Barcos beodos
-¿Vieron? Epifanio entró como una exhalación al boliche. -¡Dos fragatas uruguayas chocaron en el Atlántico!
Todos, ya tempranito ubicados frente al mostrador, con el Chiquito Otegui sirviendo las primeras copas, se dieron vuelta a mirarlo, sorprendidos.
-¿Vo’ decí en l’agua grande? preguntó Ruedita.
-Claro, abombado respondió cortésmente Epifanio-, si te digo en el Atlántico… ¡No es la boca del Cufré!
-‘Tonce no se puede cree’ e’nadie… -dijo Ruedita, afligido y bajando la cabeza para dar un chupetazo a su grapa con aloe.
-¿Qué querés decir, cacho de carne de gancho? interrogó el Chiquito a Ruedita, aullándole en la cara y haciéndole volar la caspa del cerquillo.
-Y… ¡si se mama’sta lo’ barco’!
Epifanio se puso como loco: -¡Cómo se van a mamar los barcos, guanaco! Esto fue una maniobra equivocada, justo cuando las fragatas de la Armada entraron en un banco de niebla durante una maniobra de aproximación…
Pero a Ruedita no se lo llevaban por delante así nomás: -¿Y lo’ pelotudo’ que lo’ manejaba’ no tenía’ oriculare’?
-¡Binoculares, mejillón de inodoro! le espetó sin piedad el Chiquito.
Epifanio trató de centrar la discusión, que amenazaba salir de un cauce normal: -Por lo que leí, hay especialistas que aseguran que son embarcaciones viejas y que en ellas viaja mucha gente que jamás ha navegado… ¡hasta algún comandante!
-La’ vieja’ borracha’ son piore’… acotó Ruedita, con una sensatez arrolladora. ’Tan mamada’ y son vieja’… ¡Mejo’ que choque’ntre ella’!
-¡Es imposible hablar con un nabo tamaño obelisco! gritó Epifanio.
-¿Ah, sí? contraatacó Ruedita, empecinado. Pa’ que sepa’ vo’ y la loca e’ tu vieja, que chupa com’una sopapa, yo, en la niebla, nunca choqué… A lo mejo’ ando medio pata loca, ¡pero abro lo’ brazo’ y s’abre lo que venga!
Las fragatas, por lo que se sabe, se salvaron con daños menores. Pero anoche el boliche zozobró. Y todos, hasta el patrón, durmieron en la comisaría.
¿Tal vez algo premonitorio?
Compartí tu opinión con toda la comunidad