PARAGUAY: LOS CULPABLES DE LA ALEGRIA

Escrito por: Por Constanza Moreira |*|

Lunes 21 de abril de 2008 | 4:05
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“Ustedes son culpables de la alegría de la mayoría del pueblo paraguayo” dijo Fernando Lugo, al conocerse los resultados del sistema de Transmisión Rápida de Resultados Electorales (TREP), con 30% de los circuitos escrutados y coincidiendo con lo que arrojaban los resultados de las encuestas de boca de urna. Eran las 18:40 del domingo pasado. Los resultados arrojaban la victoria presidencial de Lugo, con 39.5% de votos, seguido por Blanca Ovelar, con 31.5%, y de Oviedo, con 21.6%. Al momento de escribir esta contratapa, los resultados parecían irreversibles, y las diferencias entre Ovelar y Lugo seguían aumentando.

Con un padrón electoral de casi tres millones de electores, el domingo se celebraron las elecciones probablemente más conocidas en la historia política reciente del Paraguay. Aunque en estas elecciones se votaba presidente, senadores, diputados, gobernadores y parlamentarios del Mercosur, la gran estrella era, claro está, la candidatura presidencial. En especial, cuando las encuestas daban como favorito a Fernando Lugo, representante de una alianza “por izquierda” de muchas organizaciones populares con el antiguo Partido Liberal, y promesa de cambio para la mayor parte del país.

El anterior presidente, Nicanor Duarte, había intentado infructuosamente aprobar una reforma constitucional que habilitara a su reelección, pero estaba en minoría en el Congreso y vio frustrados sus objetivos. Frente a esta situación, se libró una elección interna, donde Nicanor Duarte impuso la candidatura presidencial de Blanca Ovelar, frente al favoritismo de Luis Castiglioni, quien dio por sentado que saldría electo, aun a pesar de no contar con la anuencia del Presidente. Se equivocó. Por una apretada diferencia de cinco mil votos, ganó Blanca Ovelar. Castiglioni se retiró, ofendido. Denunció fraude en las internas. Era la segunda escisión que vivía el partido Colorado, sin haberse repuesto todavía de la primera, la de Lino Oviedo.

Lino Oviedo, aunque capturando votos colorados, está en franca oposición al partido, a quien sin mucho miramiento, trata de “corruptos” donde quiera que vaya. Hace ya diez años, Oviedo había ganado las elecciones en el partido, pero nunca consiguió ser investido porque un tribunal militar lo declaró culpable por la tentativa de golpe de Estado y lo encarceló. Fue esta la circunstancia en la que tuvo que encabezar la fórmula presidencial el segundo de Oviedo, Raúl Cubas. A poco de asumir Cubas (con los votos para Oviedo), forzó un indulto, lo cual motivó el pedido de un juicio político contra él. En ese momento se produce el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, y las manifestaciones en las cuales murieron más de diez personas. Dos períodos electorales más tarde, en estas lides actuales, Oviedo continúa en la lucha política, y a pesar de su trayectoria colorada, sus denuncias al partido constituyen parte importante de su campaña.

Con un Partido Colorado dividido, y un partido Liberal coaligado con el “fenómeno Lugo”, que representa una alianza de muchos movimientos campesinos, y sindicales, las elecciones del domingo fueron, como mínimo, atípicas. “Es la hora del cambio”, se sentía en todos lados. El acto final de la campaña de Fernando Lugo, dio cuenta de esto. Iniciando su discurso en guaraní, y salpicando guaraní con español, Lugo denunció a los que “robaron la esperanza” del Paraguay. Les habló a los jóvenes, a los migrantes, a los pueblos indígenas, a las mujeres, a los campesinos. También hubo analogías religiosas: “el domingo ­dijo­ es el día de la resurrección… Y resucitaremos”.

Los observadores internacionales, mientras tanto, habían invadido Asunción, y el clima de “observación” de unas elecciones donde los anticipos de fraude eran comunes en todos los candidatos, con excepción del oficialismo, parecía generar un cierto clima de control. Claro está que no faltaron algunos desmanes, gorros partidarios encubiertos en miembros de las mesas de votación, denuncias de compra de credenciales, y las inevitables dilaciones que provocaban los votantes de última hora.

Hacia la una y media de la tarde se hizo sentir el discurso de Luis Castiglioni, el perdedor de la interna colorada, anunciando la derrota del partido, debido a la “pésima dirigencia” que lo sostenía.

¿Qué es lo que explica este resultado electoral? Las hipótesis “politológicas” abundan sobre las fracturas al interior del Partido Colorado, el desprestigio del Presidente (quien a pesar de haber ganado con menos del 40% de los votos, tenía más del 70% de popularidad a poco de asumir, y luego cayó estrepitosamente) y el liderazgo ascendente de Lugo. Pero hay que tomar en cuenta algunos otros datos, que tienen que ver con aspectos más “estructurales” del proceso político paraguayo. Entre ellos, la expulsión creciente de los campesinos debido a la intensa explotación de la tierra producida por los plantíos de soja. La globalización de las comunicaciones, unida a los efectos globalizantes que tiene la altísima migración paraguaya a otros países (la emigración fue uno de los temas centrales de la campaña), parecen haber operado su efecto sobre un Paraguay ensimismado, donde la relación Estado-partido, era por demás monolítica. No es el desempeño económico el que explica la derrota del Partido Colorado. De hecho, en 2007, el país creció 6%, y el gasto social 2%. Sin embargo, el gasto social difícilmente consiguió “gotear” hacia abajo, y esto queda claro, por ejemplo, en las políticas de salud. A pesar de haberse incrementado notoriamente el gasto en esta cartera, las movilizaciones denunciando falta de medicamentos y personal técnico y profesional, especialmente en el Paraguay “profundo” han sido recurrentes en estos últimos tiempos. Estos fenómenos, no sólo afectaron al Partido Colorado, afectaron a toda la “clase política tradicional” paraguaya. Como dato, baste recordar que en estas elecciones compitieron “outsiders” de la política tradicional: una mujer (Blanca), un cura (Lugo), un militar (Oviedo), y un empresario (Fadul). Además, todos los candidatos hablaron duramente sobre el período autoritario, aun los involucrados con el Partido Colorado, quien entronizó a Stroessner durante treinta y cinco años. “No es culpa del partido”, decían, como si el Partido hubiera sido usurpado por otros.

Fernando Lugo no las tendrá todas consigo, sin embargo, en el próximo período. Tendrá un Parlamento compuesto por colorados y liberales, deberá enfrentar los conflictos de una alianza que se realizó con fines electorales, pero deberá transformarse en una alianza de gobierno, y deberá enfrentar los desafíos del bienestar, de la integración social, y de la “reconstrucción” del Estado y las instituciones públicas. Para ello, cuenta con cierto beneplácito de Brasil, que consume el 60% de las exportaciones de Paraguay, y podrá revisar el contrato vigente con este país sobre Itaipú, que es el principal proveedor de fondos del Estado. Aunque el contrato vence en 2013, cualquier gobierno podrá comenzar a renegociar, en un contexto regional amigo, precios más favorables a su producción de energía (Paraguay ostenta el mayor coeficiente de energía hidroeléctica per cápita del mundo).

Más allá de estos problemas, los paraguayos, hoy, se enfrentarán con un país que “cambió”, aunque la dirección de este cambio sea, hasta ahora, incierta.

|*| Politóloga. Universidad de la República .

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