EL OTRO CASTRO
El 5 de mayo de 1953, en el puerto de Génova subimos juntos a bordo del crucero italiano «Andrea Gritti», pero entonces aún no nos conocíamos. En el barco se encontraba un grupo de estudiantes latinoamericanos, que participaron en la preparación del Festival de la Juventud.
Raúl Castro se presentó él mismo, era estudiante de segundo año de la Facultad de Leyes de la Universidad de La Habana.
Navegamos más de un mes por el Atlántico, de Génova al puerto mexicano de Veracruz. Raúl Castro fue el primer extranjero que yo conocí. Conversamos muchas horas, yo le conté sobre la Unión Soviética. El a mí me contó muchas cosas sobre su hermano mayor, un conocido abogado habanero. Incluso, planificamos visitar a Fidel en la calle Tejadillo. Pero no me permitieron bajar a puerto, las relaciones diplomáticas de la URSS con Cuba estaban rotas. Durante nuestro viaje, Raúl me ayudó a resolver algunos problemas domésticos. En realidad era mi primer viaje al extranjero, era un diplomático joven e inexperto.
En el barco nos hicimos amigos de verdad. Yo enseñé a Raúl y a sus compañeros a jugar ajedrez. Él me enseñó a jugar al tenis de mesa. En esa época, también celebramos en el barco el cumpleaños de Raúl Castro. El 3 de junio de 1953, nuestro barco entró a la bahía de Willemstad, capital de Curazao. Ese día cumplía 22 años.
Después de ese memorable viaje, llegué a México y comencé a trabajar como «practicante» en la embajada soviética. Cuán grande fue mi asombro, cuando mes y medio después escuché la noticia sobre el asalto al cuartel «Moncada». Sencillamente, estaba pasmado: entre los nombres de los principales participantes de aquellos hechos estaba el nombre de mi amigo Raúl. Nos despedimos en La Habana el 5 de junio y ya el 26 de julio estaba combatiendo con las armas en las manos contra Batista.
Más tarde supe que Raúl dirigió un destacamento especial durante el asalto al cuartel «Moncada». La misión de su grupo era ocupar el edificio del Tribunal y desde su techo apoyar con fuego el asalto. Raúl no esperó la señal sobre el inicio del asalto y cayó en una trampa. Con él sólo había varios combatientes cuando al edificio entró una patrulla norteamericana. Por los relatos de los testigos, supe que Raúl demostró en ese momento su heroísmo. Logró arrebatarle de las manos la pistola al oficial, desarmaron a la patrulla y abandonaron el edificio. Nadie de su grupo murió ni cayó prisionero. Regresaron de Santiago y se escondieron. Por radio trasmitieron que los cabecillas del asalto, Fidel y Raúl Castro, eran buscados por la Policía. Y a los pocos días les arrestaron. Pasó la primera ola de crueles represiones. Junto con Fidel, él fue condenado a diez años de cárcel. Pero debido a la presión de la opinión pública los liberaron y deportaron a México.
Y en el verano de 1956, me encontré por casualidad con Raúl Castro en México. Fue muy emocionante…
En aquel entonces, después de tres años de nuestra despedida en el puerto de La Habana, conocí al Che Guevara en el apartamento de Raúl Castro en México. Fui el primer soviético que conoció al renombrado compañero «Che». Le prestó ayuda médica a Raúl y otros compañeros enfermos. Yo mantenía en secreto mis encuentros con los revolucionarios cubanos.
Sobre este hecho escribió toda la prensa mexicana. Me expulsaron para la URSS como una persona que «mantenía contactos no autorizados con extranjeros».
En los periódicos cubanos publicaron que Fidel y Raúl Castro habían muerto tras el desembarco del Granma. Pero, más tarde, a comienzos de 1957, el periodista norteamericano Herbert Matthew los visitó en las montañas. Esa noticia me alegró extraordinariamente: ¡Estaban vivos! Después, en su libro sobre Fidel Castro, Matthew escribió que, de todos los que estaban junto a Fidel, el que mayor impresión le causó fue Raúl, quien «merecía un libro aparte».
Durante la lucha en la Sierra Maestra, se pusieron de manifiesto las grandes capacidades de organización de Raúl Castro. Fue a él, precisamente, a quien Fidel le encomendó crear un segundo frente, que actuaría más al norte del lugar donde estaban ubicadas las principales bases guerrilleras del ejército de Fidel. Raúl construyó allí un aeródromo. Comenzó a realizar las primeras reformas sociales y agrarias. Llevó a cabo una lucha decisiva contra los bandidos, que bajo el aspecto de guerrilleros saqueaban a los campesinos, les robaban el ganado, violaban a las mujeres.
