Todo cambia y ahora hay quienes prefieren no salir dos minutos de las exquisitas arenas

Almorzar en la playa, una moda que se impuso

Cuando la temporada de verano alcanza su máxima temperatura, entre la arena la moda también se impone. Y almorzar en la playa ­»vianda fashion», le dicen los argentinos­ es una de ellas. Equipar una heladerita con una buena dosis de alimentos capaz de satisfacer el hambre bajo el sol se ha impuesto en febrero. Y pensar que esta práctica parecía patrimonio de aquellos que desde el interior del país llegaban a la costa a pasar un día de verano.

No es un contraste con lo que antes se consideraba exclusivo, como almorzar en los paradores; hoy la estricta necesidad de amenizar la tarde con un bocado preparado en casa es un común denominador de aquellos que aprovechan el sol de febrero en la playa.

Un matiz nuevo de los muchos que Punta del Este tiene en el verano y que en una primera mirada puede para algunos resultar inadecuado para el paisaje y las circunstancias, pero que la gente disfruta, indiferente y ajena al resto. Lo importante es pasar el día junto al mar porque la combinación de agua salada y sol es capaz de abrir cualquier apetito. Equipar una heladerita con una dosis superadora de entrada, almuerzo y un buen trago que sea capaz de satisfacer caprichos a sol y a sombra, es algo que se realiza con ingenio casero.

Lejos de obviedades pasadas de moda como el pan flauta con la paleta, o el jamón con queso, la pascualina o la empanada de carne han quedado atrás. Hoy las rotiserías, o la mano de las amas de casa permiten disfrutar en el mar la elegancia del menú propio.

Al aperitivo le sigue un plato principal que bien puede ser una suculenta ensalada acompañada de refresco o un vino al que sigue un postre que puede consistir en helado, ensalada de frutas o una crema láctea. El menú es múltiple y librado al ingenio de cada uno.

Almorzar en la playa es una moda impuesta. Sobre todo en febrero y en las playas esteñas puede verse a las familias almorzando bajo las carpas o las sombrillas, en la arena, junto al mar. La variedad del menú la hace cada familia y lo más importante es aprovechar el día de playa sin perder tiempo en volver al hogar a almorzar. Comer a la orilla del mar es otro de los placeres que también se disfrutan en febrero.

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