LA CLINICA DE IVETTE

«A mi hijo no puede pasarle esto…»

Caso:

Juana es una joven madre de 28 años. Su hijo Jaime de 13 años es un buen alumno de segundo año de liceo. Juana está orgullosa de él y hace todo lo que puede por complacer sus mínimos deseos: ropa, juegos, salidas, etc. Lo mira mientras duerme y piensa que ha tenido mucha suerte con ese hijo. Jaime no quedará por el camino como ella. Mañana podrá llegar lejos, tal vez sea un profesional exitoso… Sus calificaciones han descendido pero Juana está segura de que es algo pasajero. Hoy Jaime ha salido como todos los días para el liceo, sin embargo es la hora de la cena y aún no ha regresado. Últimamente llega tarde a casa, tal vez está entretenido por ahí, aunque nunca cuenta adónde va, con quiénes. Juana ha insistido en conocer a sus amigos y siempre intenta que Jaime responda un minucioso interrogatorio que invariablemente es evadido con enojo y ese portazo.

De pronto suena el teléfono y la noticia cae sobre Juana: …»Señora, su hijo está en la emergencia de la mutualista, parece que ha consumido grandes cantidades de alcohol y tuvo un accidente». Juana se desespera y mientras corre hasta la emergencia, sus pensamientos son un caos: «Jaime es incapaz de tomar alcohol, él nunca hace eso. En realidad no conozco lo que hace mi hijo, ni con quién está».

Juana, entre llantos, increpa a su esposo: «La culpa es tuya, nunca hablás con él», «yo me sacrifico todo el tiempo por ti y por Jaime y nunca me ayudas en nada» «ahora esto… seguro que sale a tu padre, otro como tú…».

 

Comentario:

¿Los padres de Jaime podrían haber prevenido esta situación? ¿Existieron señales de alerta?

Analizando la historia desde la situación de Juana, podemos decir que tal vez hace mucho tiempo que no «vio» algunas señales de que algo andaba mal con su hijo. La comunicación en esta familia no es buena, suelen existir muchos silencios, sentimientos, inquietudes, sueños no compartidos. Son frecuentes las discusiones, los reproches y los gritos. Frente a un problema, como el accidente de Jaime, buscar «culpables» no es saludable ya que no resuelve el problema, sino por el contrario lo agrava. Impide concentrarse en lo que realmente importa, unir esfuerzos para buscar soluciones. Jaime ha tenido un accidente, aún no están claras las circunstancias, el consumo de alcohol u otras sustancias, ¿cómo?, ¿desde cuándo?; sin embargo, Juana ya encontró un culpable, declaró su inocencia en base a su «sacrificio» cotidiano.

El intento de comunicación con Jaime a través del «interrogatorio» cotidiano es un esfuerzo inútil que produce el efecto contrario. Juana no pudo crear alternativas de diálogo con el hijo a partir de conocer sus intereses e inquietudes para generar un clima apropiado para el intercambio. Sus sueños relacionados con el futuro del hijo no le permitieron ver la distancia con la realidad. Juana alimentaba el sueño de su propio éxito a partir del éxito de su hijo, por ello «cualquier sacrificio» era válido. Darle incluso más de lo que podía. Por eso muchas veces minimizó algunas señales que hoy se convierten en claras pistas de que algo andaba mal. En ese planteo, Juana no admite que el hijo pueda consumir alcohol o cualquier otra droga, eso le pasa a los demás, no a su hijo. También desconoce cómo llegó a esta situación y qué podría haber hecho diferente.

El culpabilizar al papá de Jaime la deja sola con el problema, encerrada en sus emociones y agobiada por el dolor, la tristeza, la rabia, la culpa, la responsabilidad, el temor, la indecisión. Esta es una costumbre en Juana que asume como parte de «su sacrificio». El papá de Jaime, sumido en la rutina diaria, deja todo en manos de Juana, tornándose casi un extraño.

El descenso en las calificaciones de Jaime y su cambio de conducta son algunas señales de alerta que deben tenerse en cuenta para recorrer un camino más saludable que el de Juana y Jaime.

Muchas veces la ceguera para reconocer señales de alerta de algunos problemas es debida al temor a enfrentar situaciones desconocidas o no tener las respuestas necesarias. No es posible conocer todas las respuestas a problemas que desdibujan «los sueños» de futuros exitosos y mucho menos saber todas las soluciones, sin embargo es posible estar alerta frente a sus señales.

Psicóloga (*)

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