción ni final…»
Ni el contragolpe contundente, otra vez declamado por Mabel Lolo;
«Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida,/ ya me tenés bien requete amurada./ No puedo más pasarla sin comida/ ni oírte así, decir tanta pavada…».
Alguien abraza a Ehrlich y le murmura, piadoso:
«¡Qué desencuentro!/ ¡Si hasta Dios está lejano!/ Llorás por dentro/ todo es cuento, todo es vil./ En el corso a contramano/ un grupí trampeó a Jesús…/ No te fíes ni de tu hermano,/ se te cuelgan de la cruz…».
No hay caso. Si siguen así, ni el tiro del final les va a salir.
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