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MOMO EN LA PLACITA

Así fue el público que todas las noches rodeaba con sus sillas y banquitos al tablado de La Paz y Justicia. Lo conocían como La Placita y aunque nunca fue un tablado alegórico con enormes muñecos igual por sus modestos tablones pasó la historia del viejo Carnaval. Veíamos subir a los integrantes del conjunto Los Chichipíos dirigidos por Leopoldo Figueroa junto a Gilberto Machado con un coro de veteranos de potentes voces. Por la mitad del viejo siglo, Los Charoles de Luis Alberto Carballo fueron finos humoristas de gran arraigo popular. Acompañados por dos guitarristas realizaban agudas críticas burlescas, siempre con la autoría de ese talentoso carnavalero que fue Carballo. A veces había en La Placita un contrapunto de humoristas y entonces después de Los Charoles subían Los Humoristas del Betún, que fueron una creación del gran «Loro» Ramón Collazo, apoyado por gente muy importante como Agustín Ferreyra. El Loro componía pegadizas tarantelas o sambas-candombes, como le gustaba decir, que tenían la virtud de al instante ser tarareadas por todos los vecinos. Había una categoría muy aplaudida que era parecida a los humoristas pero con menos integrantes y se denominó «conjuntos humoristas» o «conjuntos originales». La memoria popular recuerda el nombre de dos de ellos que tuvieron su auge en aquellos carnavales de La Paz y Justicia. Fueron «La Cocina entró en calor», que salía de La Comercial, y «Los Fantasmas se divierten», que nació en el corazón de la Villa de la Unión, en la antigua calle Sanguinetti. Se acompañaban de guitarras y en algunos carnavales también cantaron al ritmo de un alegre acordeón.

El legendario «Handá Ke Te Kure Lola» fue otro de esos conjuntos que con el binomio creativo de Mastrángelo en música y Jorge López en letras, se convirtió en protagonista del Carnaval de antaño. Ellos fueron los que popularizaron la frase: «El que no corre vuela…» y quedó para la historia.

Otro conjunto llamado «¿Quién le pegó al perro?» era otro de esos luchadores del antiguo Carnaval y lo dirigieron los populares Hugo Balle y Julio Silva, unos capos en el arte de la comicidad muy queridos en La Placita. Un concurrente habitual a ese tablado de La Placita era el amigazo y gran cantor de tangos Carlitos Roldán, que vivía en Gaboto y Miguelete. El género de los parodistas, gracias a talentos como el del moreno Armando Silva, fue cada vez más aceptado en aquellos escenarios del ayer montevideano. La máxima creación de aquel negrazo genial que fue Armando Silva se llamó «Los parodistas de chocolate». Salieron del corazón del barrio Sur y de ese sitio heredaron un ritmo característico que se notaba en el coro acompañado del tradicional acordeonista Roberto Ventura. Esos espectaculares parodistas de Chocolate por el año 1939 y 1940 sacaron dos veces seguidas el Premio Municipal y decía la gente que no se tiraron a sacarlo en 1941 porque sino por reglamento debían cambiarse el nombre y ellos no querían hacerlo. La llamada cariñosamente murguita de Don Timoteo de Bordalá y Correa, con el apoyo de Ruben Madera, era una habitué de los tibios febreros del tablado La Placita. Muy criticones, de voces potentes y arriba como todas las murgas de la Unión, esa querida Don Timoteo pisaba fuerte y metía pechera en todos los tablados. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.

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