Historias a través del movimiento
Mientras se transformaba en gárgola, conversamos con Nando, un artista que suele subirse a los ómnibus de la Costa de Oro para hacerse unos pesos. Contó que para él es fundamental divertirse mientras actúa, «porque si yo me divierto la gente se divierte», dijo.
Cuando le preguntamos sobre la ganancia que obtiene como escultura viviente, dijo muerto de risa: «¡La gente deja sí, te deja piedras, chapitas o cualquier cosa!».
Niños
Los más chicos son la mayoría de las veces los que más se divierten viendo a las estatuas y a los mimos. Para Millen, una joven que decidió disfrazarse de gata, la idea de participar en el encuentro era «conocer otros artistas y nutrirse de su arte y el cuelgue con la gente, que es lo más lindo». Luego destacó que le gusta mucho la reacción de los niños y los preadolescentes, ya que «son los que se sienten más atraídos por las estatuas».
Por otra parte, Nando contó que actuando aprendió mucho sobre los chicos. «Yo aprendí que es mentira que tenés que hacer algo para niños y aparte para adultos, si hacés algo bueno, de calidad, ambos se divierten».
Eso lo comprobó el año pasado cuando se disfrazó de María Magdalena. «Fijate, es la prostituta de la Biblia, un personaje re-salado y los chiquilines se re-colgaban a verla», concluyó.
De mago a mimo
Este fue el primer encuentro en el que participó Sebastián con la obra «El Jefe» representada a través de la pantomima. «Llegué a ser mimo porque me gusta la magia y para poder expresarme un poco mejor. Ahí arranqué con la pantomima», comentó. Su obra interpreta a una persona que se despide de su familia para ir a trabajar.
Una vez allí su jefe juega con su esencia hasta quitársela definitivamente, y como cuenta con sólo 3 minutos de actuación, nunca la llega a recuperar.
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