Alzamientos
¿Será verdad que el que tiene trabajo, contrariamente al desempleado, practica más el sexo? Tal conclusión parece derivarse directamente de la afirmación contraria: dícese que quien sufre de desempleo, situación causante de depresión y baja autoestima, suele llevar a la cama el bajón anímico de la carencia laboral. Suena lógico.
De ser ciertas las cifras escandalosas, casi impúdicas, del actual crecimiento de la ocupación en Uruguay, con un inédito 5,4 % de desocupación masculina, cabe imaginarse el advenimiento de un equivalente, e igual de histórico, desenfreno sexual. Los proveedores de insumos y servicios estarán de parabienes, léase dueños de telos, vendedores de gomitas, de lubricantes, de lencería sexy, de juguetes para adultos, velas, inciensos, en fin, todo ese mundo de utilidades que se nutre del sexo ajeno, sin olvidar al rubro más trascendente, los ginecólogos. Porque igual que la plata llama a la plata y el trabajo llama al trabajo, el sexo llama a los bebés.
Todo lo antedicho sería incuestionable y, al mismo tiempo, motivo de celebración completa, si no fuera por una noticia que apareció en LA REPUBLICA hace pocos días. Se informaba allí que ciertos científicos (¿no tendrán otra cosa que hacer?) de algún remoto lugar, inventaron una forma de que las mujeres queden encinta (qué palabrita curiosa) sin participación masculina; ninguna, ni siquiera aportando su viscosa simiente para la inseminación in vitro o mecánica. De comprobarse, estaríamos frente a una categoría insospechada por el INE y el ministerio del laburo: el desempleo sexual masculino.
¿Será posible que todos los datos de trabajo en alza que envanecen a Bonomi, se vean frustrados en sus más placenteras y demográficas consecuencias, por obra de la frígida ciencia? ¡No ligamos una!
No habrá invento extravagante que distancie el crecimiento económico de la correspon- diente expansión erótica. Y que se vienen más niños, se vienen. Es una fija.
Madison – [email protected]
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