En apenas diez días, el domingo 20, Paraguay vivirá una histórica jornada electoral de la que nadie, ni allí ni en la región, podrá permanecer sin consecuencias aun cuando quiera permanecer indiferente.
En estas mismas horas el ex obispo Fernando Lugo, encabezando una coalición de fuerzas progresistas y de izquierda, tanto políticas como sociales, llamada Alianza Patriótica para el Cambio, encabeza las encuestas. Incluso las increíbles ya que durante esta campaña electoral que va terminando, la manipulación flagrante de resultados por parte de empresas encuestadoras desmelenadas y sin tanga ha ido formando parte inseparable de la lucha partidaria: como el bombo, la pegatina, el discurso y el “spot” publicitario.
Por primera vez luego de muchísimos años, las fuerzas políticas y sociales de una larguísima dominación están a punto de perder el gobierno que detentaron con exclusividad.
Algo que se ha venido repitiendo a lo largo y ancho del continente llega también al querido país torturado: poderosas fuerzas sociales encontraron por fin caminos de unidad política y expresando su clamor histórico en votos torrenciales como en tantas otras partes últimamente, han forjado ya, incluso sea cual sea el resultado del domingo 20, una nueva epopeya popular latinoamericana. Pero si como todo parece señalar el resultado es de victoria, entonces el reiteradamente heroico pueblo paraguayo habrá culminado una proeza de las suyas.
¡Debe haber mucha preocupación en las cavernas imperiales! Y no es para menos.
Tampoco es lo único por estas horas en el Cono Sur: lamentablemente tuvimos toda la razón del mundo cuando poco después de electo Evo Morales titulamos esta columna diciendo algo feo: “BOLIVIA DESCUARTIZADA”. No inventamos ni adivinamos nada: simplemente informamos lo que se sabía (pero muy pocos decían). Poderosas fuerzas económicas e internacionales variopintas le iban a hacer la vida imposible al nuevo gobierno instalado por obra y gracia de una avalancha de votos pero además iban a tratar de producir secesiones territoriales en un paso más del proceso orfebre de balcanización vivido desde las guerras de independencia. ¡Salvo en Brasil! Y Estados Unidos…
Pando contra la frontera peruana, Beni más al sur y contra la de Brasil, Santa Cruz, pegado a Brasil y a Paraguay, y Tarija a la Argentina, son las cuatro regiones que reclaman autonomía o independencia. De ellas Santa Cruz es la más rica de Bolivia hoy (porque antes, en la época de la plata, el salitre, el caucho, el petróleo o el estaño, lo fueron también otras). El salitre dio lugar a una guerra, la zona al final quedó chilena y Bolivia sin salida al mar; el petróleo dio lugar a la del Chaco (Bolivia perdió territorios); el caucho le costó gran parte de Beni (previo paso por una “República” fundada por una empresa estadounidense y a la que Brasil compró (¡!) por unos pocos pesos dando lugar a un desopilante pleito por el cobro…).
Obviamente: la pelea es por los yacimientos de hierro, gas, coca… Es decir: de las materias primas con mayor demanda en el planeta y que, como las nuestras, van al alza en materia de precios.
Pues bien: los “intendentes” de tales departamentos han convocado para el 4 de mayo, desacatándose, un referéndum en cada departamento para aprobar sendos, propios y respectivos estatutos de autonomía.
Algo así como si (Dios nos libre y guarde) por causa de la “guerra de las patentes” Chiruchi redactara la autonomía de San José (como paso previo a su independencia) y convocara a los maragatos a un referéndum exclusivo y confirmatorio sin tan siquiera darle participación a la Corte Electoral (creando al efecto la suya). Y que Zimmer, que tiene varios puertos, se plegara a lo mismo y con su proverbial capacidad creativa hiciera el estatuto coloniense, Viera que lo está contra Brasil el suyo (en portuñol) y Vidalín, que tiene aeropuerto internacional, el estatuto autonómico duraznense llamado por él “de la juventud”…
Y si gana, podremos ver y oír por CNN a Chiruchi, como en Kosovo, encaramado en el monumento que está en la esquina de Ruta 1 y Ruta 3 declarando írritos, nulos, disueltos y sin ningún valor para siempre los lazos que hasta entonces ataron a San José con Uruguay… Se quedaría hasta con Omar Gutiérrez, Sociedad Anónima y la cárcel de Libertad y muy probablemente (atención con Bolivia) declarara de inmediato, como la Banda Oriental en 1825, su incorporación a la Argentina. O a Brasil, como cuando la Cisplatina, según cada caso…
En su defecto pediría reconocimiento internacional y un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¡Los citados “intendentes” bolivianos de tamaña subversión han pedido observadores de la OEA para sus referéndum del 4 de mayo! Changa esta que la OEA rechazó de plano (la verdad sea dicha).
Este disparatario es el que la realidad, superando a las novelas y al cine de segunda, ha puesto cerquita de Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina, Chile y Perú, en Bolivia.
La cuenta regresiva de esa espoleta que de estallar lanzará esquirlas hasta muy lejos, ha comenzado: faltan 24 días (catorce después de las elecciones en Paraguay). ¿Qué hará el gobierno nacional boliviano? ¿Qué harán sus Fuerzas Armadas? Y el pueblo (o los pueblos): ¿Qué hará?
Estamos, salvo en Argentina y Uruguay, ante una desenfrenada y por ende muy preocupante carrera armamentista en América de Sur.
Chile ya está armado hasta los dientes y sigue armándose; arma a su vez a Ecuador; desarrolla capacidades navales y aéreas de “proyección lejana” (esto quiere decir transportar tropas expedicionarias, entre otras cosas); Perú comenzó una enérgica política de armamentos haciendo un llamado público y destinando a ello parte de sus cuantiosas exportaciones del gas licuado de Camisea a Estados Unidos; Brasil decidió armarse; Venezuela también; Colombia ya lo está también hasta los dientes y con sus fuerzas desplegadas para el combate, porque vive en estado de guerra, como hemos visto.
Recientemente hubo una crisis muy peligrosa en el norte del continente y, como de casualidad, la frontera litigada entre Venezuela y Guyana comienza en estos días a inquietarse desde Guyana. Al mismo tiempo estallan incidentes en Haití. También estallaron en Argentina… Y hasta en Caracas, donde grupos de “ultra izquierda” alzados en armas ocupan un barrio y resisten al gobierno… Hay elecciones en Estados Unidos.
Parece una película vieja, muda, sepia, que ya vimos. ”
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