Cantaclaro
La cuestión de si hay petróleo en el mar territorial uruguayo merecería una novela de Rómulo Gallegos, aquél que prefiguró a García Márquez. Pensándolo bien, quizás ya fue escrita y sea «Cantaclaro».
Desde el tiempo heroico e ingenuo del cura Améndola, en la década de 1950, al trabajo que durante años hizo la olvidada Comisión Nacional del Petróleo que presidió Raúl Irureta Goyena se acumularon aparentes pruebas afirmativas. A ellas habría que agregar las investigaciones que unas empresas contratadas por Ancap desarrollaron por tan lejanos años.
Jamás se pasó de ahí. ¿Lo que se obtuvo fue desechado? ¿Las carpetas con la información se perdieron en cajones de la burocracia? ¿U obraron algunos intereses de ésos que nunca faltan en estos casos? Quién sabe.
Hace poco más de un año, mientras le hacía un reportaje, el presidente de Ancap, futuro ministro de Industrias, mostró un inteligente escepticismo, sostenido por conocimientos técnicos indudables, acerca de que nuestro país tuviese posibilidades de hallar y extraer petróleo de su superficie, como se insistía antes, o de su mar territorial. Ahora, Daniel Martínez si es que yo entendí bien aquello y esto ha confirmado que, a su juicio «hay perspectivas muy interesantes» e informó que pronto habrá un llamado internacional a interesados en la prospección correspondiente.
Debe entenderse cuánto pesa en mi ánimo, al describir sucintamente tales hechos, que yo haya conocido al cura Améndola y a Irureta Goyena, haya leído sus documentos y también los de una compañía europea que trató de confirmar los datos que ellos habían sumado. Y téngase en cuenta lo que ocurrió después.
O, mejor dicho, lo que no ocurrió.
Ojalá el país haya encontrado la salida de este sinuoso, enmalezado y oscuro camino, de forma que un futuro promisorio se abra ante él. Y ojalá esta novela de tantas idas y venidas, de tantas dudas y contradicciones, llegue a su fin.
Y sea cantando claro de una vez.
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