PRESIONES A LA CORTE

Integrantes de ambos partidos tradicionales organizaron, con envidiable militancia, la presentación de acciones por inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia. Asesoraron, pusieron oficinas, teléfonos y abogados a tal servicio. Y, como todo el mundo sabe, concretaron dichas presentaciones.

En especial Don Gonzalo Aguirre Ramírez, que en el absolutamente legal ejercicio de su profesión, con los obvios y absolutamente legítimos fines de lucro, patrocinó, según ya es legendario a estas horas por los boliches montevideanos, a unos mil doscientos militares que al completo de hoy en día representan la friolera de tres batallones de infantería (una brigada) sin soldados ni clases: a puro coronel y general.

Tropa de élite. Grupo de tarea. Task Force de la altísima burocracia uruguaya (lo que ya es decir), de jugosas y subsidiadas jubilaciones sin tope alguno (vaya privilegio excepcional), no queriendo poner un peso para la PATRIA (sólo estuvieron y están para cobrarle), que se movilizaron, alistaron y concentraron, para defender hasta la muerte, hasta el último aliento, bajo el mando de ese recién adquirido Gran Mariscal de Campo (Gonzalo Aguirre) las almenas amuralladas de sus privilegios intangibles ante el ataque de las hordas bárbaras: las de la mitad de los niños uruguayos que viviendo en la pobreza, les reclaman por vía de este gobierno que por favor pongan «un mango» por el futuro de Uruguay.

Parece que han ganado… Ondean hoy sus feroces banderas en las murallas invictas. Se destapan botellas para el brindis de SU gloria…

El senador Julio María Sanguinetti realizó un pedido de informes desde el Senado a la Suprema para que se le aclarara si algunos de los miembros de la Corte estaban demorando más de lo debido el tratamiento de los expedientes.

No soy abogado, pero como militante político y aunque discrepe, no veo «pecado» en dichas actividades de la oposición. Tal vez, en su lugar, hubiéramos hecho lo mismo. Porque como quien dice: «Para eso están».

Lo que sí es pecaminoso es que ahora ellos, con gritos estentóreos, nos acusen de «presionar a la Corte». ¡No pueden ser tan «caretas»!

En lo que nos es personal y durante la semana pasada convocamos a una conferencia de prensa para protestar ante las declaraciones formuladas por el Dr. Hipólito Rodríguez Caorsi (uno de los cinco miembros de la Suprema) en una radio montevideana.

Y aclaramos muy bien que la queja nada tenía que ver con la constitucionalidad o no del IRPF a las pasividades sino con el contenido escandaloso de esas declaraciones.

Estamos «cómodos» porque no tenemos que inventar ni interpretar nada: todo lo basamos en lo que el referido Señor dijo sin apremios físicos y a su gusto; haciéndose además responsable de sus dichos, que de ser verdaderos escandalizan y, de no serlo, también.

El pasado martes entregamos al Senado, a la Suprema Corte y a la prensa en general, un cuidadoso pedido de informes elaborado por nuestros asesores. Estamos esperando con honda expectativa la respuesta.

Pero acá sí podemos ir haciendo, a cuenta de mayor cantidad, algunos comentarios e interpretaciones que a nuestro juicio político surgen con total evidencia: el Sr. ministro de Corte Don Hipólito Rodríguez Caorsi decidió (y lo confesó) asumir una actitud militante en contra del IRPF.

No es que haya fallado en un asunto sometido a su jurisdicción: muy lejos de ello, «militó» dentro y fuera de la Corte, incluso contra ella, en contra del IRPF.

Y en esa recia militancia no dudó en acusar a sus compañeros, visitar a la radio (porque su entrevista no fue «telefónica» o por interceptación en vía pública; ¡No! El concurrió personalmente a los estudios de CX 14), justificar o minimizar las consecuencias y gravedades de las «filtraciones», abogar codo a codo con Sanguinetti y al mejor estilo piquetero (el mal ejemplo cunde por las alturas) porque se sacaran muchas sentencias a todo trapo antes de la inexorable jubilación de la Dra. Doña Sara Bosio, calificar fallos anteriores que sostienen una posición diferente de la de esta Corte como «erróneos» (no habló de «diferencias de criterios», o «visiones distintas», que es lo que los magistrados en virtud del equilibrio y decoro de su investidura sostienen respecto a actuaciones de sus pares), olvidar que a lo mejor la historia demuestra que el equivocado puede ser él, afirmar que los argumentos contrarios «son muy flojos» (insistiendo en la línea anterior), calificar muy mal a ministros de Estado, dirigentes políticos y a sectores políticos enteros, al barrer y en masa…

En fin: su intervención radiofónica (sin precedente alguno) es y será por los tiempos de los tiempos de antología. Una insuperable antología del disparate.

Jamás una sola persona pudo decir tantos disparates, en tan poco tiempo disponible. Una proeza hercúlea.

Deja el prestigio del Poder Judicial y por ende de Uruguay muy mal parado. En realidad: destartalado.

Actuó en un arrebato inexplicable para su investidura y veteranía, y de pronto (o tal vez no…), como un demasiado voluminoso jurisconsulto entre las góndolas de una muy delicada cristalería o, no queremos mencionar el sujeto del famoso dicho popular por el respeto que nos merece la Suprema Corte de Justicia (que no tiene la culpa), con flagrante impericia en el uso de metralletas y navajas, tal como reza el predicado del sujeto aludido ut supra.

En esta dura y tenaz militancia, en este desmelenado proselitismo flagrante, sólo nos resta esperar de Don Hipólito Rodríguez Caorsi el corte de la Ruta 5.

O por lo menos el de alguna callecita aledaña al diario El País, acompañado por Don Gonzalo Aguirre Ramírez. Ambos debidamente munidos de los correspondientes pasamontañas (de lana), matera y pañuelos palestinos. Tirándole piedras a la cana… Y puteándola.

No dejarán pasar a «nadies».

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