Tocarse
La piel es la zona erógena por excelencia. Parece como si el cuerpo humano estuviese delimitado por un manto de sensualidad que se abre al mundo, ofreciendo unas vías de intercambio entre las posibilidades de dar con las posibilidades de recibir.
Las actitudes hacia el tocar o no tocar emergen desde las profundidades de las creencias, hábitos y costumbres arraigados en los pueblos. En los últimos años asistimos a una modificación de las tendencias generales, sobre todo entre los más jóvenes, mejor dispuestos a restablecer los contactos táctiles con los amigos, siempre que no conlleven un excesivo peso de ternura, aunque sí puedan llevarlo de sexo.
El amor y el sexo se deslindan con excesiva frecuencia. «Hacer el amor» queda reducido, a veces, a una fórmula para satisfacer una necesidad física. Sin embargo, amor y sexo son dos formas diferentes de comunicación; cuando se complementan, cuando confluyen en una misma consumación, dan lugar al contacto comunicativo más profundo que pueda darse entre dos seres humanos.
La piel, el órgano donde reside el tacto, no sólo se muestra oferente a los demás, sino que acoge su propio erotismo que nace y termina en la propia piel erotizada. El contacto del pecho, de los genitales o de la piel toda con las telas livianas, sedosas produce una excitación dulce que se desborda en presentimientos placenteros, etéreos, indefinibles y que convierten el caminar o el reposar en un estado perpetuamente lujurioso.
Lo mismo sucede cuando nos abandonamos voluptuosos a la orilla del mar y dejamos que el sol, como amante tierno, nos acaricie con sus rayos bronceadores y cálidos, mientras la brisa traspasa con dulzura nuestros más recónditos deseos, conformados en esas ondulaciones corporales contra los que se estrella estremecida, y las olas se rompen en mil gotas de placer. Las suaves dunas de la piel se abandonan al placer, que quisiéramos perpetuar, mientras el rumor incesante del mar nos hipnotiza con su cadencia.
Madison – larepublica.madison@gmail. com
Compartí tu opinión con toda la comunidad