La sobremesa del Domingo. Un actor que entretiene y conmueve a los uruguayos a través del humor, Gustaf

Estoy en la lucha entre ser "For ever young" y tener una vida convencional

Soy actor. Lo que hago básicamente es escribir las cosas que actúo, aunque también me gusta interpretar textos de otros autores. Desde que comencé me he especializado en el humor, pero calculo que la vida tal vez me irá llevando por otros géneros.

De hecho cuando actué en «La Sangre» no interpreté un personaje que tuviera que ver con el humor y en «Uruguayos campeones», una serie que dirigía Adrián Caetano, tampoco. Digamos que soy un actor que escribe.

 

— ¿Se te conoce por Gustaf, un nombre de personaje?

— Sí, en realidad yo soy Gustaf, es mi seudónimo artístico.

Como ocurre con Sandro o Shakira. ¿Cómo se llama Sandro? Roberto Sánchez. ¿Y Shakira?, nadie sabe cómo se llama.

Gustaf soy yo. Después en el teatro está el Gran Gustaf que es como mi alter ego.

 

Mucho humor

— ¿Te sentís identificado con personajes alegres?

— Sí, que hacen reír. Está bueno el concepto de alegría porque a veces ocurre, sobre todo en televisión, que los programas de humor son programas que no trasmiten alegría. No quiere decir que siempre que uno hace humor tienen que ser desde ahí, pero creo que el concepto de alegría es suficientemente importante para plasmarlo tanto en el escenario como en una pantalla de televisión.

Creo que al final, cuando le decís a alguien «alegría», la palabra es como muy superficial, pero me parece que es un sentimiento muy difícil de transmitir.

 

— ¿El humor también lo reflejás en el vestuario?

— Sí. Cuando hago las cosas a nivel teatral, el tema de la estética me interesa mucho. Por ejemplo en la obra que reestrené, la estética es muy fuerte, tiene que ver con lo punk y con lo oriental; está basada en la historia de la película «Kill Bill». Es el primer espectáculo que tiene escenografía virtual, o sea que voy a estar adelante actuando y la pantalla de atrás está todo el tiempo proyectando imágenes.

 

–¿Cómo se llama tu nueva obra?

«La Venganza».

 

— ¿Reestrenás tu trabajo?

— Sí. Yo lo que hago con los unipersonales es que los estreno y en realidad los reestreno. No creo que el teatro sea una cosa que la estrenás y después no ensayas más y la dejas ahí. Me parece que no es una película, en la cual no tenés posibilidad de corregirla. Para mí el teatro es arte en movimiento, por más que yo no me considero un artista.

«La Venganza» la estrené en el 2005 pero de esa época no sé si quedan rastros, queda el esqueleto y ahora es un espectáculo que tiene escenografía virtual.

 

— ¿Qué te hace decir que no sos un artista?

— Me parece que artista es una palabra muy elevada. Es alguien que transforma las cosas, las convierte y se las da al público de determinada manera para hacerles ver nuevas cosas; me parece que tiene que ver con la alquimia. El artista es un estado superior.

Yo creo que soy un actor y que estoy en el mundo del entretenimiento. Me conformo con entretener, con no aburrir. Después claro, a partir de que se tiene a la persona agarrada, entre las manos, me interesa decir algo, como a todos.

Lo fundamental es, entretener y después conmover, en este caso mediante la risa.

 

— ¿Y qué cosas tenés para decir?

— No sé si cosas para «decir», pero sí me interesa que se hagan preguntas, porque las soluciones… quién soy yo para dar soluciones. Las soluciones tal vez las tengan que dar los políticos, yo no redacto borradores de leyes y todas esas cosas. Soy un tipo que se sube al escenario y cuando alguien está aburrido paga una entrada y en una hora se entretiene, ríe o llora.

No intento darle más trascendencia a lo que yo hago.

En esta obra hay dos temas que trato que tienen que ver con la posmodernidad. Primero el estrés. Quién no se estresa, ¿no?; arranco el espectáculo hablando de mi abuela. Esas personas que trabajaban ocho horas, diez, quince horas en una textil y tenían diez hijos y hacían las camas y cocinaban para toda la familia y se levantaban a las cinco de la mañana.

En la obra le pregunto al público si esas personas se estresaban, si conocían la palabra estrés. Si bien la evolución trae muchas soluciones también trae otros problemas.

El otro tema que trato es la identidad: ¿qué es ser oriental? Se juega con el oriental del otro lado y el oriental de acá.

Son temas que sobrevuelo, hago preguntas nada más.

Actor popular

— ¿Cómo fue pasar de un ambiente más «under», con poco público a estar en medios masivos con tu personaje Atilio Capanga?

— Para un actor es bárbaro que te reconozcan por el personaje. Si un personaje queda algo bien habrá hecho. El tema de ser masivo y de ser reconocido por la gente es lo que busca todo actor; gratifica.

 

— ¿En ningún momento te absorbió el personaje?

— No. Porque hice otras cosas. Por ejemplo ahora la gente me saluda y me dice «William Cash», son etapas. Lo que pasa que la tele la ve todo el mundo, llega a lugares insospechados.

 

— ¿Qué sensación te dio cuando todo el mundo en la calle te empezó a reconocer?

— Me gratificaba. En el momento que salió Atilio Capanga estaba haciendo «La sangre» en el sótano de El Mincho, eran el ensayo de una obra durísima. Terminaba a las tres de la mañana o las cuatro, en todo ese período yo estaba en otro mundo, no agarré bien la onda de la trascendencia que tuvo.

