
Mientras que nuestro país está a la espera de la aprobación de una ley de talles de prendas de vestir, en Brasil las modelos excesivamente delgadas tienen prohibidas las pasarelas de moda. Todo parece indicar que, cada vez más, se apuesta a reducir la discriminación y a contribuir a la igualdad.
Pocos años atrás los referentes, fundamentalmente de los adolescentes, eran modelos, actrices o cantantes con evidentes síntomas de bulimia y anorexia. En parte esa realidad ha cambiado. Hoy se incentiva la valoración de otros atributos diferentes de la delgadez excesiva, pero todavía quedan aspectos por trabajar para lograr una buena calidad de vida y reducir la discriminación hacia los obesos o simplemente personas con sobrepeso.
En Brasil, a modo de ejemplo, según una nueva normativa, “las modelos excesivamente delgadas” no podrán desfilar en el Estado de Santa Catarina, en el sur del país. La ley se inscribe en una campaña de combate a la anorexia.
La “Ley de Disponibilidad de tallas de prendas de vestir en los comercios” fue una iniciativa del diputado blanco Carlos Enciso. El proyecto busca fomentar “la igualdad”, considerando a la apariencia física como un tema de discriminación. Se posibilitará de esta manera conseguir prendas de vestir de todos los talles. Además, a partir de una reciente modificación, el comerciante tendrá siete días para hacerse del talle que solicita el cliente, en caso de no tenerlo en stock. La prenda “especial” tendrá que costar lo mismo que las de otro talle.
El diputado Enciso destacó que las recientes modificaciones se centran en la normativa, “porque la idea es que haya todos los talles en los comercios, para no tener que sancionarlos porque no tienen prendas para todas las personas”.
“Tendría que partirse de una tabla de medidas de talles únicas, más que de una ley de disponibilidad, porque no es lo mismo un talle L en una tienda que en otra”, explicó Verónica, empleada del local de ropa femenina Ted Bodin. “Si se vende un talle L, que sea un L real y no que tenga la medida de un S”, enfatizó Verónica.
Por otra parte Gabriel, empleado de la marca Tit´s (ropa de fiesta), dijo que “sí o sí tiene que haber talles grandes en los locales, pero exigir que se consiga en siete días va a costar un poco”.
No es la “falta de voluntad” lo que complicará conseguir una prenda, sino la imposibilidad de importar prendas por unidad y en poco tiempo. “A nosotros nos afecta la ley porque somos importadores”, comentó Gabriel. Si bien dijo que la ley no los afectará directamente, porque los talles grandes (L y XL) son de los más vendidos en el local, una vez que se apruebe la reglamentación, no tendrían “forma de responder”. Además, hay factores externos que pueden dificultar conseguir la prenda. “No podríamos responder tampoco por los propios importadores. Puede pasar que se termine la tela y no hay forma de mandar a hacer una igual”, explicó.
La visión desde la Cámara Industrial de la Vestimenta es “simple” según explicó su presidente, Elbio Fuscaldo. “Que haya talles es un problema del comercio, no del fabricante, y la obligación de venderlos también es de éste”, dijo. Sin embargo, admitió que en caso de tener que mandar a hacer una prenda a medida, “el fabricante no la cobrará a precio de costo, y eso indefectiblemente aumenta el precio de la prenda”.
Para Fuscaldo, “hay que bajar la ley a la realidad, porque es difícil que se cumpla como en la teoría”, explicó. Al igual que otros entrevistados, comentó que sería bueno que exista una “tabla de medidas única” o, al menos, una “tabla de medidas en cada tienda”, para saber qué talle tiene cada persona. Asimismo, manifestó que sería necesario un mayor control en las etiquetas, “que actualmente no existe”.
Hasta el momento los fabricantes de ropa parecen ser los que tienen menos problemas, porque en siete días podrán hacer una prenda y cumplirán con la reglamentación.
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