Fe y tradiciones: lo que dejó el viernes santo
El pescado, ausente de las dietas nacionales, se vendió más que nunca, y otra vez el puertito del Buceo -entre otros lugares de venta- permaneció abarrotado. Mientras los supermercados estaban atestados de huevos de pascua de todas las marcas y colores, las iglesias se colmaban de ramos y feligreses, y pequeños Vía Crucis se multiplicaban en calles de diferentes barrios. El más grande, que contó con la participación del arzobispo de Montevideo, se desarrolló, como es tradicional, en las calles del Cerro.
La misa
Ante un buen marco de público se llevó a cabo en la Catedral de Montevideo la tradicional misa de viernes santo.
El arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, agradeció el amor que Dios le da al pueblo católico y además, en su breve manifiesto explicó cómo es ser cristiano hoy en día.
Adultos y niños, así como personas de todos los estratos sociales, se hicieron presentes en la»Celebración de la Pasión del Señor» ayer en la catedral de la Plaza Matriz.
Luego de rememorar las últimas horas de Jesús antes de su crucifixión, monseñor Nicolás Cotugno dio un breve mensaje a los creyentes.
Además de agradecer el amor que Dios da a los creyentes y celebrar la muerte de Jesús y su posterior resurrección, luego de preguntarse a sí mismo explicó a los cientos de creyentes cómo hay que ser cristiano en la actualidad.
«Hay que ser y vivir como cristianos todos los días del año. Jesús es la verdad. Ustedes tienen que ser jueces de ustedes mismos», comentó. «Tenemos que dar amor, como él nos ama a cada uno de nosotros. Jesús habla a través de la Iglesia y de sus pastores», fueron algunas frases de Cotugno, rodeado de sacerdotes y acólitos.
Mucha fe
Luego de hacer fila para besar el madero de Jesús, igual de emocionada que muchos de los presentes, Lucía (75) dijo a LA REPUBLICA: «Es un día muy especial para mí. Jesús es mi vida. Todos los domingos voy a misa, y los viernes santos no dejo nunca de ir a la Catedral de Montevideo», aseguró. «No vengo por nada en especial. Vivo por la zona y es una tradición que viene de familia», comentó por su parte Meli, de 81 años. «No le pedí por nadie en especial a Jesús. Sí le agradezco al Señor los años que me dio de vida», dijo.
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