EL ACUERDO COMERCIAL CON EEUU: TIFA

Escrito por: Por Alberto Couriel |*|

Miércoles 23 de abril de 2008 | 3:21
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Estados Unidos constituye una potencia mundial de primer nivel por su hegemonía en los campos militar, financiero y comunicacional. Ostenta la hegemonía militar desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial en el mundo capitalista, y es de carácter global desde la caída de la URSS. La hegemonía financiera tiene casi treinta años y las decisiones en el centro financiero de Nueva York marcan este predominio. La hegemonía comunicacional deriva de que más del 80% de las imágenes que se ven en el mundo provienen de EEUU, con las consiguientes repercusiones sobre valores, motivaciones, logrando una enorme influencia sobre la opinión pública mundial. Estas hegemonías se reflejaron en la fuerza política de EEUU donde, en muchas ocasiones, el G7 se transformaba en el G1, pero las controversias originadas por la invasión a Irak le generaron debilidades políticas. A partir del 11 de setiembre de 2001 la política internacional se centró en la lucha contra el terrorismo. Para América Latina, además de los objetivos antiterroristas, se plantean los temas de las drogas y el narcotráfico y el de las migraciones con nítida prioridad frente a los temas de la pobreza y el desempleo que caracterizan a los países de la región. En materia comercial se planteó desde principios de los noventa al ALCA como un acuerdo comercial con el conjunto de los países latinoamericanos. Después de una serie de marchas y contramarchas, esta propuesta quedó sin efecto en la Reunión de Mar del Plata de diciembre de 2005, donde los países integrantes del Mercosur y Venezuela la rechazaron, entre otros argumentos, porque no contemplaba negociaciones sobre los subsidios agrícolas en EEUU. Este tema está en la OMC, donde la Ronda de Doha tiene enormes dificultades porque no está vigente la vía rápida en la legislación estadounidense. Ello obliga a tener una doble negociación con EEUU: por un lado con el gobierno de ese país y, posteriormente, con el Congreso, que tiene la posibilidad de abrir los acuerdos alcanzados y realizar todo tipo de modificaciones. Descartada la acción del ALCA, EEUU lleva adelante una estrategia de tratados bilaterales que en América Latina se concretan con Costa Rica, con el resto de Centro América y República Dominicana, con Chile, con Perú y el ya vigente con Canadá y México. Queda pendiente el TLC con Colombia, aprobado por el Congreso colombiano y con muchas dificultades de aprobación en el Congreso norteamericano. No olvidemos que en la lucha contra el terrorismo Colombia juega un papel relevante a través del Plan Colombia, que significa la participación del propio Ejército de EEUU en dicho país. En el reciente conflicto entre Ecuador y Colombia, el gobierno de EEUU quedó aislado en su apoyo incondicional a Colombia contra el resto de los países integrantes de la OEA. Cabe destacar un rol activo del gobierno estadounidense sobre estos tratados, como lo muestran las dos reuniones del secretario del Tesoro de EEUU con los ministros de Hacienda y Economía de México, Colombia, Perú, Chile y Uruguay en Montevideo, y la realizada recientemente en Miami. Estas reuniones se realizan con los países que firmaron TLC con EEUU, a las que se incorpora Uruguay con la anuencia del ministro de Economía de nuestro país.

En esencia, en la nueva estrategia de EEUU en materia comercial con la región, se privilegió a Uruguay para generar ­a nuestro criterio­ una especie de cuña dentro del Mercosur. Sin embargo el TLC entre EEUU y Uruguay no se concretó por una decisión directa del presidente de Uruguay, Dr. Tabaré Vázquez, que entendió que la solicitud del gobierno de EEUU de firmar un tratado de libre comercio similar al que se había efectivizado con Perú era una imposición y no una negociación. En lugar del TLC se hizo un acuerdo marco sobre comercio e inversión, más conocido por su sigla en inglés, TIFA (Trade and Investment Framework Agreement).

La realidad internacional actual muestra claramente que el mercado más apetecible del mundo es el mercado norteamericano, por su tamaño, su nivel de ingreso y su dinamismo, hoy afectado por su crisis financiera. Todos los países del mundo quieren acceder al mercado norteamericano y, por supuesto, también Uruguay. Por lo tanto el fracaso del TLC no responde a razones ideológicas o políticas sino a las propias conveniencias económicas del mismo.

El TIFA es un acuerdo marco para iniciar negociaciones desde cero. Para nosotros negociar con EEUU, tener las mejores relaciones posibles con la potencia hegemónica, incrementar las relaciones económicas en beneficio de ambos países, nos parece absolutamente positivo. Por ello vamos a votar favorablemente dicho tratado. Para Uruguay es esencial poder exportar recursos naturales con el mayor contenido tecnológico posible, con el mayor valor agregado y con el mayor empleo. Inclusive rubros industriales y de servicios de mayor contenido tecnológico. Pero Uruguay no tiene una estrategia clara sobre cuál es la más conveniente estructura productiva, como lo analizamos en otras oportunidades. En materia de bienes las exportaciones de Uruguay alcanzaron al 12% de las del último año, siendo esencialmente carne. Con la actual crisis de EEUU, el equipo económico manifiesta que dicho mercado puede ser sustituido sin dificultades por la Unión Europea, Rusia y los países árabes. Por otro lado no olvidemos que EEUU aplica subsidios a sus exportaciones agrícolas, ayudas internas a sus productores agrícolas, tiene productos sensibles, cuotas, contingentes, prohibiciones y progresividad arancelaria con el aumento del valor agregado. El acceso al mercado es uno los temas de mayores dificultades en la OMC y en la actual Ronda de Doha. El acuerdo marco incluye los inicios de negociación sobre servicios, un tema no suficientemente estudiado por Uruguay que nos obliga a negociar a la defensiva. Incluye propiedad intelectual, de interés fundamental para EEUU, que también nos obliga a acciones defensivas. Incluye compras del Estado, que es exclusivamente de interés de EEUU. Negociar es positivo pero habrá que analizar los costos y los beneficios de los acuerdos correspondientes. También importa que las propuestas de Uruguay tengan la más abierta discusión dentro de nuestra fuerza política.

|*| Economista, senador del MPP-FA

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