"DISCAPACITADOS HOY"

DISCAPACIDAD Y ACTIVIDAD FISICA

El objetivo final de la realización de alguna actividad física moderada o intensa, deporte o ejercicio físico, va dirigido a la mejora de la calidad de vida, pero si esta actividad es desarrollada por personas con deficiencias o algún tipo de discapacidad no sólo procura la recuperación de su estado funcional y su independencia sino que además de beneficiarlo desde ésta perspectiva ayuda a la mejora de su salud y acentúa su bienestar.

De todas las secuelas funcionales de la enfermedad sobre todos los órganos y sistemas, aquellas relacionadas con el aparato locomotor son las de mayor prevalencia, en la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad (CNHD ­ INE 2004) se muestra que respecto a la discapacidad declarada como principal, el mayor porcentaje (31.3%) refiere a las dificultades para caminar, ya sea el no caminar o el tener limitaciones para movilizarse. En orden de importancia le siguen las deficiencias visuales y las auditivas que representan el 25% y el 13.6% respectivamente.

Dado que la función de la actividad física es el movimiento, el que a su vez actúa sobre el aparato locomotor moldeándolo para que éste pueda cumplir en mejor medida con su cometido, puede decirse que «la función hace al órgano» o al menos contribuye a mejorarlo.

En los casos de deficiencias neuro-músculo-esqueléticas el objetivo de la rehabilitación es recuperar la movilidad y la independencia funcional. Antes se aconsejaba el reposo evitando la actividad y el esfuerzo físico, pero en las últimas décadas del siglo pasado esta conducta varió recomendándose la actividad física de las personas con estas deficiencias.

Asimismo debemos señalar que la actividad física reglada mejora la salud global de la persona, su bienestar psicológico y la función física aún en aquellas personas aquejadas por diversas enfermedades. Los efectos saludables son pues múltiples y probados, no sólo en la rehabilitación sino también en la prevención de enfermedades de las personas con y sin deficiencia.

Así la práctica de actividad física junto con una adecuada alimentación forman parte sustancial de un estilo de vida saludable y se torna en un elemento básico de la promoción de la salud.

La Encuesta Nacional sobre Hábitos Deportivos y Actividad Física (INE 2005) nos muestra que el 60.3% de la población del Uruguay que reside en áreas urbanas es sedentaria lo que disminuye su calidad de vida y aumenta el riesgo de padecer enfermedades y deficiencias derivadas.

La actividad física tiene efectos sobre el metabolismo, mejora el control de la glucosa previniendo la aparición de la diabetes en el adulto, también disminuye las lipoproteínas de baja densidad y actúa sobre el control del colesterol y la aterogénesis causa de patologías cardiovasculares contribuyendo a su prevención.

Disminuye el tejido adiposo y ayuda a combatir la obesidad que es un factor de riesgo de múltiples enfermedades entre ellas de la artrosis de rodilla.

Reduce los sentimientos de ansiedad y depresión y ayuda a dormir mejor, favorece el control del estrés, contribuye a mejorar las funciones cognitivas y mejora la circulación sanguínea disminuyendo así la posibilidad de desarrollar trombosis, disminuye la presión arterial y ayuda a dejar de fumar entre otros efectos positivos.

Por todo lo mencionado la actividad física en general contribuye como se señaló a mejorar la calidad de vida tanto de las personas sanas o enfermas tengan o no una deficiencia pero especialmente en éstas últimas no sólo tiene una función rehabilitadora, sino que también cumple con un objetivo de prevención evitando la aparición de las complicaciones de sus deficiencias y la aparición de nuevas patologías concomitantes que empeoran su pronóstico y reducen sus expectativas de vida.

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