Escrito por: Tercera época Por Antonio Pippo
Para Aldous Huxley la pregunta “¿qué somos, exactamente?” ha sido respondida de diferentes maneras a lo largo de la historia de la humanidad. En la fuente de la cultura occidental, los poemas homéricos, la culpa se la encajaban a los dioses.
Por ejemplo, Agamenón y Aquiles se reconcilian luego de una gran disputa. Agamenón dice: “Yo no soy el culpable, sino Zeus, la Parca y Erinis, que vaga en las tinieblas, los cuales hicieron padecer a mi alma cruel ofuscación”. Afortunadamente hoy se piensa de otro modo. No es que la elusión de la responsabilidad propia, pasándola de taquito a alguna entelequia divina, haya dejado de ser un recurso; sencillamente, se nota demasiado y la mayoría -al menos quiero creerlo- lo evita. ¿Quiere decir que hemos evolucionado, lector?
Sí. Lo ha probado el PIT-CNT, abriendo sus puertas a Pedro Bordaberry; e igualmente lo ha probado éste, aceptando dialogar con quienes lo separan tantas y tan significativas diferencias.
Bordaberry y la central obrera, aun manteniendo sus ideas y el disenso, han dado un ejemplo de civilización, de moral y de ética en el ejercicio de unas actividades que, como la gremial y la política, son sociales, no individuales. Y han probado que gente con ideas separadas por un abismo pueden debatir sobre todo, en términos de respeto mutuo, e intentar la construcción de puentes, por improbable que esto parezca. Es que, yendo al caracú de la cosa, no importa si esa construcción suena a ilusión y quizás lo sea; lo que importa es que una democracia realmente existe, y es más sólida, cuando tales encuentros son naturales y dejan de ser una fantasía.
Que nadie hable de concesiones, porque no las hubo. Mejor preocupémonos de celebrar la circunstancia vivida. Una circunstancia que ha servido para diluir unos prejuicios y ratificar que, en todas partes, y sin claudicación alguna, es admisible creer que siempre hay margen para la apertura de caminos y para los acercamientos.
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