Escrito por: Tercera época Por Antonio Pippo
Dijo Larra: “Son raras las verdades que se nos presentan claras por sí solas y que no necesitan ser comprendidas y desarrolladas con gran copia de conocimientos”. Y dijo Fontanarrosa: “Señalé el futuro, miraste mi dedo”.
Será por eso.
Quiero decir, será por mi falta de conocimientos y por mi tendencia a ver lo que tengo más cerca de mi rostro que, sobre ciertas cosas, he alcanzado una incomprensión que coquetea con lo patológico.
No comprendo qué está pasando con el proyecto de creación del Instituto del Cine y el Audiovisual, calificado por el gobierno como herramienta principal para el progreso de un área prioritaria del país productivo.
El martes no fue aprobado luego de un meticuloso informe porque la mayoría no pudo juntar en sala, pese a que le sobran dos, los cincuenta votos que hacían falta. Al otro día, luego de un plúmbeo debate, se le hicieron tantas correcciones que debió volver al Senado, desde donde, curiosamente, había llegado, muy orondo, con la cucarda de su media sanción.
¿Está bien que los legisladores compliquen tanto la jugada?
Se dirá que, al menos desde Montesquieu hasta hoy, están para eso o algo parecido. Se entiende menos, claro, si hay una bancada que tiene mayoría absoluta en ambas cámaras.
¿Acaso es el afán de perfección?
Sería loable, ciertamente, salvo que llevase a la omisión o a una vulgar pérdida de tiempo, empantanando proyectos cuyos beneficios nadie discute y son vaya rareza en este tiempos absolutamente objetivos. Golpean los ojos. Y la cabeza.
Vuelvo entonces a recordar a Larra: “Para andar por el empedrado de Madrid no es la mejor circunstancia ser poeta ni filósofo”. No hay que distraerse, sino mirar donde se debe y usar el sentido común. Algo que sirve tanto para no tropezar en piedra alguna como para no demorar al santo botón lo que ya debería ser un hecho.
Pero, bueno, ¡si ya confesé mi incomprensión, estoy como para postular explicaciones que satisfagan a los demás!
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