Recién cuando salía de día, después de dormir, e iba a determinados lugares empecé a firmar autógrafos. Es lo que todo actor quiere, a mí nunca me ha molestado. Yo me tomo mi tiempo con las personas, charlo, me interesa saber de dónde vienen.

Está ese prejuicio de que «si es muy popular es de baja calidad» y no está bueno, no es así. Yo soy un actor popular, que hace productos populares como «Sólo para reír» en televisión, y lo hago con el corazón.

 

— ¿Cómo te llevas con tu público cuando estás de mal humor?

— No tengo mal humor, sí paso por períodos donde estoy triste o estoy alegre.

Pierde Fénix y me entristezco.

 

— ¿Entonces, estás triste muy seguido? (risas)

— Sí, estoy triste muy seguido (risas).

Hablando en serio, me pasa lo que le pasa a todo el mundo, si estoy mal con una novia, me pongo triste pero no soy de reaccionar mal.

Para mí el público es sagrado. Los tipos que reciben lo que uno hace es sagrado, además no le daría vuelta la cara a nadie.

 

Amor por la actuación

— ¿Haces otras cosas además de actuar?

— Sí, pero tengo muy pocas cosas. Estoy en una edad de crisis donde me estoy empezando a dar cuenta que tal vez haya cosas más importantes que el trabajo, realmente las hay. El tema de los afectos, y todo lo que conlleva eso.

El tema de las relaciones humanas; tengo una mente que vive pensando las veinticuatro horas en la actividad del entretenimiento.

 

— ¿Pero te hacés tiempo para ver a tus afectos?

— Me hago mi espacio, pero no tendría que pensarlo tanto, a veces le doy prioridad a escribir, a la radio o planificar lo que voy a hacer mañana. También a cuidarme, duermo mucho antes de cada act
uación, no soy de trasnochar.

Me parece que con el tiempo iré trabajando más con la idea de darle más tiempo a las cosas que son realmente importantes.

Lo que pasa es que es muy difícil vivir. A mí me resulta difícil vivir, a mí me resulta muy difícil vivir porque no es como en el teatro, en el teatro ensayás, pero viviendo improvisás todo el tiempo y te equivocás seguido. No hay libretos, te tendrían que dar un manual por lo menos; es una sola vida.

 

— Hablás como una persona que ha vivido mucho. ¿Cuántos años tenés?

Yo aparento muchos más de los que tengo. Tengo 32.

 

— ¿Entraste en la crisis de los 30?

— Sí. Estoy en una lucha conmigo mismo entre ser «For ever young» y tener una vida convencional, pero bueno, las mujeres son muy lindas… y bueno, uno cede ante la tentación.

 

— ¿Por ahora no has pensado en formar una familia?

— Es una vieja pregunta que me hago. Si yo te digo la frase: «Con la vida que llevo…» vos pensás cualquier cosa, pero en realidad es que tengo horarios que a veces no son compatibles con otras personas. Por ejemplo esta semana me tenía que ir a Argentina porque había un rodaje, pero lo tuve que suspender, el año pasado me fui una semana a Chile a rodar, mis tiempos son complicados.

 

-¿Nunca tuviste una pareja del medio artístico, que tenga el mismo ritmo de vida que vos?

— No se ha dado, pero también tengo muchas actividades: hago radio todos los días, hubo un tiempo que escribía para un diario, tele, ahora teatro, experiencias de publicidad para otros países; entonces casi nunca puedo establecer un vínculo, cuando lo establezco es muy efímero. Pero también muy provechoso. (Risas).

— ¿Te da para vivir la actuación?

— Por el momento sí, pero nada más. Eso me genera angustia.

 

— ¿Y para ahorrar?

— No. Por eso. Pero me gustaría ahorrar. Me genera una gran infelicidad empatar, pero siento gran felicidad al hacer solamente esto.

 

— ¿Siempre pudiste vivir solo del espectáculo?

— Sí, empecé de re-pibe. Cuando tenía 17 años gané un premio de Teatro Joven y ya hacía publicidad para el exterior, ya tenía mi propio dinero. Y desde los veintipocos pude mantenerme, hasta el día de hoy.

 

— ¿O sea que siempre trabajaste vinculado al arte?

— No, también trabajé repartiendo diarios, fui ayudante administrativo, nunca tuve problema para trabajar. Y hubo un tiempo en que agarraba trabajos y duraba solamente un día porque me aburría. Pasaba el típico test de las grandes empresas y me iba bárbaro, pero llegaba al otro día y me deprimía. Trabajaba ocho o diez horas en un galpón y me sentía como un pajarito enjaulado, entonces los dejaba.

Tuve como tres o cuatro trabajos que eran excelentes, pero no me sentía libre, entonces trabajaba un día y me iba. Era patético.

 

— ¿Pero tu familia te bancaba?

— Sí, pero yo tenía facilidad para encontrar trabajo y generaba mi propio dinero.

Sobre todo con la actuación. Entonces mi familia veía que yo no era un atorrante que decía «soy actor» y me iba a fumar. Siempre estuve en un movimiento constante.

 

— ¿Cómo es trabajar en los medios en nuestro país?

— A mí me han llamado, me han convocado, me han hecho propuestas que a veces me sirven y a veces no.

 

— ¿A qué le decís que no?

— A cosas que no tengan que ver con la actuación.

 

— ¿Pero hiciste también conducción?

— Sí, pero hice «Las Grandes Ligas» que era a partir de un personaje, no sé si yo conduciría.

Cosas que linden con la actuación sí. Me llaman porque establezco cierta empatía con el público, pero me interesa más lo que tenga que ver con la ficción, con la actuación y siempre trato de meter la ficción en los lugares que me convocan, siempre hacer las cosas desde un personaje.

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