Vecino compró el antiguo armonio de la iglesia y lo donó al museo
Cuando en la década del 60 se reformaron las instalaciones de la parroquia lacazina, se procedió a cumplir al pie de la letra con un mandato del Concilio Vaticano II, que pedía que se quitara la sobrecarga de imágenes y estatuas religiosas del interior de los templos y sólo se dejaran las correspondientes a Jesús y la Virgen.
Fue así que varias estatuas hechas en yeso, de no menos de 80 centímetros de alto, abandonaron su ubicación tradicional en la iglesia y fueron guardadas en un salón de la vieja escuela industrial de la ciudad.
El sábado pasado, por cuenta y orden de la parroquia, esos antiguos bienes (y algunos otros) figuraban en lista de espera para ser puestos en oferta por el rematador local Jaime Balbuena.
Todo parecía ser una subasta más, de las tantas que todos los fines de semana se realizan a lo largo y ancho del país, salvo que algunos miembros de la feligresía católica lacazina, molestos por lo que iba a suceder con aquellas imágenes, días antes se habían movilizado activamente y lograron que poco antes de concretarse el remate llegara desde Montevideo una estricta orden de las autoridades eclesiásticas, prohibiendo que los santos de yeso salieran a la venta.
Para «empatar» la situación ya que de distintas zonas había llegado gente interesada en ese obsoleto material se acordó que quien llevara para su casa una estatua dejara «una colaboración» para la parroquia, sin necesidad del habitual trámite de la oferta y la puja.
Gesto sorpresivo
Lo que no sabía el rematador Balbuena era que en ese lote de antigüedades también se encontraba un armonio «que fue el primero que se usó en la parroquia», comentó a LA REPUBLICA el profesional, de vasta experiencia en la zona. «Lo saqué a la venta sin conocer qué historia tenía, y un señor lo compró por unos pocos pesos», recordó. Sin embargo, apenas concluyó el trámite de adquisición, el comprador sin duda enterado de lo que significaba aquel elemento decidió donar el armonio a la «gente del Museo Puerto Sauce, aquí en nuestra ciudad, para salvar ese patrimonio», contó Balbuena. Entre las estatuas que finalmente no fueron subastadas figuraban el Sagrado Corazón de Jesús, San Luis Gonzaga, Niño Jesús de Praga, San Roque, Santa Lucía, San Vicente de Paul y San Francisco de Sales.
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