POR GOES Y SU VIEJA ESTACION
A partir de esa estación, ubicada en Gral. Flores entre Domingo Aramburú y San Fructuoso, el barrio crecía en todas direcciones. Los vecinos con más canas, contaban a sus nietos de la época cuando el barrio era atravesado por el tranvía «El Oriental» que unía Goes con el Centro. Esa misma anécdota era repetida en el viejo Café Vaccaro, frente a la estación, por el doctor Juan Carlos Patrón cuando de tardecita se reunía con vecinos y comerciantes de la zona.
Uno de los habitués era el señor Recupido, el sastre propietario del enorme esquinero «Goes Palace» en Domingo Aramburú, frente al Vaccaro. Ahí se fabricaba ropa a medida y con poca plata se podía tener un traje hecho con un linajudo casimir inglés. Y muchos fueron los comerciantes que contribuyeron a la leyenda del viejo barrio Goes a mediados del siglo XX. La memoria compañera recoge algunos nombres de esos vecinos tan luchadores. Se lo llamó el barrio de las mueblerías, hoy mismo abundan, y en esa tradición mucho tuvo que ver un judío laburante llamado Jaime Feldman que ya por la década del 30 había inaugurado «La Porteña» para vender muebles en cuotas. Otros dos judíos le hacían la competencia aunque sólo vendiendo unas enormes y clásicas camas de hierro y bronce que duraban una eternidad. Esos caballeros tan trabajadores fueron Roitman y Goldwasser que también se dedicaron a fabricar colchones de estopa y lana que costaba levantarse de tan cómodos que eran. Estaban instalados en Rocha y Concepción Arenal y vendían a los vecinos del barrio y también a sus hermanos de raza del Barrio Judío de la Villa Muñoz. En el mismo ramo estuvieron los hermanos Roif que además fueron pioneros en la fabricación de cocinas a querosén. Tenían la «Fábrica Rumana» que fue un bastión del barrio en los años 40. Junto con el viejo Vaccaro, la barriada tuvo otros grandes cafés y bares que dejaron su huella con el tiempo. Haciendo esquina con la estación, en San Fructuoso, los hermanos Correa y Llano fundaron «Los Vascos» que se hizo fama como «El Rey del Chopp». Luego los Correa se fueron y quedó sólo don LLano que le puso su nombre y lo convirtió en un restaurante que llegó hasta los años 70. Cruzando estaba «La Flor de Goes», una gran parrillada a pocos metros del antiguo «Bar Caballero» que antes tuvo sus mesas llenas de bohemios que llegaban de madrugada de los cabarets y «dancing» del Centro como el Royal Pigall. En Marcelino Sosa y Concepción Arenal, otro español guapazo de nombre Miguel González puso una provisión y bar que llamó «Bancario» pues estaba frente a la enorme sucursal del Banco República. Como todos los gallegos de esa época comenzó a traer de a poco a sus parientes. Así es que los viejos vecinos recuerdan a sus sobrinos, Amparo, Nieves, Victorio y Paco que continuaron por largos años atendiendo ese tradicional negocio. Otro comerciante muy conocido fue don Ferretjans con su local de compra-venta donde había desde vajilla china, relojes Longines y armas de la Guerra Grande. Frente a la estación se ubicó don Américo Minoli que fabricaba zapatos y botas de gran calidad. La zona tuvo dos grandes ferreterías, la del señor Padilla al lado de El Timón y la de Pedro Sarralde que también vendía pinturas. A pocos metros de esa terminal de tranvías estuvo la confitería La Magnolia, de Antonio Rodríguez que tenía un gran cartel que decía «chocolatería y masitas», luego se mudó a Sierra y Miguelete. Las pastas las hacía don Antonio Píriz que desde 1895 hizo comer ravioles y tallarines a todo el barrio desde su fábrica en la calle San Fructuoso llamada «El Progreso de Goes». Las noticias se leían en «El Heraldo de Goes» que tenía su redacción en la calle Rivadavia.
Un vecino cruza General Flores haciendo pinta con una camisa de las que hacía el sastre Tripaldi en su conocida tienda. Y todo el barrio y sus pibitos crecieron fuertes y vigorosos pues tomaban la leche del tambo de Andrés Bellón que desde Rocha y San Fructuoso salía con su gran carro a repartir en casas y almacenes.
Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.
COORDINACION: ANGEL LUIS GRENE
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