Potosí. La silicosis provocada por la aspiración constante de polvo ocasiona la muerte de los trabajadores de las minas

Mineros con pulmones de metal

«Si no conocés una mina no conocés Potosí», dijo Zenón, un ex minero que actualmente se dedica a dirigir excursiones a las minas. Y si bien estaba en juego su sustento, Zenón tenía razón.

 

Potosí

Potosí es una ciudad que se erigió en los alrededores del «cerro rico», del cual se extrajeron las mayores cantidades de plata de la historia y el cual mantuvo a la corona española por más de 300 años. Hoy Potosí es una ciudad pobre, aunque permanecen los vestigios de su gloria en las construcciones coloniales que aún se conservan.

Las minas siguen siendo una de las principales fuentes de trabajo del lugar, aunque ya casi nada de plata se extrae del famoso cerro. Fundamentalmente las explotaciones son de zinc, plomo y estaño, los minerales que los españoles prefirieron dejar a un lado. Las excursiones a las minas son unos de los atractivos turísticos más importantes del lugar. Estas normalmente incluyen un recorrido por los túneles de alguna de las minas del «cerro rico» y un paseo por el mercado minero, constituido por una serie de comercios que venden indumentaria para la minería.

 

La coca

Camino a la mina cooperativa «1º de abril» paramos en el mercado, donde Marcos nos explicó cuáles son los elementos imprescindibles para un minero. «Lo más importante para los mineros es la coca», empezó diciendo mientras nos mostraba una bandeja con un montón de hojas secas de coca y otros objetos.

El minero señaló que la planta les saca el hambre, la sed y el sueño, permitiéndoles permanecer dentro de la mina hasta 16 horas de corrido. Para potenciar su efecto, utilizan lo que denominan «catalizador de quinua», que tiene aspecto de piedra pomes, pero que según Marcos, es blanda y se disuelve fácilmente en la boca.

Otro elemento potenciador es el plátano, que consumen mediante una especie de «ticholos». Asimismo, el alcohol es fundamental. Acostumbran consumirlo casi en estado puro, con aproximadamente 96% de gradación alcohólica. «El alcohol nos ayuda a mantener el calor del cuerpo», dijo Marcos, agregando que la bebida también se utiliza para hacerle ofrendas a la Pacha Mamma. «Todavía conservamos nuestros rituales; los colonizadores no nos han sacado todo», expresó.

 

Sin derechos

Marcos nos explicó que lo que íbamos a visitar era una mina cooperativa, forma de explotación que abarca al 70% del cerro rico, quedando sólo un 30% explotado exclusivamente por el gobierno. «A diferencia de los mineros del gobierno, nosotros no contamos con seguridad social, seguro de salud, jubilación ni nada», dijo Marcos, agregando que también tienen que comprar la indumentaria que necesitan. Esto incluye la dinamita, artículo que es de venta libre en Bolivia y que los mineros cooperativistas se ingenian para hacer rendir cuatro veces más, mezclándola con un químico llamado «nitrato de amonio».

Luego del mercado nos vestimos de mineros (con botas de goma, saco y pantalón impermeable, y casco con luz incorporada) y subimos al cerro en un ómnibus hasta llegar a los 4.250 metros sobre el nivel del mar. Una vez allí, fuimos conducidos por Zenón hacia el interior de la mina, ingresando en un laberinto de túneles de distintos tamaños y alturas. Había tramos donde se podía transitar cómodamente parado, pero en otros sólo se podía hacerlo agachado o en cuatro patas.

Las únicas constantes eran la humedad y frialdad del ambiente, además del polvo que dificultaba la respiración. Este último es el causante de una enfermedad muy típica de los mineros, la «silicosis», que hace que su expectativa de vida no supere los 45 años. En alusión a este padecimiento es que, en uno de los graffitis dentro de la mina, podía leerse: «pulmones de metal».

Zenón nos informó que la mina 1º de abril está conformada por 15 niveles, pero sólo visitamos 5. No existen mapas ni nada parecido: los mineros van aprendiendo a conocer los laberintos de la mina a la vez que van aprendiendo el oficio. Actualmente no hay ingenieros mineros ni ningún otro profesional trabajando allí, lo cual era muy común en «otros tiempos», cuando el negocio era más redituable.

El guía nos explicó que los túneles se van haciendo con dinamita, y luego a pico «se sacan las venas de la pacha mamma», que son los hilos de minerales que pueden verse a simple vista en la roca. Los niveles se comunican por «chimeneas»: grandes hoyos por los que transportan los minerales y que a la vez sirven como ventilación.

Nos detuvimos en una de las chimeneas, donde había un «torno manual» que es una roldana con manijas que sirve para transportar minerales de un nivel a otro. Zenón dijo que allí trabajan cuatro personas, dos en el nivel de abajo y dos en el de arriba, transportando sacos de 50 kilos de minerales. Estas bolsas son sacadas hacia el exterior de la mina por un peón, que recibe un boliviano (aproximadamente $3) por cada bolsa. Diariamente cargan unas 100, para hacerse de 300 bolivianos.

 

Tío Castro

Antes de salir, pasamos por «el museo de los mineros», donde se encuentra el «Tío Castro», el dios diablo a quien los mineros ofrecen coca, alcohol y cigarrillos.

Esta deidad fue introducida por los españoles, quienes indicaron a los mineros que «si no trabajaban serían castigados por el diablo», que se convirtió en el dios de la mina.

Su nombre proviene de una deformación de la palabra dios -ya que los quechuas tienen dificultad para pronunciar la «d» y la transforman en una «t» -, mientras que Castro es el nombre de un capataz cruel que mandaba en la mina.

 

Maldición

Luego de estar por más de dos horas dentro de los interminables túneles de la Pacha Mamma, salimos nuevamente a la superficie, atravesando unos túneles increíblemente perfectos que databan de la época de la colonia, cuando los esclavos cavaban la roca a pico, ya que no se usaba la dinamita.

Se estima que desde que entraron los españoles a Potosí, murieron 6 millones de indígenas y 2 millones de negros en las minas.

No en vano Eduardo Galeano afirmaba en su libro «Las Venas Abiertas de América Latina» que «los indios han padecido y padecen la maldición de su propia riqueza».

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