Los guerrilleros supieron que los aviones de Batista aterrizaban en el aeródromo de la base militar norteamericana de Guantánamo, allí cargaban las bombas con las que bombardeaban las zonas guerrilleras. Los combatientes de Raúl apresaron a varias decenas de infantes de la Marina norteamericana de esta base. Se desencadenó un gran escándalo: los guerrilleros, compuestos por estudiantes y campesinos, habían arrestado a experimentados soldados «supermanes», ¡y en grandes cantidades, un ómnibus completo! El cónsul norteamericano fue rápidamente a entablar conversaciones. Raúl Castro puso una sola condición: que suspendieran su participación en la guerra apoyando a Batista y entonces los guerrilleros liberarían a los infantes de marina.
Y Estados Unidos suspendió el suministro a los bombarderos de Batista.
Por aquel entonces, al campamento de Raúl Castro llegó también la dirigente de la clandestinidad Vilma Espín, que más tarde se convirtió en su esposa. Recientemente celebraron medio siglo de llevar juntos una vida feliz. En estos momentos, ella dirige la Federación de Mujeres Cubanas.
Se casaron después del triunfo de la Revolución. Tienen cuatro excelentes hijos: tres hijas Deborah, Nilsa y Mariela y un hijo, Alejandro. Raúl Castro es un maravilloso padre y abuelo. Tiene ocho nietos.
En general, quiere mucho a los niños y ha hecho mucho para que en Cuba no haya infancia abandonada. Recuerdo como sentó a los muchachos en un ómnibus y los llevó a la playa Varadero.
El propio Raúl se vistió con una camisa sencilla y un sombrero de pajilla. Nadie lo reconoció. Le pidió a los custodios en la playa: ¡»Déjennos pasar, llevo niños»! Y cuando lo dejaron pasar, se puso tan contento como los niños. Habló imitando a un campesino y los muchachos, entre los que estaban los hijos del «Che» Guevara, se rieron a carcajadas.
Cuando sus niños eran pequeños, Raúl los llevaba a la escuela caminando 6 y 7 cuadras sin escolta ni carro de seguridad. En estos momentos, todos esos niños son adultos. Una de sus hijas trabaja en educación preescolar. Otra es ingeniera en economía portuaria. La tercera trabaja en la industria alimenticia. Alejandro es oficial del Ministerio del Interior.
Después de la victoria de la Revolución en Cuba, Raúl Castro encabezó las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Durante la crisis de octubre de 1962, Fidel lo envió a la provincia de Oriente para el supuesto caso de una invasión de los norteamericanos.
Después de la crisis de octubre, especialistas militares soviéticos participaron activamente en la construcción del nuevo Ejército cubano. Raúl Castro recorrió muchos países, estudiando la experiencia extranjera. Recopiló lo mejor que tenían otros ejércitos para «armarse». También estuvo muchas veces en la URSS. El año pasado estuvo en comisión de servicio en China, donde estudió la experiencia militar que tienen allí.
A inicios de 1980 comenzó la crisis en nuestra colaboración militar. Raúl Castro se encontraba en Moscú con una delegación militar. Lo invitaron al Comité Central a conversar con los miembros del Buró Político: Gromiko, Andropov, Ustinov. Para entonces, ya Brezhnev estaba enfermo.
Nuestros militares hicieron una declaración, que sumió a los cubanos en un shock: la URSS no lucharía por Cuba. Quitamos el escudo nuclear que siempre, como aliado, había defendido a Cuba de un posible ataque norteamericano desde los tiempos de la crisis de octubre de
1962.
Cuba vivió una difícil situación después de la destrucción de la URSS.
Y claro está, Raúl Castro, junto a su hermano, tuvo que ocuparse tanto de los problemas económicos, como del Estado. Raúl Castro comenzó a hacer reformas e introdujo algunos mecanismos de mercado en la economía de Cuba.
Ya hace cuatro meses que Raúl Castro dirige el país debido a la enfermedad de su hermano. Celebró la Cumbre de Países No Alineados.
La dirección del país es tan efectiva como al nivel de dirección de Fidel. Esto confirma la veracidad de aquellos que dicen que ¡el sucesor de Fidel sólo puede ser Raúl Castro!
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